Los crímenes de la playa de fósiles (Inspectora Lesley Clarke 6) Capítulo 52
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Capítulo 52

CAPÍTULO CINCUENTA Y DOS

Fue un alivio conducir de vuelta hacia Winfrith. Lesley relajó los hombros mientras dejaba atrás Lyme Regis y bordeaba la costa en dirección este.

A ver, Lyme Regis era bastante bonito. Le veía el encanto. Pero se había sentido como si estuviera en el fin del mundo.

A veces Swanage le producía esa misma sensación.

Pero en Swanage tenía la tranquilidad de saber que un trayecto de diez minutos en ferri la llevaba a Poole y a la civilización.

A Lesley le gustaba la civilización. Por mucho que disfrutara viviendo en Dorset, y sobre todo con Elsa, en el fondo siempre sería un bicho de ciudad.

Activó el manos libres del teléfono al acercarse a Bridport. Sonó varias veces y luego saltó el buzón de voz de Elsa. Lesley colgó; ya había dejado bastantes mensajes.

Probaría en el trabajo de Elsa.

De nuevo, sonó un par de veces. Entonces respondió la voz de una mujer, la asistente personal de Elsa.

—Hola, Amanda —dijo Lesley—. ¿Está Elsa por ahí?

—No soy Amanda.

—Perdona. Necesito hablar con Elsa.

—Soy Brienne.

Brienne era la asistente personal de Aurelia.

—Vale —dijo Lesley—. ¿Dónde está Amanda?

—Ya se ha ido a casa.

«¿Por qué está tan borde?»

—¿Puedes ponerme con Elsa, por favor? Soy Lesley.

—Sí, he reconocido su voz.

Lesley miró por el retrovisor y vio que el coche de atrás le daba las luces. Había esperado demasiado en la rotonda. Entrecerró los ojos para leer las señales de tráfico, intentando orientarse. West Bay a la derecha; Dorchester a la izquierda.

Arrancó y tomó el desvío de Dorchester.

—¿Brienne? —dijo. La línea se había quedado en silencio.

—Disculpe, inspectora Clarke.

Lesley frunció el ceño.

—Llámame Lesley.

—Disculpe, Lesley. Elsa tampoco está.

—He estado llamando a su móvil, pero no contesta.

—No.

—¿Qué quieres decir con «no»? ¿Por qué no coge el teléfono?

—Ya no lo tiene.

—¿Por qué? —preguntó Lesley—. ¿Qué está pasando? ¿Se lo ha dejado en la oficina?

—Creo que debería preguntárselo a ella.

—Entonces, ¿dónde está si se ha dejado el móvil?

Lesley arrugó la nariz.

Elsa no iba a ninguna parte sin su móvil. Los abogados eran como los policías. Siempre localizables, nunca fuera de servicio del todo.

—¿Está Elsa bien?

—Creo que tendrá que preguntárselo usted misma.

Y con eso, la llamada se cortó.

Lesley miró el teléfono en su soporte.

—Mierda. ¿Dónde estás, Elsa?

¿Qué estaba pasando? ¿Estaría relacionado con lo que fuera que Elsa planeaba hablar con ella el fin de semana?