Capítulo 43
CAPÍTULO CUARENTA Y TRES
—Por fin —dijo Lesley cuando vio que la furgoneta de la científica se detenía frente a la casa—. Creía que no llegaríais nunca.
—He venido en cuanto me he enterado —respondió Gavin. Caminó hacia la parte trasera de la furgoneta y empezó a descargar el equipo—. A ver, ¿dónde está la escena primaria?
—En uno de los cuartos de baño. Supongo que es el del dormitorio principal, pero podría haber sido otro.
—¿No habéis encontrado nada en ninguno? —Cerró de un portazo las puertas de la furgoneta.
—Entra y huele. Apesta a lejía.
—El truco más viejo del mundo —dijo Gavin riendo—. No te preocupes, un poco de cloro no nos impedirá encontrar rastros. —Palmeó el maletín que llevaba en la mano.
—Bien. —Lo siguió al interior de la casa—. ¿Cuánto tardarás en obtener las muestras iniciales de la bañera?
—Media hora. Quizá una hora. Depende de si tengo suerte y elijo el baño correcto a la primera. Tengo que esperar a las reacciones, pero puedo procesarlas todas a la vez .
Lesley miró hacia fuera.
Empezaba a llover; las gotas oscurecían las mangas de su chaqueta.
No servía de nada quedarse allí de brazos cruzados. Dennis estaba tratando de localizar a Kyle Kelvin, pero ¿dónde leches estaba Vera? Y...
Recordó algo. Los niños. Bailey y Josie.
Rememoró la conversación con Amanda del día anterior. Finn y Lottie, había dicho. Los hijos de Darren.
Entonces, ¿de quién eran esos niños?
Necesitaba a Tina. Tina habría llegado al fondo de esto hacía horas. Habría elaborado una lista completa de todos los miembros de la familia Kelvin, con sus relaciones, antecedentes penales y paradero actual. Y hasta lo que habían desayunado, conociendo a Tina.
Hablaría con el equipo. Averiguaría quién estaba disponible y quién podía recopilar información.
Regresó al despacho de Kelvin, sacó su teléfono y empezó a marcar.
Cinco minutos después, tenía a todo el equipo en una llamada de conferencia. A todos excepto a Dennis, que seguía sin responder.
«Dennis, ¿dónde estás?».
A este paso tendría que llamar a los uniformados para comprobar que no se había metido en ningún lío.
—A ver —comenzó Lesley—, espero no interrumpiros. Pero hemos logrado una serie de avances y quería asegurarme de que estamos al día.
—Se agradece, jefa —dijo el subinspector Varney—. ¿Hay alguna razón por la que el sargento Frampton no esté en esta llamada?
—Está ocupado localizando a alguien con quien queremos hablar. Kyle Kelvin, el sobrino de Arthur.
—Pensaba que estaba en Devon.
—Ya no. Estaba en casa de Kelvin esta mañana, pero... se ha ido.
—¿Por qué quiere hablar con él? —preguntó la subinspectora Young.
—A ver. —Lesley apretó el teléfono—. Esto ya es bastante confuso con seis personas en una llamada. Callaos todos mientras os cuento lo que sabemos.
Silencio.
«Gracias a Dios».
—Entonces —dijo—, Amanda Frobisher ha muerto esta mañana.
Se encuentra en el depósito de Poole, según me han dicho.
Su suegra dice que ha sido un suicidio, pero yo no me lo trago.
Tenemos que tratar su muerte como sospechosa.
Estoy en la casa de los Kelvin, donde murió, y tengo a la científica aquí mismo buscando pruebas.
—Muñecas cortadas. Habrá sangre por todas partes —dijo Mike.
—¿Qué acabo de decir? —preguntó Lesley.
—Perdón.
—No hay sangre, pero hay muchísima lejía.
También había dos niños cuando llegué. Kyle se los ha llevado.
La cuestión es que no son los hijos de Darren, como pensábamos.
