Capítulo 42
CAPÍTULO CUARENTA Y DOS
Dennis se sacudió la sensación de desagrado al volver a la oficina.
No le hacían mucha gracia los abogados, y los de Nevin, Cross y Short eran peores que la mayoría.
Además, no le gustaba tratar con el bufete en el que trabajaba la novia de Lesley; le preocupaba acabar metido en algo en lo que preferiría no verse envuelto.
Se puso de pie detrás de su silla y bostezó.
—¿Alguien quiere un café?
Stanley, que seguía en su escritorio, levantó la vista.
—Sería genial, sargento. No me he movido desde que os fuisteis Mike y tú.
Dennis enarcó una ceja.
—¿Has encontrado algo?
—He localizado a la exmujer de Kenneth Fogarty.
—Bien —asintió Dennis en dirección a Mike—. ¿Te importa ir a por los cafés?
Mike frunció el ceño.
—¿Tengo que ir yo?
—Necesito uno —le dijo Dennis—. No tardarás ni cinco minutos, las pruebas seguirán aquí cuando vuelvas.
Mike apretó la mandíbula, se quitó el abrigo con un movimiento de hombros y lo colgó en la puerta antes de abrirla para dirigirse a la cocina.
—Bueno —le preguntó Dennis a Stanley—, háblame de nuestra viuda.
—Se llama Eleanor, Eleanor Fogarty.
—¿Conservó el apellido de casada?
—Según los registros que he encontrado, sí. El divorcio acababa de hacerse oficial cuando Fogarty desapareció.
—¿Y no denunció su desaparición?
—No consta ninguna denuncia en los archivos. Ninguno de los dos aparece en nuestra base de datos.
—Vale —dijo Dennis—. Echémosle un vistazo, entonces.
Stanley abrió una página web. Mostraba a un grupo de personas vestidas con traje, de pie en una oficina, que posaban para la cámara.
Señaló a la mujer del centro.
—Esta es —dijo—. Trabaja para una empresa de material de oficina en…
Dennis leyó el pie de foto.
—¿Exeter?
—Exeter —confirmó Stanley.
—¿Vive en Exeter?
—Aún no he llegado a eso, sargento. Estoy consultando el censo electoral.
—No te preocupes —dijo Dennis mientras se abría la puerta y aparecía Mike con dos tazas—. De eso puede encargarse Mike, ¿verdad?
—¿Encargarme de qué? —preguntó Mike con voz tensa.
—De consultar el censo electoral para encontrar a la viuda de Kenneth Fogarty.
—¿Tenemos un nombre?
—Desde luego que sí —respondió Stanley.
—Vale —dijo Mike—. ¿No aparece en el sistema por ningún lado?
—No —le dijo Dennis.
—¿No denunció la desaparición?
—Probablemente se alegrara de que se hubiera largado.
Mike asintió.
—¿Dónde tenemos su último registro?
—En Exeter —le dijo Stanley—. Trabaja para una empresa de material de oficina.
—Fascinante —dijo Mike al dejar una taza en el escritorio de Dennis y otra en el suyo—. Lo siento, Stanley. No me acordaba de cómo lo tomas.
—No pasa nada —dijo Stanley—. Me vendrá bien moverme un poco. Iré a por el mío.
Mike sonrió.
—Gracias, colega —dijo mientras se sentaba en su escritorio y acercaba la silla.
—Bien —dijo Dennis—. Encontremos a esa mujer y luego iremos a verla.
Mike levantó la vista.
—Si está en Exeter, eso es cosa de la policía de Devon, ¿no?
—Tienes razón. —Dennis resopló—. A la jefa no le va a hacer ninguna gracia.