Capítulo 65
CAPÍTULO SESENTA Y CINCO
Lesley cerró la puerta de su despacho y se dirigió a su escritorio. Se relajó en la silla, contenta de estar de vuelta. Lyme Regis era un lugar encantador, pero había echado de menos la oficina y estar ahí en las reuniones, intercambiando ideas y combinando la intuición y la experiencia del equipo.
Dennis dejó el teléfono sobre la mesa.
—Tengo a Tina en el altavoz, se va de Lyme Regis esta noche.
—Jefa —se oyó la voz de Tina a través del teléfono.
—Tina —dijo Lesley—, ¿me oyes?
—Sí, jefa. ¿Qué pasa?
—Nada, solo queremos poner en común en qué punto nos encontramos con este caso. Quería asegurarme de que estuvieras al tanto.
—Gracias.
Lesley se recostó en la silla y asintió en dirección a Dennis.
Este se acercó a la pizarra. Tenían las fotos de la escena del crimen, además de instantáneas de Fogarty y Lawson en vida.
También había planos de Lyme Regis y mapas que mostraban los lugares donde los habían encontrado y donde habían descubierto el arma.
Una línea roja en un mapa mostraba la ruta que sus cuerpos habrían seguido por el acantilado cuando se produjo el deslizamiento.
Además de eso, había fotos de Aurelia Cross y Eleanor Fogarty.
Y el logotipo del bufete de Elsa, solo que se veía diferente.
En lugar de Nevin, Cross y Short, decía Nevin, Fogarty y Lawson.
—Y bien —dijo Lesley—, ¿en qué punto estamos?
Dennis miró a Stanley.
—¿Has llamado a tu amiga de la unidad de agentes autorizados?
—Así es, sargento.
Lesley enarcó una ceja.
—¿Sabe Carpenter que estamos hablando con ellos?
Stanley se revolvió en la silla y miró con cautela a Dennis.
—Pues...
—Stanley trabajaba con esa mujer —dijo Dennis—. Solo está actuando por iniciativa propia.
Lesley sonrió antes de preguntar:
—¿Y qué ha descubierto?
Stanley se alisó los pantalones con las manos.
—Bueno, Donna, que así se llama mi amiga, trabajó con el tal Christian hace diez años. Dice que no hay nada turbio en él, que no tiene manchas en su expediente. No le consta que lo hayan sancionado nunca.
—Todo eso ya figura en HOLMES —dijo Lesley—. ¿Qué hay de la información interna? ¿Cómo es él? ¿Se ha comportado de forma sospechosa en algún momento?
—Dijo que por aquella época estaba un poco raro, pero se estaba divorciando. Así que supuso que esa era la explicación.
—¿Qué clase de raro? —preguntó Lesley.
—Que estaba en las nubes. Eso dice Donna. Distraído, irritable, pero asumió que sería por la ruptura sentimental.
—Podría haber sido otra cosa. —Lesley miró la pizarra—. ¿Por qué no está su foto ahí?
Dennis la miró.
—Pensé que no sería apropiado...
—No pasa nada, Dennis. Era el propietario del arma que se encontró en la escena del crimen. Si no fuera policía, su foto estaría ahí, en primer plano, ¿no es así?
—Sí, jefa.
—Busquemos una foto de su ficha policial y añadámosla a la pizarra. Tenemos que averiguar todo lo que podamos sobre él. ¿Sería posible hablar con su exmujer?
—También podría valer la pena hablar con el que era su sargento en aquel momento —sugirió Stanley—. Adam McCory. Ya está jubilado, pero puede que hablara con Davison. Donna dice que, si había algo sobre la desaparición de un arma, el sargento lo habría sabido.
Lesley asintió.
—¿Jubilado, eh? Como ciudadano particular, no hay nada que nos impida charlar con él.
—¿Estás segura, jefa? —dijo Dennis—. Pensé que iba a intervenir Asuntos Internos.
—Hasta que no reciba la notificación oficial de qué miembro de Asuntos Internos dirige este caso, sigue siendo nuestro. Hablemos con su exmujer y con el sargento. ¿Stanley?
—No creo que deba hacerlo yo —dijo Stanley—. Estoy demasiado involucrado.
—¿De verdad?
Stanley se sonrojó hasta el cuello.
—De acuerdo, jefa. Lo haré.
—Bien. Mike y tú localizad a la exmujer. Dennis y yo nos encargaremos del sargento.
—Sin problema —dijo Mike.
—Bien. Has estado muy callado, ¿todo en orden?
—Todo bien, jefa. —Mike parecía preocupado—. Es que no tenía nada que añadir.
—¿Echas de menos a Tina?
Mike se puso rígido y miró el teléfono sobre el escritorio.
—Esto...
Lesley enarcó una ceja.
