Capítulo 95
CAPÍTULO NOVENTA Y CINCO
—Lesley, entiendes que la relación de una abogada con su cliente es confidencial, ¿verdad? No puedo revelar información de un cliente, sin importar de qué tipo de investigación se trate.
Lesley estaba de pie fuera del coche, que seguía aparcado en la parada del autobús. Un camión pasó junto a ellos por el estrecho hueco mientras el conductor le gritaba y un autobús se acercaba.
Apoyó la palma de la mano en el techo del coche, apretando los dientes.
—Lo sé, Elsa, pero ya no eres su abogada. Dejaste el caso a propósito porque son gente peligrosa. Y ahora tienen a un agente de policía. Me preocupa que lo maten porque tiene información sobre el caso de asesinato.
—Lesley —dijo Elsa, con la voz tensa—. No puedo decírtelo. No se trata solo del secreto profesional. ¿Qué pasará si descubren que he filtrado esa información? ¿Qué pasará si te llevan hasta Davison y consigues culpar de los asesinatos de Fogarty y Lawson a mis antiguos clientes?
Lesley arrastró las yemas de los dedos por el techo del coche.
—Elsa, ¿quieres que muera un hombre? ¿Quieres que los asesinatos de tus antiguos colegas queden impunes?
—No eran mis colegas. Y, de todas formas, cualquier prueba que obtengas de mí estará viciada. ¿La antigua abogada del acusado, que tiene una relación con la inspectora de la investigación, proporcionando pruebas a la fiscalía? Si yo defendiera a Kelvin, me daría un festín con eso.
—Venga, Elsa.
Hubo una pausa.
—Lo entiendo, cariño —dijo Elsa—. Pero sabes que no puedo revelar información de un cliente. Simplemente, no está permitido.
—Permitido, mis narices —dijo Lesley—. Esto es una cuestión de vida o muerte. Sabes que hay excepciones.
Silencio.
—¿Elsa?
Ninguna respuesta.
—Elsa, por favor. Solo necesito una dirección. Con tiempo suficiente, podría encontrarla yo misma, pero no tengo tiempo.
Lesley se dio la vuelta y vio que el conductor del autobús le hacía gestos.
—Mierda. —Golpeó la ventanilla de Dennis y le indicó que se deslizara por los asientos.
Dennis así lo hizo, miró por el retrovisor y arrancó en cuanto ella se hubo sentado en el asiento del copiloto, todavía con el móvil pegado a la oreja.
—Cariño —dijo—. Sé que llevabas tiempo intentando alejarte de ellos. Sé que quieres protegerte. Me aseguraré de que nadie sepa de dónde he sacado esta información. —Miró a Dennis, que asintió.
—¿Con quién de tu equipo has hablado de esto? —preguntó Elsa.
—Con Dennis y Tina.
—¿Y puedo fiarme de ellos?
—Confiaría mi vida a esas personas. —Lesley se pasó una mano por el pelo—. Todo irá bien, Elsa. Si podemos culpar a Kelvin y a Leonard de estos asesinatos, no correrás peligro.
Se oyó un resoplido al otro lado de la línea.
—Sabes que las cosas no funcionan así.
Lesley tragó saliva.
—Si no encontramos a Christian Davison, va a morir. Igual que Fogarty y Lawson.
Elsa suspiró y Lesley esperó con paciencia.
—Vale —dijo Elsa—. Hay un polígono industrial en Nuffield. Tiene una nave allí.