Los desastres vienen de a tres (Serie Lombardi 1) 38.- MIA REGINA
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38.- MIA REGINA

DAPHNE

Miro al chofer de Ángelo con cierta desconfianza.

—¿Realmente no sabe por qué quiere verme en los casinos? —inquiero.

—No lo sé, señorita —afirma con una leve sonrisa.

Ángelo había enviado a su chofer para recogerme después del trabajo. Y parece que planeaba que nos encontrásemos en el casino, sin embargo, no tengo ni la más remota idea del porqué.

Bajo la vista hacia mi vestimenta, ¿será presentable para acudir? El señor Bruno parece notar mis cuestionamientos internos, porque añade:

—Está perfecta, señorita —dice con una leve sonrisa—. No se preocupe, será solo una reunión, no una gala.

Me siento un poco más aliviada al escucharlo hablar, por lo que sabía, el señor Bruno había trabajado con Ángelo por largo tiempo, así que podía confiar en su palabra.

—¿Las niñas está bien con la niñera? —inquiero.

—Sí, parece ser que congeniaron bien, o al menos eso pude notar cuando volvían de la escuela —responde—. Puede estar tranquila, la señora Wilson cuidará de ellas si algo sucede.

—Sí, tiene razón.

Hace una semana que hemos encontrado una nueva niñera. Sally llegó casi como un milagro, es una chica encantadora que pareció adaptarse estupendamente a las niñas. Sin embargo, una parte de mí quería seguir pendiente de ellas tanto como pudiera.

No tengo tiempo de seguir pensando en mis desastres, porque de pronto nos detenemos frente a los impresionantes edificios del casino “Maximous”. Las letras doradas relucen desde la distancia, bajo del auto sintiéndome repentinamente observada.

Me aferro a la correa del bolso mientras camino hacia las inmensas puertas de cristal que se abren tan pronto me acerco.

—Tú debes de ser Daphne —una mujer relativamente joven se acerca a mí—. Soy Bianca, la encargada de logística, Ángelo te espera en la sala de juntas.

—¿En la sala de juntas? —inquiero.

—Sí, junto con todo el equipo.

Me tenso. ¿Equipo? No tengo mucho tiempo para preguntar, ella me guía hablando de algo que realmente no entiendo, así que me limito a seguirla por los pasillos que parecen más lujosos de lo que pensé, parece ser una parte especial, una en donde no pasamos la primera vez que estuve aquí.

O tal vez es que no le presté la suficiente atención.

Bianca, como recuerdo que la mujer se llama, abre una de las puertas ingresando una especie de clave, e ingresamos.

—Hola —Ángelo se acerca apenas me ve, se inclina con ligereza hacia mi cuerpo dejando un beso que me toma por sorpresa, y luego coloca la mano en mi espalda, para que ambos caminemos hacia uno de los extremos de la sala.

—¿Qué ocurre? —inquiero en un susurro —. ¿Por qué no me avisaste que habría más gente?

—No te preocupes —responde con una leve sonrisa—. Escuchen todos, ella es Daphne, la chica de la que les hablé.

Me siento cohibida por tanta atención, sonrío con incomodidad. ¿Qué rayos estaba pasando?

—Daphne será nuestro nuevo rostro —Bianca habla y casi me atraganto con mi propia saliva.

—En realidad…—Ángelo intenta hablar, pero lo interrumpo.

—Aguarden, ¿nuevo rostro? —giro hacia Ángelo—. ¿Qué es esto?

—Ángelo dijo que estarías feliz de ser el rostro de los casinos —dice con una sonrisa una chica más joven, quien mantiene una libreta entre sus manos—. Eres hermosa, y cumples perfectamente con el estereotipo de…

—Creo que hay una confusión aquí —la detengo—. Yo no voy a ser la imagen de ningún casino.

Un silencio se instala en la sala, la incomodidad en mi sistema es sustituida por el enojo, y en cuanto me giro hacia Ángelo, él lo nota.

—Ángelo, ¿podemos hablar en privado?

Repentinamente todas las personas que se encontraban con nosotros desaparecen con rapidez, pronto nos envuelve un incómodo silencio, cierro los ojos por un par de instantes, antes de atreverme a encarar al hombre frente a mí.

—¿Ahora sí puedes decirme que es todo eso? —sonríe avergonzado, se aparta con ligereza y toma una inhalación.

—Mia regina, puedo explicarlo.

ÁNGELO.

—No.

Retengo la maldición cuando Daphne da la respuesta.

—No voy a ser el rostro de un casino, ¿te has vuelto loco? —casi grita—. ¡Mi imagen aparecerá en todos lados!

—Y eso es justo lo que deseo —dice—. Daph, en realidad el casino cambiará de nombre, y el equipo de publicidad pensó que sería buena idea contratar a alguien que pudiera servir como la imagen principal del casino.

