Los crímenes del Estanque Azul (Inspectora Lesley Clarke 7) Capítulo 80
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Capítulo 80

CAPÍTULO OCHENTA

—¿Hay algún lugar privado donde pueda hacer una llamada? —le preguntó Lesley a Gail. Tenía una hoja impresa en la mano. Eran los resultados del análisis de ADN que Gail había realizado en la sangre y la piel del coche de Dennis.

—En la sala de reuniones, justo por ahí —señaló Gail.

El teléfono de Lesley vibró: un mensaje. Lo revisó mientras cerraba la puerta de la sala de reuniones tras de sí.

He estado vigilando la casa de los Kelvin. Kyle Kelvin ha vuelto hoy a las 9:43 en taxi. Mis disculpas por haberlo dejado marchar. Agente Truscott.

Lesley se resistió a besar su teléfono.

«Agente Truscott, te has redimido».

Se alisó la falda con las manos y luego repasó mentalmente todo lo que tenían.

El ADN. La foto de Kyle y Amanda. Las cámaras de seguridad.

La declaración de una testigo presencial que vio a los tres reunidos.

Y las imágenes del coche de Kyle acercándose a Sandbanks.

Encontrarían más, estaba segura. Habría preferido que tuvieran pruebas de que los Kelvin habían estado más cerca del Estanque Azul y de que Kyle se había reunido con Amanda en Sandbanks.

Pero aquello era suficiente. Era suficiente para saber que tenían que poner a Kyle Kelvin bajo custodia. Y era suficiente para una orden judicial.

Buscó el número de Carpenter en su pantalla.

Vaciló.

Cuantos más tratos tenía con ese hombre, menos confiaba en él.

Se desplazó por sus contactos y marcó.

—Comisario jefe Price, ¿quién llama?

—Señor, soy la inspectora Clarke.

—Lesley. ¿Por qué me llama a mí?

—He intentado localizar al superintendente Carpenter y no está disponible, señor. —Ella cerró los ojos—. Es urgente.

—Muy bien. ¿Qué es lo que necesita de mí?

—Tengo pruebas suficientes para efectuar una detención por los asesinatos de Kelvin y Frobisher.

—¿De verdad?

—Sí. —Repasó la lista—. ¿Necesita que envíe algo a su oficina, señor?

—Conozco su trayectoria, inspectora Clarke. Me inclino a confiar en su criterio.

—Se lo agradezco, señor.

—Solo que se trata de gente importante. ¿Está absolutamente segura de que esto no se volverá en nuestra contra?

—Lo estoy, señor.

—Y es consciente de que va a causar fricciones con otras unidades. Potencialmente con otros cuerpos policiales.

—Espero que el hecho de que vayamos a efectuar una detención y a sacar a un hombre peligroso de las calles prevalezca sobre eso .

—De nuevo, me inclino a estar de acuerdo. —Inspiró profundamente—. Muy bien. ¿Está usted allí ahora?

—No, señor.

—Bien. Eso me da tiempo para hacer algunas llamadas. Pero tendrá la orden judicial. No obstante, infórmele a su superintendente tan pronto como sea posible, ¿de acuerdo?

—Lo haré, señor —dijo Lesley al tiempo que cruzaba los dedos.