Estuvieron aquí ayer, si es que son las mismas voces que oí.
Mi teoría es que deben de ser los hijos de Kyle. —Vaciló—. ¿Tiene hijos?
Silencio.
—¿Alguien?
—Puedo investigarlo —dijo la subinspectora Young.
—Gracias. Si los hijos de Kyle estuvieron aquí ayer, mintió sobre su hora de llegada a la casa. Y podría haber estado en el condado cuando Arthur murió.
—Lo investigaré en cuanto colguemos —dijo Young.
—Gracias. Katie, ¿verdad?
—Sí, señora... digo, jefa .
—Llámame en cuanto lo confirmes.
—Con todos los respetos, jefa —dijo Varney—, que los hijos de Kyle estuvieran aquí no significa que él lo estuviera.
—Katie. —Lesley ignoró la interrupción—. Averigua si hay una madre de por medio. Y si es así, dónde está. Quiero todo lo que puedas descubrir sobre los hijos de Kyle, y también sobre los de Darren.
—Hecho.
—Bien.
¿Por dónde iba?
Tomó aire.
—También tenemos otras pruebas forenses del Estanque Azul. Huellas de neumáticos, una huella de bota y un cucurucho de patatas fritas.
Esperó a que alguien preguntara qué era un cucurucho de patatas fritas.
—Es un envase en forma de cono que usan para servir patatas fritas —dijo, al notar que nadie hablaba.
—Eso ya lo sabemos, jefa —dijo Stanley—. Los usan en el Chipperies.
—¿Qué es esto, un maldito anuncio del Chipperies? —espetó Lesley—. Digo yo que habrá más de una freiduría que sirva cucuruchos, ¿no?
—La única cercana que yo sepa —dijo Mike—. ¿Crees que tiene importancia?
—Podría no ser nada, pero los de la científica lo están analizando.
—Ahí es donde estoy yo —dijo Stanley—. También han confirmado que el cuchillo que encontramos coincide con las heridas de Kelvin.
—Bien. Mike y Meera, ¿cómo vais con eso?
—Nos ha costado un poco —dijo Mike—, pero hemos conseguido determinar el ángulo de entrada. El asesino debía de estar de pie detrás de Kelvin y ligeramente a la izquierda.
—Y probablemente sea zurdo —añadió Meera.
—Mucha gente lo es —le soltó Lesley.
—Sí. —Parecía escarmentada.
—Pero habéis hecho un buen trabajo, los dos. Habíamos pensado que la herida fue causada por un atacante diestro, así que esto ayuda mucho. Entonces, ¿creéis que ambos estaban de pie cuando se infligió la herida?
—He hablado con el patólogo —dijo Mike—. Al parecer, si hubiera estado tumbado, habría perdido menos sangre, debido a que su corazón estaría al nivel de la herida.
—Pero la herida está en el abdomen. No está lejos del corazón.
—Hay diferencia suficiente —respondió Mike—. Por lo visto.
—Vale. Así que el asesino estaba de pie, detrás de Kelvin y a la izquierda, y era zurdo o zurda. Lo que significa que lo pillaron por sorpresa.
—Los crímenes domésticos suelen ser cara a cara —dijo Meera—. Sobre todo cuando los cometen mujeres. Esos casi siempre son fruto de un impulso. Ella agarra un cuchillo y se lo clava.
—Menos melodrama —dijo Lesley—. Nada de eso descarta que Amanda Frobisher contratara a otro para que le hiciera el trabajo sucio.
—Pero a ella también la han matado —señaló Young.
—No tiene por qué haber sido la misma persona —dijo Lesley—. Podría ser por venganza. Si los sobrinos de Kelvin creían que Amanda mató al jefe de la familia, quizás querían quitársela de en medio.
Deseó que Dennis estuviera allí. Él tendría más hipótesis. Más conocimiento sobre los Kelvin y cómo funcionaban.
