36.- EL PASADO SE ESFUMA #3
El rostro de Hilary se descompone con algo parecido a ira, Antonella deja de mirarla para observarme, y entonces ahí está la valentía de mi desastre mayor. Esa fiereza de Lucca, esa valentía y crudeza, la manera en la que me mira me hace saber que aún la tengo de mi lado.
—Hilary Dorian no —la firmeza envuelve su voz y el juez parece desconcertado—. Dijo que tenía que mentir sobre mi tío, me dijo que, si no decía lo que ella quería, me separaría de mis hermanas. Me quitó mi celular, nos envió a Londres y no permitió que tuviésemos comunicación con mi tío.
—Eso es mentira su señoría —Hilary se incorpora—. Es una mentira, cielo, dile lo que me dijiste de tu tío… ¡cuéntale!
—Mi tío Ángelo es un hombre maravilloso. Cuida de Bella y a Lía muy bien, Nos quiere, mi hermanita adora sus cuentos antes de dormir y que vaya a sus presentaciones, nos quiere demasiado, tal vez incluso más que papá.
Sonrío, la visión se me nubla mientras intento mantenerme firme. Pero es imposible, porque me quiere, joder, ellas aún me quieren.
—Nunca grita, no nos ha levantado la mano ni una sola vez, desde que llegamos a su casa, él no ha hecho nada más que cuidarnos.
—Les contrató una niñera —dice el abogado de Hilary, como si ese fuese su último recurso.
—Sí, y se aseguró de que la que eligió, sea la mejor —su mirada viaja hacia Daphne—. Eligió a una que nos quiere, que cuida de mi hermanita como mamá lo hacía, que protege a Bella y tiene una paciencia del tamaño del cielo. A una que no solo es nuestra niñera, es nuestra amiga.
Volteo hacia Daphne, ella se limpia las lágrimas mientras sonríe.
—No importa que tan ocupado esté, mi tío siempre tiene tiempo para nosotras porque…— Toma una inhalación, conectando su mirada con la mía. —Porque somos una familia, ¿verdad tío?
Me tallo los ojos, intentando recomponerme tan rápido como me es posible.
—Así es —musito—. Somos una familia.
No hay más preguntas, no hay más cuestionamientos y le permiten marcharse luego de eso.
—Lo tenemos —dice Franco con seguridad—. Amigo, lo tenemos.
Y yo solo podía rogar, con todas mis fuerzas, que tuviera razón. Porque ahora que sabía que ellas querían estar conmigo, ahora que era consciente del daño que Hilary les haría, no voy a detenerme, incluso si tengo que vivir de juicio en juicio, no descansaré hasta asegurar que ellas vuelvan a casa.
A su casa, con su familia.
Lucharé por ellas, aún si en esta guerra, se va hasta mi último aliento.
Ha pasado cerca de una hora desde que el segundo receso fue dictado, y en unos diez minutos, debemos volver adentro. Al entrar, se dará la resolución. Sabré si las he recuperado, o si este es el comienzo de una incansable lucha legal de la cual no me dejaré.
Esperaba ver a Bella y a Anto al salir, pero parece ser que no será posible, Franco dijo que tal vez estarían con la trabajadora social, y según lo que dijo, Lía también estaba con ellas. Necesito verlas. Decirles que intenté visitarlas, que no me aparté, que no me di por vencido.
Los diez minutos parecen eternos, como si de pronto el tiempo decidiera detenerse en un punto, manteniéndonos en un mismo momento.
—Es hora —Daphne sonríe, dice un par de palabras y luego volvemos al interior de la gran sala.
Intento repetirme que debo estar tranquilo, que no tengo porque preocuparme. Que esta vez, todo va a salir bien para mí. El juez comienza a hablar, y me obligo a prestar atención a cada una de sus palabras, a cada una de sus conclusiones, obligándome a mantener la ansiedad por debajo del límite.
—Ha sido un proceso largo de evaluar —admite el juez—. Pero al final, el jurado y yo hemos llegado a una conclusión.
Mi espalda se pone rígida, cada músculo, cada fibra de mi cuerpo se tensa mientras me preparo para lo que sea que viene a continuación.
—Hemos leído las conclusiones de los terapeutas, y analizado cada prueba presentada —el juez fija la atención en los documentos, y luego al frente—.
