Los crímenes de la playa de fósiles (Inspectora Lesley Clarke 6) Capítulo 40
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Capítulo 40

CAPÍTULO CUARENTA

Elsa levantó la vista cuando la puerta de su despacho se abrió y Aurelia se coló dentro, cerrándola tras de sí.

—¿Qué ha pasado? —preguntó Elsa.

—¿Acaso no lo sabes ya?

—He visto al sargento Frampton y a su compañero.

Aurelia se dejó caer en la silla frente a Elsa.

—Están investigando un doble asesinato. Dos cadáveres encontrados en Lyme Regis. Trabajaban aquí.

—¿Cuándo?

—Hace diez años.

—Mucho antes de que yo llegara. ¿Quiénes eran?

—Kenneth Fogarty y Catherine Lawson. Eran los socios de Harry antes de que yo empezara. —Aurelia se inclinó hacia delante y apoyó los codos en el escritorio—. Ellos dos fundaron este bufete con él.

Elsa miró a Aurelia, que se había puesto pálida.

—¿Y los han encontrado muertos?

Aurelia asintió lentamente.

—Murieron hace diez años. Harry, bueno todos, pensábamos que se habían jubilado.

—¿Y nadie denunció su desaparición?

—Iban a emigrar. A Canadá, según el acta de su última reunión de socios. Los dos le vendieron su parte a Harry. Él se retiraba de la abogacía y ella estaba considerando empezar en otra cosa. Él acababa de cerrar su divorcio. Harry debió de suponer que simplemente habían perdido el contacto.

Elsa se echó hacia atrás.

—¿La exmujer de Fogarty no denunció su desaparición?

—Parece que no —respondió Aurelia—. Diez años y nadie se dio cuenta de que no estaban. ¿Qué dice eso de una persona?

Elsa apretó la mandíbula. Si ella desapareciera, Lesley movería cielo y tierra hasta encontrarla.

Sintió un escalofrío en la nuca. Harry había muerto, asesinado por su novia. Ameena Khan, una socia júnior, también había sido asesinada.

Ahora, estos dos antiguos socios. Y ahí estaba ella, trabajando para el cliente más infame de todos ellos. Tragó saliva.

—¿Sabe la policía cómo murieron?

—Si lo saben, no me lo han dicho. Ahora están hablando con Kate Jingwell y Justin Osman; son los únicos que estaban aquí hace diez años. Imagino que intentan hacerse una idea de sus vidas, con quién trabajaban y a quién pudieron cabrear.

—¿Qué hay de sus clientes? —preguntó Elsa.

Aurelia la miró a los ojos.

—Kenneth tenía un cliente principal.

Elsa sabía lo que venía a continuación.

—¿Quiero saber quién era?

—No creo que necesites que te lo diga.

Otro escalofrío recorrió la piel de Elsa.

—¿Crees que por eso murieron?

—Podría no tener relación. Arriba en los acantilados, podría haber sido un accidente. —Se levantó y miró a Elsa—. Aun así, mantenlo contento, ¿quieres? No lo cabrees.

Elsa clavó las uñas en el escritorio.

—Haz lo que te diga —dijo Aurelia.

«Para ti es fácil decirlo», pensó. Pero no lo dijo, simplemente asintió en silencio.

—Será mejor que me vaya —le dijo Aurelia—. Querrán volver a hablar conmigo.

—Avísame si hay algo que pueda hacer.

—No estabas aquí hace diez años.

—Tú tampoco.

—Sí, pero...

Elsa asintió.

Aurelia había empezado en el bufete poco después de que Fogarty y Lawson se hubieran marchado. Conocía a Harry mejor que Elsa. Estaba conectada con esto, le gustara o no.

—Te avisaré si pasa algo más —le dijo Aurelia.

—Gracias —respondió Elsa, consciente de la debilidad de su voz.

Cuando Aurelia abrió la puerta, Elsa vio a Sam pasar por fuera. Tomó aire.

—Aurelia, ¿puedes avisar a Sam, por favor?

Aurelia frunció el ceño.

—¿Por qué?

—Necesito que haga algo por mí.

—Vale. —Aurelia salió de la oficina.

Elsa esperó a que Sam volviera. Tenía que hacerlo, y tenía que hacerlo ya.