«Dennis, ¿dónde leches estás?».
—Muy bien —dijo—. Tenemos que averiguar dónde estaba Kelvin cuando lo apuñalaron. Investiguemos sus movimientos, hacia atrás desde el día en que murió. Todo lo que podamos sacar de las cámaras de seguridad, sus abogados, sus socios comerciales. Quiero saber cuándo desapareció.
—El patólogo dijo que no llevaba muerto más de veinticuatro horas —dijo Mike.
—Lo cual significa que seguramente lo asesinaron el sábado por la noche. Entonces, ¿por qué no se le echó de menos el domingo?
«Su viuda», pensó Lesley. Aunque se estuvieran separando, Amanda habría notado su ausencia. Pero ya era demasiado tarde para hablar con ella.
—Voy a ver a la madre de Kelvin —dijo—. Ella vive aquí. Lo habrá sabido.
—Buena suerte con esa —dijo Varney.
Lesley recordó la conversación en el depósito. Si tenía que leerle sus derechos a Vera Kelvin y llevarla a comisaría, lo haría. Tenía que haber una manera.
—Gracias, Will. ¿Has podido hablar con alguno de tus colegas sobre los negocios de Kelvin?
—Sí —respondió Varney—. Liquidó cinco negocios la semana antes de su muerte.
—¿Eso es normal? Era el tipo de hombre que abría y cerraba negocios todo el tiempo, ¿no?
—Son todos del mismo tipo de negocio. Salones de manicura.
—Empresas pantalla clásicas para el blanqueo de dinero —dijo Stanley.
Lesley asintió. Se reclinó en la silla de Kelvin, estirando el cuello. Si alguien le hubiera dicho hace tres días que estaría sentada aquí, en la silla de Arthur Kelvin, contemplando las vistas que el hombre tenía del puerto y hablando con su equipo sobre su asesinato, lo habría tachado de loco.
—Vale —continuó—. ¿Tenía otros salones de manicura?
—También abrió tres más la semana pasada.
—Rotación —musitó—. De acuerdo, Will. A ver qué puedes averiguar sobre esos negocios, por favor. Tengo que hacer una llamada.
—Jefa. —Era Stanley.
—¿Sí, Stanley?
—He tenido una idea.
—Adelante.
—¿Hay cámaras de seguridad cerca del ferry?
—Imagino que sí. ¿Por qué?
—Es solo que, dada la ubicación de la casa de Kelvin, si salía, había muchas probabilidades de que pasara por delante del ferry. Incluso para volver a tierra firme hay que dar la vuelta por las calles de sentido único.
Lesley intentó visualizar la carretera que llevaba a la rampa del ferry. Allí había un hotel y varios negocios. Tenía que haber cámaras.
—Muy buena idea, Stanley.
—Excepto si atajó por Brownsea Road —dijo Meera.
—¿Perdón? —preguntó Lesley.
—Hay carreteras que atraviesan el centro de la península. Alguien que supiera lo que hacía y no quisiera ser visto por las cámaras podría ir por ahí.
—Pero son todo mansiones —dijo Stanley— o pisos de lujo. También tendrán cámaras.
Lesley no estaba segura de que los residentes de Sandbanks fueran a estar muy dispuestos a entregar las grabaciones de sus cámaras. Pero valía la pena intentarlo.
—Gracias, Stanley. Quiero que te quedes con Gail, a ver cómo les va con las nuevas pruebas. Mike y Meera, encargaos de las cámaras. Hablad con el ayuntamiento, ved si hay cámaras públicas. Y con el Hotel Haven y los propietarios de por allí.
—Entendido —dijo Mike .
—Bien. Reunión al final del día. Todos de vuelta a la base a las seis de la tarde, ¿entendido?
Murmullos de asentimiento.
—Gracias, equipo.
Lesley finalizó la multiconferencia y dejó el teléfono sobre el escritorio.