Los desastres vienen de a tres (Serie Lombardi 1) EXTRA #2
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EXTRA #2

—Más vale que no estén hablando en serio —dice con la mandíbula apretada. Antoni y yo compartimos una mirada.

—Estamos hablando en serio, papá —dice Antoni. La mirada de nuestro padre vuelve hacia mí. Ángelo permanece detrás, casi incrédulo por lo que ambos estamos diciendo.

—¿Lucca? —inquiere hacia mí —¿es verdad lo que Antoni dice?

—Es verdad —respondo con firmeza —no deseo ser el director de los casinos, tengo una familia y quiero estar con ellas, quiero cuidar de mis hijas, de mi esposa…

Casi puedo escuchar a Antoni reír, y lo miro por un corto tiempo.

—¿Te parece gracioso que quiera estar con mi familia? —inquiero con molestia.

—No, lo que me parece gracioso, es que las uses como…

—Basta —exige Paolo —no quiero una pelea ahora.

Echa el cuerpo hacia atrás, y entonces su mirada se desplaza hacia Ángelo.

—Afuera, Ángelo —exige.

—Él puede quedarse —intervengo —no tienes que echarlo.

Paolo me ignora, giro la silla en la que me encuentro para conseguir mirar a mi hermano. Él parece decepcionado, sin embargo, no protesta y solo se marcha. Cuando nuestro padre se asegura de que está lo suficientemente lejos, deja caer con fuerza su palma contra el escritorio.

—Sé lo que hacen…un movimiento para protegerlo, ¿no es cierto? —inquiere —renunciando a todo para que pase a manos de él.

—Ángelo es más capaz de lo que crees —interviene Antoni —deberías confiar más en él.

Paolo se ríe, sacude la cabeza mientras se incorpora.

—¿Confiar en él? ¿En un niño estúpido que casi nos arruina? —cierro las manos en puños, sintiendo las uñas clavarse en mis palmas.

—Ese niño estúpido también es tu hijo —me incorporo —y mi hermano, así que no vuelvas a referirte a él de esa manera, u olvidaré que eres mi padre.

Paolo sonríe, eleva el mentón y casi parece satisfecho.

—Ángelo no es merecedor de mi imperio —dice —así que, si este es una táctica para beneficiarlo, están desperdiciando su tiempo. No quieren ser herederos del imperio, bien…buscaré a alguien más.

—No lo harás —asegura Antoni —no soportarías que alguien que no sea un Lombardi dirija tu imperio. Y esto no tiene nada que ver con Ángelo, al menos, no de mi parte. Tengo mis propios negocios en los cuales quiero centrarme, no en tus casinos.

—¿Qué hay de ti, Lucca? Si no me equivoco, estuviste aquí casi suplicando porque acepte a tu hermano de nuevo en los casinos, ¿o no?

—Jenna me requiere más en casa, no quiero dejarla como tú dejaste a mamá —eso no lo esperaba —no quiero que mis hijas crezcan como nosotros, sin un padre. Mi familia es más importante.

Paolo suspira, está enojado. Es completamente visible que se está conteniendo.

—Fuera los dos de mi vista —exige —y dile a ese hermano tuyo que entre.

Aprieto la mandíbula, detestando la manera fría en la que se refiere a Ángelo.

—Se llama Ángelo, y también es tu hijo —espeto antes de darme la vuelta y salir de la oficina.

Ángelo está apoyado contra una de las paredes del pasillo, tan pronto nos ve salir, se acerca.

—Se volvieron locos —reclama —¿en serio…?

—Oh, hermanito, no actúes así —dice Antoni —papá quiere hablar contigo, entra.

—¿Él quiere…?

—¿Recuerdas lo que te dije? —inquiero y él asiente —demuéstraselo, es tu oportunidad.

Empujo su cuerpo hacia la oficina de nuestro padre, Ángelo nos mira sobre su hombro antes de abrir la puerta y entrar.

—Deja de comportarte como su padre —exige Antoni —o lo harás igual de detestable que tú, él merece ser mejor.

—Estás celoso de que me admire tanto, ¿o no?

—me burlo —tal vez si lo hubieses apoyado, tendrías más afecto de nuestro hermano.

Pero eres igual a todos, incapaz de ponerte de su lado.

Podrás detestarme, Antoni, pero yo solo cuido de mi hermano, porque no tiene a nadie más que lo haga.

Porque yo…hermanito…si renuncié al imperio que iba a ser mío por él.

No por él, renunciaste porque no soportarías que te odiara.

Vuelvo sobre mis pasos, deteniéndome justo detrás de la puerta de la oficina de mi padre. Soy capaz de escuchar las voces en el interior, tan claras…

—Papá, por favor —cierro los ojos cuando escucho el tono suplicante de Ángelo —puedo hacerlo, déjame hacerlo. Te prometo que no voy a decepcionarte…soy capaz…si me das la oportunidad…si me enseñas yo puedo…

—Estarás encargado del casino de Milán —dice Paolo con frialdad —no tengo tiempo de enseñarte, debiste haber aprendido. ¿O me equivoco?

No hay una respuesta.

—¿Me equivoco, Ángelo?

—¿Cómo se supone que debí de haber aprendido cuando no me dejas involucrarme? —inquiere — ¿Cómo cuando no me diste ninguna oportunidad? A ellos les enseñaste todo, a mi no. Aprendí por mí, aprendí solo…así que haré lo mismo, aprenderé lo necesario para hacerme cargo…soy lo único que te queda.

Hay un silencio largo, hasta que Paolo vuelve a hablar.

—Estarás a cargo del casino de Milán, pero si fallas…olvídate de ser un líder —amenaza —un solo error, Ángelo…y no volverás a pisar mis casinos. Ahora fuera.

Debería terminar ahí. Pero Ángelo habla otra vez.

—¿Sabes qué? Tal vez por eso ninguno de tus herederos quiso esto. Porque trabajar para ti no es un honor. Es una puta condena.

Escucho el sonido del golpe casi de inmediato.

—¡Fuera de mi vista, estúpido niño!

La puerta se abre de golpe.

Ángelo sale primero. Lo veo antes de que pueda esconderlo.

El labio inferior está partido. Una fina línea de sangre se desliza por la comisura de su boca y se pierde en su barbilla. Su respiración es irregular, como si estuviera conteniendo algo mucho más grande que el dolor.

Nuestros ojos se encuentran por un segundo.

Solo uno.

Y en ese instante entiendo algo que me atraviesa el pecho como un cuchillo.

Mi hermano pequeño ya no está ahí.

Cinco años después….

—Mira esto —dice Jenna mientras me muestra el artículo —de nuevo hablan sobre Ángelo.

Tomo la tableta y sonrío con satisfacción.

—Paolo debe de estar revolcándose en su tumba —me burlo —“Ángelo Lombardi ha creado un imperio mucho más fuerte y sólido, siendo considerado uno de los líderes más jóvenes dentro del mundo de los casinos, y por mucho, el mejor”

Un aire orgulloso me llena. Hace tres años que Paolo murió, pero hace cinco que Ángelo está a cargo, pocos meses después que nuestro padre decidirá ponerlo como director del casino de Milán.

Le tomó dos meses a Ángelo aprender todo lo relacionado con los casinos, aprendió a tomar decisiones, a moverse entre personas importantes. Sabía a quienes invitar, como hacer que las personas jugaran, y eso duplicó las ganancias del casino.

Paolo estaba impresionado, aunque nunca lo admitió.

—Parece que tu hermano está creando su propio imperio —dice Jenna mientras se acomoda el abrigo —la niñera llegará pronto, Anto estará con sus hermanas mientras tanto.