CAPÍTULO 57
U na noche, mientras navegaban de regreso al muelle del club náutico, Holvik reunió a todos alrededor de la bañera.
—Solo quiero agradecerles a todas el duro trabajo que están haciendo —dijo—. ¡Vamos a ganar esta regata!
Toda la tripulación vitoreó, y Renata se forzó a soltar un «¡Woo!» y chocar los cinco con Jitka y Zola.
—Mañana por la noche —continuó Holvik— voy a reunirme con unos buenos amigos que vienen de fuera en The Rooftop para tomar algo y cenar.
Como muestra de agradecimiento, quiero invitarlas a unirse a nosotros.
La comida promete ser exquisita y lo pasaremos muy bien.
La cena y las copas corren de mi cuenta, señoritas.
Hubo más vítores y muestras de agradecimiento.
—No olviden traer un cambio de ropa mañana cuando zarpemos.
The Rooftop era un restaurante y bar elegante, no muy lejos del club náutico, del que Renata ya había oído hablar. Al parecer, ofrecía unas vistas impresionantes del horizonte de Miami.
Lo último que Renata quería era perder el tiempo alternando con Alec Holvik, aquella tripulación o sus amigos, pero pensó que quedaría mal rechazar la primera invitación de ese tipo que él le había hecho desde que ella se unió a su equipo.