Capítulo 48
CAPÍTULO CUARENTA Y OCHO
—Sam, ¿qué haces aquí? —preguntó Elsa.
Sam no dijo nada y se limitó a mirar a Aurelia.
—Tome asiento —le dijo Aurelia a la joven.
Sam retrocedió unos pasos y se deslizó en una silla, sin cruzar la mirada con Elsa.
Elsa se dirigió hacia otra silla, una más cómoda, justo enfrente del escritorio de Aurelia.
—Tú no —dijo Aurelia.
Elsa levantó la cabeza de golpe y miró a Aurelia.
—¿Perdón?
—Tú quédate de pie.
—¿Hay algún problema? —consiguió preguntar Elsa mientras apoyaba la mano en el escritorio de su colega.
—Se podría decir que sí.
Aurelia se puso de pie. Se agachó y levantó algo de detrás de su escritorio. Era una caja de plástico. Dentro había tiras de papel, los restos de la trituradora.
—Puedo explicarlo… —comenzó Elsa, que sintió un vuelco en el estómago.
Aurelia levantó un dedo y negó con la cabeza.
—Sam ya me lo ha contado todo.
Elsa miró de reojo a Sam, que tenía la vista clavada en su regazo. Sam temía por su trabajo. Estaba desesperada, Elsa lo sabía. Levantó la barbilla y miró a Aurelia a los ojos.
—Fuiste tú quien me hizo trabajar para él. Sabías de sobra la clase de cosas que eso conlleva.
Aurelia se aferró al borde de la caja de plástico.
—Destruir pruebas es un delito.
Elsa dio un manotazo en el escritorio.
—Vamos, Aurelia, no seas tan ingenua. Cuando se trabaja para hombres como Arthur Kelvin, se sabe que a veces hay que cruzar la línea.
Aurelia se inclinó hacia delante. Su mirada se desvió hacia Sam.
—No.
—No me digas que Harry nunca hizo algo así.
—Harry se las arregló para representar a ese hombre y mantener todo en regla a la vez.
—Ja —Elsa soltó una carcajada seca—. Si quieres creer…
—¿Creer el qué? —la interrumpió Aurelia.
—Eres una puta ingenua.
Elsa sabía que no había marcha atrás.
Aurelia se sentó, dejándose caer bruscamente en la silla.
—Espero que te hayas marchado de aquí para cuando lleguen los demás.
—¿En serio? Soy una socia nominal. No puedes echarme sin más.
—Revisa el contrato de sociedad. Creo que descubrirás que sí puedo. También creo que, en comparación con la alternativa, que es informar al Colegio de Abogados, estarás bastante satisfecha cuando lo haga.
Elsa se obligó a relajarse. Parpadeó un par de veces mirando a Aurelia, y luego miró a Sam, que tenía las piernas cruzadas y los ojos casi cerrados.
—Muy bien —dijo Elsa—. Entonces ¿quién va a representarlo ahora?