7 ANHELOS #3
Asiente, me observa por un par de instantes antes de darse la vuelta y salir del estudio.
Cuando me quedo solo, la frustración me envuelve.
No consigo entender porque ahora todo parece tan complicado.
Porque las cosas que antes estaba seguro de querer, ahora mismo se desmoronaban a mis pies.
Me niego a creer que mis sobrinas tengan tanto efecto como para conseguir eso.
Ellas son punto y aparte de la ecuación, yo no soy su padre, no pretendo ocupar el lugar de Lucca, pero tenerlas en casa ha despertado ciertos sueños dormidos.
Isabella tenía razón, tenerlas en casa estaba haciendo conmigo aquello de lo que tanto huía. Y no sé si realmente esté preparado para ser esa persona otra vez.
DAPHNE
Nunca pude imaginar que el imponente Ángelo Lombardi pudiera ser tan adorable con sus sobrinas. En el tiempo que llevaba trabajando con él, no lo había visto tan cercano a ellas. Siempre tenía algo que hacer, una junta a la cual ir, un trato que cerrar.
Pero ahora, parecía alguien distinto corriendo detrás de Bella, sonriendo y causando carcajadas fuertes en su sobrina.
—Creí que nunca se divertía —Antonella se coloca a mi costado—. Parece ser alguien que nunca se toma un momento para divertirse.
—Sí, opinamos igual —admito—. Pero no le digas que lo he dicho.
Antonella sonríe, toma una cucharada del helado y luego vuelve la atención a su tío.
—Creí que papá mentía al describir al tío Ángelo, pero creo que no estaba equivocado.
—No lo conozco lo suficiente, pero puedo decir que parece una buena persona, y se preocupa por ustedes. Lo hace en serio.
—¿Tú crees que nos quiera? —pregunta de repente. Acomodo a Lía sobre mi regazo, entregandole el pequeño oso de felpa que emite un tintineo al moverse.
—Definitivamente, de lo contrario, no haría todo lo que hace. —Antonella no parece convencida, así que continúo—. Anto, no todas las personas podemos demostrar el afecto de la misma manera, para algunas es sencillo, para otras toma mucho esfuerzo poder decir algo.
—¿Mi tío pertenece a los segundos?
Sonrío levemente.
—No lo conozco lo suficiente como para poder catalogarlo en algún grupo, pero creo que tiene formas peculiares de demostrar afecto. No lo presiones, está adaptándose.
Vuelve a tomar una chucharada del helado, luego mira a su tío y esta vez, una ligera sonrisa aparece.
—Me agrada que tu cuides de mis hermanas. Eres buena.
—Gracias, es importante para mí saber que cuento con la aprobación de la hermana mayor —le aseguro con una sonrisa—. Hago mi mayor esfuerzo.
Cuando está por responder, Ángelo se acerca.
—Es hora de volver —afirma mirando a Bella—. Creo que hemos pasado demasiado tiempo fuera.
Ninguna pone objeción y eso es un milagro, recogemos las cosas y acomodo a Lía en el asiento para bebés, luego a Bella en su asiento y tras colocarle el cinturón, tomo el mío.
—Asegúrate de que todas tomen su baño a la hora.
—Por todas se refiere a mis hermanas —aclara Antonella.
—No intentes ser graciosa, que aún estás castigada y puedo aumentarlo —habla Ángelo con la mirada fija en la carretera.
¿Por qué los hombres son tan apuestos conduciendo? La manera en la que sus dedos se envuelven alrededor del volante resulta demasiado atractiva, tanto que tengo que apartar la mirada para no ponerme en evidencia.
En mi pequeño rato admirando a Ángelo conducir, han entrado en una dicusión sobre el castigo que tiene Antonella, ella replica que ha sido suficiente pero él opina que en realidad es lo mínimo. Y la discusión dura hasta que llegamos a casa.
El sol comienza a ocultarse así que realizo la indicación que Ángelo me dio en el auto, asegurarme que todas tomen un baño y luego de dormir a Lía, me concentro en ayudar a Bella con los deberes.
Ha pasado cerca de una hora, cuando el timbre resuena por la casa. La señora Wilson ha salido, y me encuentro en la sala con Bella así que no veo problema en levantarme y caminar hacia la puerta.
Un hombre vestido con traje aparece tan pronto como abro la lujosa puerta de metal.
—¿Domicilio del señor Ángelo Lombardi? —inquiere.
—Así es. ¿En que puedo ayudarle?
Extiende un sobre hacia mí.
—Tiene un citatorio para la semana entrante en el juzgado familiar —dice—. Asunto de custodia.
—¿Relacionado con sus sobrinas?
—No tengo esa información. Mi deber solo es notificar —se despide antes de que pueda preguntar algo más. Cierro la puerta antes de darle la espalda y miro el sobre.
No debería leer el reverso, solo debería entregarlo pero la curiosidad puede más. El nombre de Ángelo se lee en el pequeño espacio trasparente, tal vez si era relacionado con las niñas. De un segundo a otro, alguien me arrebata el sobre de las manos.
—¿Qué crees que haces? —espeta con molestia.
—Solo lo recibí —me defiendo—. Yo...
—Si te entregan un maldito sobre, lo único que debes de hacer es entregarmelo ¿Qué fue lo que te dijeron al entregartelo?
—Que tienes un citatorio en el juzgado, por un asunto de custodia.
El rasga el sobre ahí mismo, toma el papel dentro y de un segundo a otro, la ira consume su semblante. Suelta una palabrota arrugando el papel entre sus manos.
—Ni una palabra de esto a nadie —advierte—. O voy a despedirte.
Me da la espalda tan rápido que no se como reaccionar. pp¿Qué carajos acaba de ocurrir?