Los Asesinatos de la Granja (Los Crímenes de Yorkshire 8) Capítulo 55
53%

Capítulo 55

G ardner aún estaba aturdida cuando Barry abrió la puerta. A su espalda, el muñeco de nieve de plástico seguía plantado en el jardín, con la nariz de zanahoria ligeramente torcida, completamente impasible.

Barry sostenía un sobre en la mano.

—Felices fiestas —dijo.

Gardner tragó saliva.

—¿Qué acaba de pasar?

—¿Perdona?

Inspiró hondo y soltó el aire despacio. Él no tenía ni idea.

No lograba entenderlo. No iba armada. No suponía ninguna amenaza para ellos. Entonces, ¿por qué habían huido?

Ese pensamiento la dejó paralizada.

¿Qué estaba pasando?

Sus hijas aparecieron en la puerta detrás de él, ambas con pijamas navideños de Mickey Mouse.

—Feliz Navidad, mamá —dijo Ana.

Rose sonrió de oreja a oreja.

—Feliz Navidad.

—¿Estás bien, Em? —preguntó Barry mientras salía y le ponía una mano en el brazo.

—Sí… —Sonrió a sus hijas—. Feliz Navidad, cariños. —Oía su propia voz como si llegara de muy lejos—. Barry… —Lo miró—. Tenemos que hablar.

—Claro, entra…

—No. Aquí fuera. A solas.

Sonrió a las niñas, pero era imposible que no percibieran aquel tono. Desde luego, Barry lo percibió. Palideció. Las niñas parecían desconcertadas.

Pero al menos estaban vivas.

Barry les dijo a las niñas que fueran a ver algo en la televisión; luego salió y cerró la puerta tras él. Aún llevaba el sobre en la mano.

—Emma. —Su voz sonaba inexpresiva. Tensa—. ¿Qué ha pasado?

Gardner comprobó que las niñas no estuvieran en la ventana. Después agarró a Barry por los brazos.

—Los hombres de la catedral. Han estado aquí.

Él abrió mucho los ojos.

—¿Qué? ¿Bernie?

Ella asintió.

—Acabo de verlos. Ahí fuera. Creo que iban a entrar y los he interrumpido.

Barry se apartó. Miró hacia la puerta.

—¿Estás segura? Dijiste que llevaban máscaras cuando los viste por primera vez.

—Estoy segura, joder, Barry. —Vio cómo él asimilaba el impacto de sus palabras. Entonces le contó exactamente lo que había visto.

—No tiene sentido —dijo él mientras iba y venía por el umbral.

—Voy a llamar a Mike. A ver qué debemos hacer.

—Tenemos que sacar a las niñas de aquí. Ahora mismo.

Gardner se quedó inmóvil.

—No lo sé. Si están vigilando, seríamos más vulnerables ahí fuera, al descubierto. Puede que intenten hacernos salir. —No sabía si tenía razón. En aquel momento no sabía nada.

Permanecieron en silencio.

Su mirada se detuvo en el sobre.

—¿Qué es eso?

—Una tarjeta. Alguien debe de haberla echado al buzón.

—¿Cuándo? —El corazón se le aceleró.

—No lo sé… justo antes de que tú…

Barry bajó la vista hacia el sobre.

Ella dio un paso adelante y se lo quitó de las manos.

—Emma, no sabes…

—Han venido a nuestra casa. —Lo sostuvo durante un momento, asimilando la gravedad de lo que Barry había dicho. Después lo rasgó para abrirlo.

—Envenenaron a aquel hombre, ¿recuerdas? Los dos hemos tocado el sobre —dijo Barry.

—Ahora ya es demasiado tarde —dijo Gardner mientras sacaba la tarjeta.

Petirrojos en la nieve. Ramas de acebo. Letras doradas: Felices fiestas.

Tradicional. Inocente.

No.

La abrió.

Querida inspectora jefa Emma Gardner:

Se le revolvió el estómago.

Feliz Navidad,

TRAIDORA

Barry la agarró del brazo.

—¿Emma? ¿Qué pasa?

Adjunto un pequeño detalle para la familia.

Con cariño, Bernie x

Ella se soltó de Barry. Dio la vuelta al sobre. Lo volcó.

Una fotografía cayó al suelo.

Rose.

Vista a través de una ventana.

Sostenía en alto un vestido rosa y brillante.

Sonreía.

Gardner dio la vuelta a la fotografía.

Bonita como una muñequita x