Capítulo 30
CAPÍTULO TREINTA
—¿De quién se trata? —preguntó Lesley, mirando al patólogo.
Bamford miró a su alrededor.
—¿Por qué no vamos a mi despacho?
—¿Qué pasa? ¿Es información confidencial?
—No —dijo Bamford encogiéndose de hombros—. Pero allí podremos hablarlo con más detalle.
—De acuerdo. —Lesley miró a la subinspectora Patterson—. ¿Viene?
—Por supuesto.
Las dos investigadoras siguieron al patólogo de vuelta al hospital y avanzaron por los pasillos hasta que llegaron a la morgue. Finalmente, entraron en su despacho. No había ni rastro de Bea Steadman.
Lesley se apoyó en la puerta y se cruzó de brazos, mientras la subinspectora Patterson tomaba asiento.
—Ya me ha hecho esperar bastante. Dígame quiénes son. Sabemos que no es el caso sin resolver de la subinspectora Patterson, así que ¿quiénes son?
El patólogo miró a la subinspectora.
—¿Quiénes eran sus víctimas?
—David y Carmela Stubbs —respondió Patterson—. Desaparecieron hace seis años. Me han dicho que el período de tiempo no encaja.
Bamford negó con la cabeza.
—No. Y esos no son los nombres que me han dado.
Encendió el portátil que tenía sobre el escritorio, pulsó un par de teclas y lo giró hacia ellas.
—Hemos encontrado a un dentista en Dorchester que tenía los historiales de ambos. Se llaman… bueno, se llamaban, Kenneth Fogarty y Catherine Lawson.
«Dorchester. Así que era un caso de Dorset», pensó Lesley.
El doctor Bamford alternó la mirada entre Lesley y la subinspectora Patterson.
—¿Les suena de algo?
—De nada —dijo Lesley.
La subinspectora Patterson se encogió de hombros.
—A mí tampoco. ¿De dónde son? ¿De Dorchester?
—Lo único que sé es dónde tenía la consulta su dentista. Van a enviar los historiales, pero, al parecer, han pasado diez años desde la última vez que los trató.
Lesley silbó.
—Encaja.
La subinspectora Patterson se inclinó hacia delante y se acercó el portátil.
—¿Está seguro de que son las personas correctas?
—Los registros dentales coinciden —dijo el patólogo—. Como digo, sus expedientes llegarán pronto y, con un poco de suerte, incluirán una dirección.
—Voy a llamar a mi sargento. —Lesley agarró el móvil.
Dennis respondió a los dos tonos.
—Jefa. ¿Alguna novedad?
—Una importante —le comunicó—. Tenemos una posible identificación de nuestras víctimas, tratadas por última vez por su dentista hace diez años.
—Eso es bueno. ¿Quiénes son?
—Kenneth Fogarty y Catherine Lawson, ambos de la zona de Dorchester.
—No necesariamente —interrumpió la subinspectora Patterson.
—Al menos tenían un dentista en Dorchester —dijo Lesley, mirando de reojo a la subinspectora—. Dennis, ¿puedes encargarte? Averigua lo que puedas sobre esas dos personas: dónde vivían, quiénes eran sus parientes más cercanos, cuándo fue la última vez que se les vio con vida, etc.
—Sin problema, jefa —dijo él—. Supongo que no tendrás fotos, ¿no?
—Solo las de la escena del crimen —respondió ella—. No creo que un dentista guarde fotos de sus pacientes después de diez años.
—Solo radiografías —dijo el patólogo.
Lesley asintió.
—Busca en HOLMES, a ver si tuvieron alguna vez relación con la policía, y comprueba el censo electoral de Dorchester. Los encontraremos y, una vez que sepamos quiénes eran, estaremos un paso más cerca de descubrir quién los mató.