—Y pensaste en mí —dice cruzándose de brazos.

—Claramente. —suspira, se apoya contra una de las mesas y me mira.

—Has perdido la cabeza —niega levemente—.

No puedo ser la imagen de un casino, seguramente tienes a miles de modelos que pueden hacer el trabajo, yo no quiero serlo, no soy modelo, detesto las fotografías y no quiero aparecer con un vestido que muestre más de lo necesario, no creas que no sé cómo funciona la publicidad de un casino.

Sí, consideré todas esas variables tan pronto como el nombre de Daphne se adueñó de mi mente.

Pero no había nadie más a quien quisiera, quería hacer de los casinos algo nuestro, incluso el nombre hacía referencia a ella, a lo que teníamos, quería sentirlo mío, e involucrar a todos los que me importaban, es una manera de sentirlo como parte de mí.

—No habrá vestidos de ese estilo, lo juro —ella no parece convencida—. Daph, no te pediría esto si no fueses capaz. Eres hermosa, eres completamente maravillosa, mía regina.

—No tengo que ser la imagen, yo no…

—Quiero que lo seas —susurro acercándome a ella—. Realmente deseo que lo seas.

Vuelve a negar, apartándose y pasando las manos por su rostro. Se mantiene en un largo silencio que me inquieta, que me deja saber que probablemente me equivoqué con esto.

—Lo siento —ella me mira cuando vuelvo a hablar—. Debí consultarte primero antes de sugerir tu nombre. Lo siento, Daph.

No me da una respuesta, y comienzo a considerar que este hecho la haya molestado más de lo que sopesé.

—¿Cuál es el nombre? —inquiere de pronto—. Dijiste que el casino cambiaría de nombre, ¿Cuál será?

—En realidad, quiero que sea una sorpresa.

—Bueno, si voy a ser el rostro de tu casino, lo menos que merezco es saber el nombre.

—¿Aceptarás? —inquiero con ansias.

—Primero dime el nombre —intento protestar, pero ella eleva la mano—. Muéstrame el nombre, y puedo considerarlo.

A regañadientes, tomo el pequeño papel en el cual el ilustrador había hecho el nuevo diseño del nombre de los casinos, observo el papel por un corto tiempo antes de girarlo hacia ella. Tan pronto sus ojos captan lo que se encuentra escrito, algo en su mirada cambia.

—Ángelo…

Daphne levanta la vista y me mira con una intensidad que me desarma.

En sus ojos no veo solo a la mujer de la que estoy profundamente enamorado; veo a la mujer que entró en mi casa blindada y derribó cada muro, que abrazó a mis sobrinas cuando yo no sabía cómo hacerlo y que me sostuvo cuando descubrí que mi vida entera había sido una estafa.

—¿"Mia Regina"? —repite en un susurro, y una sonrisa radiante, de esas que me hacen sentir que todo el caos ha valido la pena, aparece en sus labios—. Vas a poner ese nombre en carteles gigantes, Ángelo.

Casinos “Mia Regina”

—Esa es la idea. Tu imagen iría bien, ¿no lo crees? —inquiero—. No deseo que nadie más sea la imagen de los casinos, no cuando su nombre está inspirado en ti.

Parpadea con rapidez y me acerco cuando noto que intenta deshacerse de sus lágrimas.

—¿Le pusiste a tus casinos…? —no termina la frase.

—Así es, mia regina.

Deja a un lado el papel y se acerca, sus brazos se envuelven alrededor de mi cuello y la sostengo de la cintura para sostenerla contra mí.

Había hablado con Antoni sobre mis planes, consulté con los asesores y socios, todos ellos parecían haber considerado que mi idea de “darle una nueva imagen” a los casinos, era necesaria.

Llevaban más de cincuenta años con la misma idea, el “imperio Maximous” había sobrevivido a generaciones, tal vez era momento de hacerle un cambio.

Ahora se trata de mi imperio, y quiero sentirlo como tal. Quiero sentirlo mío, sentirlo nuestro.

Daphne se aparta cuando parece haberse recompuesto, me observa en silencio por un par de instantes, y luego dice la respuesta esperada.

—¿Realmente te inspiraste en mí? —inquiere en un susurro—. ¿Tanto significo para ti?

Por Dios, ¿todavía se atrevía a dudarlo?

—Daph, significas más para mí que cualquier otra persona en el mundo.

Eres la mujer de mi vida, eres absolutamente todo lo que quiero en el mundo.

Te amo, lo hago de una manera en la que ni yo mismo sabía que era capaz de amar a alguien, llegaste para hacerme feliz, tan feliz como no lo había sido en mucho tiempo, así que lo único que quiero, lo único que deseo, es retribuirte la felicidad que me das.

—Ángelo…

—Quiero darte el mundo y el universo entero, quiero darte tanto como me sea posible. Quiero que seas la mujer más feliz de la galaxia —su mirada se cristaliza, pero el brillo sigue ahí, la emoción, el amor.

