Capítulo 32
CAPÍTULO TREINTA Y DOS
Lesley bostezó mientras conducía de vuelta hacia Lyme Regis.
La cama individual que le habían asignado en casa de Annie Abbott era bastante cómoda, pero unas gaviotas posadas en el tejado la habían despertado a las cinco de la mañana.
Había golpeado el techo un par de veces, lo más bajito que pudo, pero parecía que a las gaviotas les gustaba el sitio.
Estaba reprimiendo otro bostezo cuando le sonó el teléfono.
—Inspectora Clarke, soy Gareth Bamford.
—Doctor Bamford, ¿alguna novedad para mí?
—Eh, sí. Novedades y una disculpa.
—¿Qué ha hecho?
—Va usted directa al grano, ¿verdad? Me siento un poco avergonzado por no haber identificado antes la causa de la muerte. Con los cuerpos en el estado en que se encontraban...
—¿Tiene una causa de la muerte?
—La del hombre, Kenneth Fogarty.
—¿Y cuál es?
—Bueno, no es algo que se vea muy a menudo en Exeter, y menos aún en Lyme Re...
—Dígame ya de qué se trata. —Lesley reprimió otro bostezo. Dio un volantazo para esquivar un coche que venía hacia ella por la estrecha carretera, tocando el claxon a todo volumen.
—Fogarty tiene una herida de bala en el lateral del cuello. Estaba oculta por los daños causados por los animales y no era evidente a primera vista, pe...
—¿Una herida de bala?
—Sí.
Lesley soltó un silbido. Sabía que el forense tenía razón: no era algo precisamente común por allí.
—¿Puede darme más información?
—Estamos realizando más análisis en busca de residuos, pero con los cuerpos tan antiguos... ¿Estoy en lo cierto al pensar que sus compañeros de la científica encontraron un objeto metálico cerca de los cuerpos?
Lesley negó con la cabeza.
—Sí, pero era un termo. De hace tres años, según el fabricante.
—Entonces no está relacionado —dijo Bamford.
—No. ¿Y qué hay de Catherine Lawson? ¿Tiene una herida similar?
—No he logrado encontrar ninguna. Todavía.
—¿Todavía?
—No es sencillo examinar unos cuerpos que llevan tanto tiempo bajo tierra. Se han conservado extraordinariamente bien, pero aun así presentan ciertas dificultades.
Lesley frenó al tomar una curva y encontrarse con un tractor que avanzaba con pesada lentitud delante de ella.
—Maldita sea.
—¿Va todo bien?
—Nada, el tráfico rural. De acuerdo, avíseme si encuentra algo más.
—Por supuesto.