Capítulo 37 — La noche final
Esperé en la oscuridad del pasaje.
La figura avanzaba lentamente por el corredor oculto. Sus pasos eran cuidadosos, como los de alguien que conocía perfectamente el lugar.
No encendí la lámpara.
Quería verla primero.
La silueta pasó frente a una de las aberturas que daban a las habitaciones del personal. La luz débil del pasillo iluminó su rostro por un instante.
Era un hombre.
Se detuvo.
Parecía escuchar.
Contuve la respiración.
Después continuó caminando por el corredor hacia la parte trasera de la casa, exactamente en dirección al túnel que conducía al jardín.
Lo seguí.
Avanzaba con seguridad, sin dudar en ningún giro del pasaje. No necesitaba luz. Conocía el camino.
Llegó a la puerta baja que daba al túnel.
La abrió.
El aire frío del exterior entró en el corredor.
Esperé unos segundos antes de seguirlo.
El túnel de piedra estaba oscuro, pero la figura llevaba una lámpara pequeña que iluminaba el camino delante de él. Caminaba rápido ahora.
Sabía adónde iba.
Subió la escalera que conducía a la salida.
Yo lo seguí manteniéndome a distancia.
La puerta se abrió y salimos al jardín.
El lago estaba a pocos metros.
La niebla de la noche flotaba sobre el agua y los árboles apenas se distinguían en la oscuridad.
La figura se acercó a la orilla.
Me moví con cuidado entre los árboles.
Entonces encendí la lámpara.
—Deténgase.
El hombre se giró bruscamente.
La luz iluminó su rostro.
Durante un segundo ninguno de los dos dijo nada.
Entonces lo reconocí.
Ahora sabía quién caminaba por los pasajes de la mansión durante la noche.