Capítulo 88
CAPÍTULO OCHENTA Y OCHO
Lesley colgó, con los nervios a flor de piel. Se volvió hacia Dennis.
—Tina va a tardar un poco en revisar esos vídeos.
—¿Por qué?
—Parece que se ha tomado la libertad de ir a investigar la casa donde el equipo de Christian Davison hizo la redada antidroga la semana pasada.
A Dennis se le desencajó la mandíbula.
—¿Qué ha hecho qué?
Lesley apretó los dientes.
—No te enfades con ella, Dennis. Es un miembro del equipo sin experiencia, solo quería ayudar.
Dennis negó con la cabeza.
—Por favor, no me digas que fue sola.
Lesley asintió.
El rostro de Dennis enrojeció.
—Bueno —dijo Lesley—, ahora no tenemos tiempo para eso. Yo también estoy molesta con ella, pero solo tenía ganas de ayudar.
—Una cosa es tener ganas y otra ser idiota.
—Mira —dijo ella—, el tal Darren Kelvin ese, ¿cómo es? Cuéntame todo lo que sepas de él.
Todavía estaban en el dormitorio de Christian Davison. Un agente de la científica que no reconoció entró e hizo un gesto a Gail, que se levantó y lo siguió fuera, con un gesto de disculpa hacia Lesley.
—Salgamos —sugirió Dennis.
Lesley lo siguió escaleras abajo. Gail estaba en el salón; Lesley la saludó con un gesto de la cabeza al pasar y luego salió tras Dennis.
Dennis no dejó de andar hasta que llegó al coche de ella. Se volvió hacia Lesley y le indicó con un gesto que abriera la puerta. Ella lo hizo y se deslizó en el asiento del conductor. Dennis entró en el del copiloto.
—¿A qué viene tanto misterio? —preguntó ella.
Dennis negó con la cabeza.
—Cuando se trata de los Kelvin, cuanta menos gente haya implicada, mejor. Ya sabes lo sumamente desagradables que son.
Lesley sonrió.
—¿Sumamente desagradables? ¿Es esa la descripción más fuerte que tienes para ellos?
Dennis la miró.
—Usar tacos no lo hace más contundente, inspectora. Son gente despreciable, peligrosa. Si uno de los Kelvin se ha llevado a Christian Davison, entonces corre peligro.
—Eso ya lo sabemos.
—Solo podemos suponer que los Kelvin estuvieron implicados en el asesinato de Fogarty y Lawson —dijo él—. Se han llevado a Davison porque lo sabe.
Lesley se reclinó y miró por el parabrisas del coche.
—Davison trabajaba para ellos —dijo—. O les dio su pistola o hizo el trabajo por ellos.
Dennis se frotó los muslos de arriba abajo, apretando con fuerza.
—¿Qué haría que un agente en servicio hiciera eso?
—Eso no es lo que importa ahora mismo. Tenemos que encontrarlo, luego ya nos preocuparemos del motivo.
—Sabrán que los estamos buscando.
Lesley lo miró.
—No saben lo de las cámaras de seguridad.
Dennis negó con la cabeza.
—Se plantaron delante de su puerta a plena luz del día, sin disfraz. ¿Qué clase de confianza deben de tener para hacer eso?
—La confianza es una cosa; la imprudencia, otra. Ahora sabemos que están implicados en lo de Fogarty y Lawson. Una vez que encontremos a Davison…
—Sin una declaración suya, no tenemos nada.
Lesley lo miró. Tenía la boca seca.
—Tenemos que encontrarlo.
—Así es, inspectora. Y no solo porque necesitemos su testimonio.
Lesley apretó los dientes y asintió.
—Entonces, ¿dónde estará? —preguntó—. ¿Adónde podrían habérselo llevado los Kelvin?
—No lo sé, inspectora. Necesitamos acceder al sistema. Averiguar todo lo que podamos sobre las actividades de Darren Kelvin. Lugares que ha utilizado, locales comerciales que él o su familia poseen.
—Es una lista larga.
—Tenemos que intentarlo —dijo Dennis—. Podrían haberse llevado a Davison a uno de ellos.
—Tienes razón. —Cogió el móvil y llamó a Mike.
—Mike, ¿sigues con los agentes autorizados?
—Sí, inspectora.
—Tina no puede acceder al sistema ahora mismo, pero necesitamos entrar en HOLMES urgentemente. ¿Puedes hacerlo tú desde la base de los agentes autorizados?
—En principio sí… si la sargento Weathers nos deja.
—¿Hay algún problema? —Lesley miró a Dennis, que se encogió de hombros.
—Lo siento, inspectora —dijo Mike—, pero está poniendo ciertos impedimentos. Christian Davison se ausentó sin permiso en una operación la semana pasada y a ella le preocupa meterse en un lío por ello. No quiere hablar con nosotros.
—Dile que la vida de Christian Davison está en peligro. Tenemos que encontrarlo o podría morir.
—¿Qué está pasando, inspectora? —preguntó Mike.
—Lo tienen los Kelvin —dijo ella—. El sobrino de Arthur Kelvin fue a su casa haciéndose pasar por un agente de policía y se lo llevó.
—Mierda.
—Exacto.
—Se lo diré a Stanley. Puede que su amiga Donna nos deje entrar.
—Haz lo que tengas que hacer, Mike.