Señor Lombardi, como se le mencionó con anterioridad, se realizó una investigación para asegurarnos de que las tres menores, estaban bajo el cuidado adecuado, agradecemos su cooperación con el proceso.
Vuelve la vista al frente, y se detiene por un par de segundos.
—Ante la falta de pruebas que establezcan al señor Lombardi como un riesgo para las menores, esta corte ha decidido que la tutela testamentaría debe ser respetada. Y se le otorga la custodia legal y física definitiva de las menores Lía, Bella y Antonella Lombardi.
Mi cuerpo se alivia, cada musculo tensado se relaja, me permito tomar una larga bocanada de aire que me dota del oxígeno suficiente como para reaccionar.
Para dejarme entender que las he recuperado.
—Señor Lombardi, la custodia y tutela de sus sobrinas, sigue siendo de usted —afirma el juez con una ligera sonrisa—. Ha demostrado ante este jurado lo mucho que ama a sus sobrinas, y no queda duda de que ellas le corresponden ese amor.
—Gracias, su señoría —respondo con la voz vibrando de emoción.
—Señora Dorian, debido a los sucesos presentados en esta corte, no se le quitarán las visitas que por derecho tiene a sus nietas, pero estas serán llevadas a cabo en la casa del señor Lombardi, no tiene permitido llevar a las niñas a ningún otro sitio, ahora, sin más…
—el sonido del martillo contra la madera se siente como una campanada final— se levanta la sesión.
—¡Tío! —el grito emocionado que viene del pasillo me hace voltear—. ¡Tío Ángelo!
Bella corre hacia mí, liberándose del agarre de la mujer que viene con ellas y simplemente corre. La recibo en brazos, esta vez no hay nadie que me impida sujetarla con firmeza, ni dejar innumerables besos contra su mejilla que la hacen reír.
—¡Tío! —elevo la mirada ante el enternecedor sonido que viene de Lía.
—¿A caso ha dicho…? —Antonella asiente, acercándose con el rostro iluminado.
—Puede que se lo haya repetido tantas veces que acabó por aprendérselo —admite en una risa—. Cumpliste tu promesa.
Cuando tomo a Lía en brazos, estrechándola contra mí, sé exactamente a lo que se refiere.
—Te dije que no sería para siempre —susurro—. Ven aquí, desastre mayor.
Su mirada se cristaliza mientras elimina la distancia, se abraza a mi cuerpo y pronto tengo a mis tres desastres contra mí, y me siento tan malditamente feliz, tanto como no lo he sido en mucho tiempo.
Cuando se apartan y volteo, miro a Daphne, no dudo en extender una mano hacia ella y la emoción de Bella se desborda de nuevo cuando la mira.
—Ahora, definitivamente somos una bonita familia feliz —susurro mirándola—. ¿no lo creen?
—¡Sí! —un grito unísono se deja oír, llenándome los oídos y haciéndome vibrar el pecho con emoción.
Y ahora, teniéndolas aquí, rodeándome y sonriendo de una manera mágica, lo sé.
Hay sacrificios que valen la pena, no importan los dolores pasados, las heridas ni cicatrices, ahora, lo que importa ahora, es que las tengo conmigo.
Es que tengo a mi familia, al fin, después de tanto, tengo una familia.
Una a la cual protegería con mi vida, con todos mis recursos, una que no dejaría que volviera a ser separada.
Ellas llegaron a mi vida de manera inesperada, llegaron como un torbellino de emociones, como una señal de que los desastres no siempre son únicos, solitarios, sino que, en algunas ocasiones, en situaciones tan peculiares… los desastres vienen de a tres.
A veces los desastres tienen nombres, porque una vez que llegan a tu vida, la marcan para siempre, y no hay manera de escapar.
Ahora, escuchándolas reír, escuchándolas ser tan felices, sé que ellas fueron lo que siempre deseé, mi anhelo fue concedido desde hace meses, pero yo apenas y comenzaba a darme cuenta.
Apenas y comenzaba a darme cuenta de que esas tres niñas que adoro, y la mujer a su lado a la que amo tanto, me han cambiado la vida, en formas que ni yo mismo soy capaz de explicar.