Capítulo 36 — La trampa
El documento sobre Anna Keller cambió la dirección de mi investigación.
Ahora sabía que la desaparición de Clara no era un caso aislado. La misma casa. El mismo trabajo. La misma explicación: una empleada que simplemente “se marchó”.
Volví a la mansión esa misma tarde.
La casa parecía igual que siempre. Silenciosa, ordenada, tranquila.
Pero ahora sabía que ese silencio podía ocultar algo que llevaba años ocurriendo.
El mayordomo me abrió la puerta.
—Detective Truman.
—Buenas tardes.
Entré al vestíbulo.
—¿Se encuentra el barón?
—En su estudio.
—Me gustaría hablar con él.
Harrow inclinó la cabeza.
—Le avisaré.
Minutos después estaba nuevamente frente al barón.
Le mostré el documento.
—Anna Keller —le dije.
El barón lo leyó con atención.
—No conocía este informe.
—Desapareció de esta casa en 1887.
—Recuerdo ese caso —dijo finalmente—.
Mi padre dijo que la muchacha había abandonado la casa.
El barón apoyó el papel sobre la mesa.
Caminé por la habitación.
—Pero ocurrió exactamente lo mismo que ahora.
El barón guardó silencio.
—Alguien en esta casa ha estado haciendo desaparecer empleadas durante años.
El barón me miró fijamente.
—¿Tiene alguna prueba de eso?
—No todavía.
Me detuve frente al escritorio.
—Pero voy a tenerla.
El barón esperó.
—Esta noche.
El silencio en el estudio se volvió más pesado.
—¿Qué planea hacer, detective?
—Quedarme otra vez en la casa.
El barón asintió lentamente.
—Como prefiera.
Esa noche esperé.
La casa volvió a quedar en silencio después de la medianoche.
Caminé nuevamente por el pasillo del segundo piso y abrí el retrato que ocultaba el pasaje.
Entré en el corredor oscuro.
Apagué la lámpara.
Me quedé esperando.
Pasaron varios minutos.
Entonces escuché el sonido que ya conocía.
Pasos.
Alguien caminaba por el pasaje.
Los pasos se acercaron lentamente.
La figura apareció en la oscuridad.
Y esta vez estaba listo para verla.