Capítulo 17
CAPÍTULO DIECISIETE
La madre de Tina revoloteaba junto a Lesley mientras la guiaba hacia el salón.
—Inspectora Clarke —dijo—, tome asiento. Le prepararé una taza de té.
—Un café, por favor —le dijo Lesley, sentándose en el borde de un largo sofá—. Y puede llamarme Lesley.
Tina se volvió hacia Lesley. Esta abrió la boca, pero no dijo nada, solo enarcó una ceja.
—A la jefa le gusta el café cargado y con leche, mamá —dijo Tina—. Te ayudo.
—No se moleste, señora Abbott —dijo Lesley—. No tiene que atenderme. No soy de la realeza.
Annie la miró de una forma extraña.
—Lo primero, ¿qué tal si nos tuteamos? Lo segundo, eres una mujer muy importante en la vida de mi hija. Sin ti, no creo que hubiera aprobado el examen del CID.
—Eso no es verdad —dijo Lesley, deseando no haberse sentado. Se sentía en desventaja con las dos de pie, cerniéndose sobre ella—. Tina es una policía muy capaz. Habría aprobado el examen conmigo o sin mí.
Annie miró alternativamente a Tina y a Lesley.
—Eres un modelo a seguir, inspectora Clarke.
—Por favor —dijo Lesley—, llámame Lesley. Y tú también, Tina. Si vamos a quedarnos juntas aquí, no quiero nada de jefa, señora o inspectora. Entre estas cuatro paredes, soy Lesley a secas.
Annie asintió y salió con sigilo de la habitación, dejando que Lesley y Tina continuaran su conversación.
—¿Estás segura, jefa?
Lesley ladeó la cabeza.
—¿Qué te acabo de decir?
—¿Estás segura, Lesley? —Tina se sonrojó—. Es que no me parece bien, jefa. Nunca he conocido a ningún jefe que me pida que lo llame por su nombre.
—Bueno, es que yo no soy la típica jefa, ¿a que no?
—Eso sí que es verdad —rio Tina.
Lesley se levantó, alisándose la falda.
—¿Conque sí, eh?
A Tina el rubor se le extendió aún más por la cara.
—Ay, Dios, jefa. No, perdona. No quería decir…
Lesley le puso la mano en el hombro.
—Tranquila, Tina. No pasa nada.
Miró alrededor de la habitación. Era acogedora, llena de fotografías de Tina y su hermana, así como algunas fotos antiguas de una boda, que supuso que eran los padres de Tina. Se preguntó dónde estaría el señor Abbott, pero no iba a preguntar.
—Tu madre tiene una casa muy bonita —dijo—. Y ha sido muy amable al acogernos.
Annie apareció en la puerta con dos tazas.
—Aquí tienes, inspectora… Lesley. —Dejó una en una mesita auxiliar—. Cargado y con leche. Si no está bien, échale la culpa a Tina.
—Gracias, Annie. —Lesley cogió el café y le dio un sorbo. Había sido un día largo y necesitaba la ayuda de la cafeína para continuar.
También tenía que hablar con Elsa.
—¿Te importa enseñarme dónde está mi habitación?
—Ya lo hago yo —ofreció Tina—. Mamá, deja de agobiarte.
Annie le dedicó a su hija una sonrisa nerviosa.
—Solo intento dar una buena impresión, cariño.
—Das la impresión de que vengo de una familia de paranoicos.
—Sé lo que se siente —dijo Lesley con una carcajada.
Tina la miró, pero no dijo nada.
—Entonces, ¿tienes familia? —preguntó Annie, de pie en el umbral de la puerta.
—Una hija —le dijo—. Y una novia.
Una sombra fugaz cruzó el rostro de Annie.
—Qué bien —dijo con voz insegura—. ¿Vive en Birmingham?
—Mi hija sí. Sharon tiene diecisiete años, está en segundo de bachillerato. Está pensando en mudarse aquí después del verano.
—Eso sería estupendo —le dijo Annie.
Lesley asintió. Estaría genial tener a Sharon con ella, pero todavía no había investigado las universidades de la zona. No quería que Sharon pusiera en riesgo su futuro.
—¿Y qué hay de tu… tu pareja? —preguntó Annie.
—Mi novia vive en Bournemouth, conmigo. Tenemos un piso muy bonito, no muy lejos del mar.
Era la primera vez que Lesley se refería al piso de Elsa como si fuera suyo. Todavía no le salía de forma natural, y con la tensión que había entre ellas ahora mismo…
—En fin —dijo, apurando el último sorbo de su café—, si no te importa enseñarme mi habitación…
—Por supuesto —dijo Annie—. Tina, haz tú los honores.
—Sígueme, jefa.
—Ejem.
—Lo siento, Lesley. —Tina negó con la cabeza—. Nunca voy a acostumbrarme, jefa. Por favor, no me obligues a hacerlo.
—Inténtalo. Hará que me sienta un poco más relajada mientras esté aquí.
—No será por mucho tiempo, ¿no? —preguntó Tina—. Mañana volveremos a la escena del crimen, nos reuniremos con la subinspectora Patterson y luego regresaremos a la oficina.
—Yo no estaría tan segura —le dijo Lesley. Subieron las escaleras. Sus voces resonando en el estrecho pasillo—. Casos como este suelen resultar más complicados de lo que parecen.