—Deberías. —Sacudió la cabeza—. No te preocupes, Mike. Me alegro por vosotros. Solo que no quiero que afecte a tu trabajo.
—No lo hará.
—¿Tina?
—No lo hará, jefa —dijo la voz de Tina desde el teléfono sobre el escritorio.
—Vale. ¿Hay algo más de la escena del crimen? ¿Nada de balas, supongo?
—Nada. Lo siento.
No. Tina no habría esperado para decirle si hubieran encontrado balas.
—Entiendo —dijo—. Así que eso es todo lo del arma. Todavía tenemos a la exmujer de Fogarty. Fui a hablar con ella y parecía de fiar, pero no puedo quitarme de la cabeza que no denunciara su desaparición.
—Creía que había emigrado, ¿no? —dijo Mike.
—Se iba del país —añadió Tina—. A Canadá.
—Así es —confirmó Lesley—. Pero, aun así, cabría esperar algún contacto entre ellos después. ¿Para arreglar las finanzas, tal vez? O aunque solo fuera una tarjeta de Navidad.
Pensó en Terry, su exmarido. La sentencia firme de divorcio había llegado hacía una semana, pero todavía habría contacto entre ellos. Sus vidas estaban entrelazadas por Sharon, su hija, y por el hecho de que habían vivido juntos tanto tiempo.
—Quiero averiguar más sobre Eleanor Fogarty —dijo—. ¿Podemos conseguir la documentación del divorcio? ¿Averiguar qué se usó como motivo? Al parecer, ella sabía lo de su aventura con Lawson. ¿Pudo ser eso?
—Sin problema, jefa —dijo Dennis.
—Bien. Así que, la exmujer y el arma. ¿Y Catherine Lawson? ¿Qué hemos descubierto sobre ella?
—He investigado un poco —dijo Mike—. Se mudó a Dorset desde Yorkshire hace quince años. Había ejercido la abogacía en Yorkshire y consiguió un puesto de socia subalterna en el bufete bastante rápido. Creo que por eso se mudó. La ascendieron a socia principal en menos de un año.
—¿Y cuándo empezó su relación con Kenneth Fogarty?
—Su mujer dijo que llevaban seis años —dijo Mike.
—Vale —dijo ella—. También quiero saber más sobre Catherine Lawson.
—¿Debemos tener en cuenta quiénes eran los clientes de Fogarty y Lawson? —preguntó Dennis.
Lesley exhaló.
—Pensé que ya estábamos en ello. ¿Tenemos una lista?
Dennis asintió hacia Mike, que pegó una hoja de papel en la pizarra.
—Son un montón —dijo.
Lesley se acercó a la pizarra. Revisó la lista, intentando ubicar los nombres.
—¿Los has comprobado todos?
—Los estoy revisando en el Registro Mercantil —dijo Mike—. La mitad ya no existen; la otra mitad parecen de fiar.
—¿Has comprobado quiénes son los propietarios? Uno de esos podría haber sido una tapadera para algo.
—Pero eso no encaja con el arma del agente autorizado, jefa —dijo Stanley.
—Podría encajar —le dijo ella—. Si Christian Davison no era limpio, una banda podría haberle chantajeado, haberle obligado a darles el arma. Incluso haberle contratado para liquidar a Fogarty y Lawson.
Dennis carraspeó.
—¿Liquidar, jefa?
—¿Tienes algún problema, Dennis?
—Esto no es el Chicago de los años treinta, jefa. Esto es Lyme Regis. La gente no se liquida entre sí.
Lesley ladeó la cabeza.
—Alguien mató a esa pareja, y parece que lo hizo con un arma de la policía.
Necesitamos saber tres cosas. Primero, ¿fue un agente de policía quien les disparó?
Segundo, si es así, ¿por qué? Tercero, si no, ¿cómo consiguió el tirador el arma?
Sigue investigando esos negocios, Mike, y déjale la exmujer de Davison a Stanley.
Incluye los negocios que ya no existen. Comprueba los registros históricos en el Registro Mercantil.
Quiero saber exactamente a quién representaban Fogarty y Lawson y si a alguno de ellos podría no haberle hecho mucha gracia que sus abogados se marcharan del país.
—Estás pensando que es Kelvin —dijo Dennis—. Con el bufete representándolo ahora...
Lesley asintió. No se fiaba de sí misma para decir nada más.
—Sigo preocupado, jefa —dijo Dennis—. Asuntos Internos intervendrá en cuanto empecemos a husmear por el equipo de agentes autorizados.
—Yo asumiré la responsabilidad, Dennis. —Se volvió hacia él—. En lo que a mí respecta, Christian Davison está desaparecido. Y si está involucrado de alguna manera en estos asesinatos, podría estar en peligro.