Coloca las manos a los costados de mi rostro, y solo me besa. No dice nada más, no hace nada más, solo me besa y con eso, con eso me deja saber que ella me ama con la misma intensidad.

Que Daphne Lennox, me quiere tanto como yo la quiero a ella.

Y este, este solo era el comienzo de una larga historia que tendríamos por delante, de eso no tenía ni una sola duda.

Al final, Daphne había aceptado ser la imagen de los casinos.

Tuvimos una pequeña y corta reunión para informarle sobre las cosas que se harían a partir de ahora, sobre las sesiones, y bajo su petición, llamamos a Jodi.

La chica se emocionó tanto cuando la llamamos, tanto que incluso se disculpó por haberme llamado idiota.

Volvemos a casa un poco más tarde de lo previsto, pero cuando lo hacemos, sorpresivamente no hay un desastre.

Sally, la niñera que recién había llegado esta mañana, se encuentra en la sala con Lía en brazos, mientras sostiene uno de los libros interactivos y Bella está a su costado, con su libro de colorear.

—¡Tío, Daphne! —corre hacia nosotros apenas nos ve ingresar.

—Hola desastre —saludo recibiéndola en brazos—. ¿Qué tal estuvo tu día?

—Bien —dice con una sonrisa—. Sally nos llevó al parque, e hizo malteadas de chocolate.

Dirijo la mirada hacia la chica, ella se acerca con Lía en brazos y nos sonríe.

—¿No te han dado dolor de cabeza? —inquiero.

—Para nada, señor Lombardi —responde—. Parece que nos entendemos.

—Me alegra escuchar eso—. Daphne toma a Lía en brazos, y Bella parece no querer apartarse, así que vamos con ellas hacia la habitación.

Mi sobrina habla sobre su nuevo recital, y sobre el papel principal que le han dado como Odette. Permanece un rato más con nosotros, antes de salirse diciendo que sus caricaturas van a comenzar. Lía permanece sobre el colchón, diciendo algunas palabras que apenas y consigo entender.

—Ha crecido demasiado —dice Daphne mientras le da el biberón—. Nunca había comprobado tanto que los bebés crecen con una rapidez sorprendente. Pronto dejará de ser una bebé y será una hermosa niña. ¿Has pensado en la cantidad de chicos que tus sobrinas tendrán?

—¿Qué?

—Son bellísimas. Y los chicos aparecerán, de hecho, creo que Anto ya sale con alguien—. Adopta un gesto como si no estuviese segura.

—Los chicos están prohibidos —respondo con firmeza—. Nada de novios.

Ella ríe, divertida ante mis palabras.

—¿Qué te parece tan gracioso? Hablo en serio.

—Cariño, los chicos van a ser inevitables —musita—. Y si tenemos hijas…

—Oh, por favor, no me atormentes antes de tiempo —me quejo—. No quiero pensar en los chicos de mis hijas no nacidas.

Una carcajada brota de ella, tan fuerte que Lía se sobresalta en sus brazos y solo eso consigue calmar un poco las risas de Daphne.

—Daphne, esto es serio, no te rías —insisto.

—De acuerdo, dejaré de atormentarte con los chicos —dice—. Pero porque no los mencionemos, no quiere decir que no existan.

Le dedico una mirada recelosa.  Se acomoda en el costado libre de la cama, acomoda a Lía en sus brazos y luego me mira.

—Ya tendré tiempo para preocuparme por chicos —aseguro acariciando el cabello de mi sobrina.

De pronto, caigo en cuenta de que Lía probablemente no recuerde a sus padres.

Los perdió siendo demasiado pequeñas, así que los recuerdos con ellos serán nulos.

Las fotografías y videos existen, pero no sus recuerdos.

Bella los recordaría, o eso quiero creer.

Antonella no olvidaría nunca a sus padres, pero Lía, ella apenas es una bebé, una bebé que perdió a sus padres demasiado pronto.

—¿Qué piensas? —la voz de Daphne me trae de vuelta.

—En que ella no va a recordarlos —susurro en un hilo de voz. Daphne entiende de manera inmediata lo que trato de decirle. Me observa por un par de instantes, y luego mira a Lía.

—No importa, porque te hablaremos de ellos, ¿verdad preciosa? Y nos tendrás a nosotros, y a tu tío quien se pondrá celoso cuando un chico aparezca.

Sonrío, mirándola con adoración, ¿Cómo puede ser tan perfecta?

—Y te querremos tanto, y a tus hermanas igual. No te faltará nada, nunca.

La mira por unos segundos, y luego Lía dice algo. Dice una palabra clara, y fuerte. Una palabra que me acelera el corazón.

En ese instante, Lía extiende la mano hasta tocar el rostro de Daphne y dice:

— Mamá .