Los desastres vienen de a tres (Serie Lombardi 1) 45.- LA VIDA QUE MERECEMOS #3
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45.- LA VIDA QUE MERECEMOS #3

Me incorporo del asiento, caminando los escasos pasos que me separan de la cama. La fragilidad amenaza con adueñarse de mi sistema, pero me obligo a no permitirlo, no necesito eso, necesito estar fuerte para el momento en el que despierte, porque lo hará.

—Te echo de menos —susurro acariciando el costado de su rostro, las yemas de mis dedos trazan una línea invisible, siguiendo el contorno de su mandíbula, la barba comienza a hacerse un poco más notoria, y los moretones poco a poco comienzan a desaparecer.

—Las niñas también te extrañan.

Mi visión se nubla mientras tomo asiento a un costado, tomo su mano y dejo un apretón firme.

—Ellas te necesitan, yo…yo no puedo hacerme cargo sola. Te necesito a mi lado, sé que confiaste en mí para cuidarlas y lo hago, pero…pero te necesito. Vamos a casarnos, Ángelo, me pediste matrimonio y no puedes abandonarme justo después de pedirme ser tu esposa.

Me limpio las lágrimas, sintiéndome cansada de retener la fragilidad, de ocultar el dolor.

Porque me duele verlo así, me duele como nunca que el hombre que amo no despierte, no de señales de hacerlo.

—Te amo, Ángelo. Y tenemos toda una vida juntos para vivir, me dijiste que querías que viéramos crecer a los desastres, que ibas a luchar para tenerme en tu vida siempre, así que necesito que cumplas tu palabra, que me demuestres que realmente vas a quedarte a mi lado por siempre.

Sollozo, sintiendo algo rasgarme por dentro de una forma tan dolorosa que me quedo sin aliento.

—No te he dado el sí en el altar —hablo con voz rota—. No me has visto en un bonito vestido blanco, no hemos tenido nuestro baile de novios…hay tantas cosas que nos esperan, mi amor, así que, por favor, no me dejes.

Me inclino contra su cuerpo, cerrando los ojos con fuerza mientras sollozo, mientras suplico en silencio que él reaccione, que despierte y me mire de esa forma tan bonita como solo él es capaz.

—Por favor no me dejes.

Mueve la mano, o creo que lo hace.  Me incorporo, me tallo los ojos deshaciéndome de las lágrimas para conseguir mirarlo y algo en mí se alivia con tanta intensidad que sollozo.

—Nunca…—su voz sale ronca, un susurro débil pero audible— nunca…mía regina.

No abre los ojos, pero no es necesario, me incorporo eliminando la distancia y lo envuelvo en mis brazos.

—Volviste, despertaste —sollozo—. Volviste.

Emite un sonido parecido a una afirmación y arruga la frente, me obligo a apartarme de él para ir por el médico, me encuentro con la enfermera al abrir la puerta y con rapidez le digo que ha despertado.

En menos de un minuto los médicos han entrado, me obligan a apartarme mientras hacen los exámenes y luego, Antoni llega. La enfermera lo detiene cuando intenta acercarse a su hermano, y cuando me ve, la esperanza se adueña de su rostro.

—¿Despertó? —inquiere—. Daphne dime que despertó.

Asiento, reteniendo el sollozo y sonrío.

—Lo hizo, Antoni, lo hizo —mi voz brota inundada en emoción—. Despertó

Ninguno de los dos dice nada más después de eso, los médicos se apartan y cuando gira hacia nosotros, lo miramos con esperanza de que diga que todo va a estar bien.

—La inflamación del cerebro es ligera, tendrá que estar unos días bajo vigilancia médica, pero todo parece ir en orden. Probablemente esté un poco confundido, así que denle tiempo, no lo saturen de información.

—Gracias —un susurro emocionado brota de mis labios mientras avanzo hacia la cama, Ángelo aún permanece con el ceño fruncido y los labios apretados, como si estuviese tolerando una especie de dolor.

Extiendo la mano, soy consciente de como su frente se relaja, y abre los ojos con ligereza ante la caricia en su cabello.

—Mia regina…—su voz sigue siendo débil, pero es suya, es él, hablándome y llamándome de esa manera que amo tanto.

Coloco las manos a los costados de su rostro y sin dudar me inclino hacia adelante, nuestros labios se encuentran y el alivio que siento, es mucho mayor al que he experimentado jamás.  Porque no es un sueño, ha despertado y está aquí, conmigo.

—Sabía que despertarías —susurro con emoción—. Pero me asusté tanto.

—¿Cómo dejaría sola a mi futura esposa? —inquiere con los ojos apenas abiertos, toma una corta inhalación y me repito que está bien, que es normal que se encuentre en ese estado.

Antoni se acerca, parece tan aliviado como yo de comprobar que su hermano está despierto e intercambian unas cortas palabras, antes de que él diga que llamará a las niñas, dejándome sola en la habitación con Ángelo.

—Quiero verte en ese bonito vestido blanco —habla débilmente, pero esta vez consigue abrir los ojos un poco más—. Deseo tanto que me des el sí, y nunca…nunca voy a dejarte, mia regina.

—No vuelvas a irte —suplico.

—Jamás.

Me mira y toda la carga de preocupación desaparece, todo el miedo, la angustia, todo se esfuma en un chasquido cuando me deja ver el azul de sus ojos otra vez, acompañando su mirada de esa sonrisa ladeada que lo hace lucir tan apuesto.

En ese momento, sé que no se rindió, y que no se rendirá jamás.

Sé que volvió y todos esos planes a futuro, definitivamente van a hacerse realidad.