CAPÍTULO 38
A Renata le gustó aprender a ser una «looper», como los golfistas —y los propios caddies— solían llamar a quienes cargaban los palos.
Como caddie, hacías un recorrido por los primeros nueve hoyos, que te devolvían a la casa club, y luego repetías lo mismo en los últimos nueve, que te llevaban de nuevo al punto de partida. Vuelta tras vuelta tras vuelta.
Renata aprendió a localizar los golpes de salida de los jugadores y a calcular la distancia desde la posición de las cabezas de riego.
También aprendió a leer los greens, limpiar las bolas, reparar las marcas de impacto y los divots, rastrillar los búnkeres, recuperar bolas del lago, ayudar a los jugadores a elegir el palo adecuado, marcar las bolas en el green y atender la bandera.
Ya conocía la mayoría de los fundamentos del trabajo de caddie, pero la dirección de Poplar Beach era muy exigente con cómo se hacían las cosas en su elegante club.
Naturalmente, Renata necesitaba conocer el campo de cabo a rabo —cada tee, calle, green, montículo y búnker— para poder describir a los jugadores lo que tenían por delante en cualquier punto del recorrido.
También aprendió mucho sobre el clima local y, en especial, cómo la incesante brisa marina solía afectar a la bola en cada uno de los hoyos.
Cada vez que los estudiantes y el instructor practicaban en el hoyo dieciséis, Renata observaba con especial atención el trazado y el terreno, sobre todo la zona donde el camino de los carritos pasaba cerca de los acantilados.