CAPÍTULO 41
A la mañana siguiente, Renata recogió la tienda y el equipo de acampada y dejó el camping. Condujo, como de costumbre, hasta el aparcamiento de Poplar Beach, cambió las matrículas, se puso el disfraz y pedaleó hasta el campo de golf.
Fue un día ajetreado. Hizo de caddie durante dieciocho hoyos por la mañana y para otro grupo de cuatro que jugó otros dieciocho hoyos a primera hora de la tarde.
El día pareció alargarse eternamente. Se puso cada vez más nerviosa a medida que se acercaba la última hora de salida, con las palmas de las manos sudorosas.
«¿De verdad voy a hacer esto?» , no dejaba de preguntarse. Había planeado todo hasta el más mínimo detalle. Sabía que si cometía el menor error, iría a la cárcel durante mucho, mucho tiempo.
¿Y si los dos hermanos no eran quienes la habían violado?
«Quizá Dan Forester me mintió» , pensó. «Quizá simplemente soltó los nombres de los dos primeros ricos que se le vinieron a la cabeza para quitarme de encima» .
Mientras nadie le prestaba atención, sacó el teléfono y leyó la lista de detalles que había observado sobre cada uno de los siete violadores, para refrescar toda la información.