Capítulo 20
N o te olvides de vivir mientras te dejas la vida buscando la verdad.
Con una bolsa de basura vacía en una mano, Gardner estaba lista.
—Tim —dijo mientras retiraba su fotografía de la pared y la dejaba caer dentro.
Un hombre que se había grabado TRAIDOR en el brazo para salvarle la vida a su hija.
La culpa la dejó paralizada durante unos minutos.
Respiró hondo y alargó la mano hacia la foto de Tanya.
La podcaster. La que buscaba la verdad. La mujer reducida a cenizas en su propia casa.
Mantente fuerte , pensó. Es por seguridad. Por Ana, por Rose.
Y para que no pierdan a su madre.
Dejó caer la foto de Tanya en la bolsa.
A continuación, cogió una funda de plástico llena de manifiestos de carga y documentos censurados en los que había estado trabajando.
Sonó su teléfono.
Gardner se quedó paralizada. Sacó el teléfono del bolsillo y miró la pantalla.
Janice.
La doctora Janice Fawkes era la patóloga forense del distrito de Salisbury.
Era una vieja amiga, pero Gardner también le había pedido que estuviera alerta por si surgía alguna información.
Probablemente no sería buena idea contestar.
Se llevó el teléfono al oído. —Janice.
—Emma. Sé que es tarde. Pero ha surgido algo.
Gardner tragó saliva.
—¿Emma? ¿Estás ahí?
—Sí —se oyó decir Gardner—. ¿Qué has encontrado?
—¿Te has enterado de lo de Harriet Spring? —La voz de Janice sonaba tensa. Inquieta.
Claro que sabía quién era. Una joven exsupremacista blanca, asesinada en un aparcamiento en abril, y cuya hija pequeña había sido encontrada en el lugar.
Gardner cerró los ojos y se apoyó en la pared.
—Fue hace tiempo.
—Sí, ha estado en la cámara frigorífica...
El funeral se retrasó —dijo Janice—. Quienquiera que lleve la investigación consideró importante recuperar el cadáver para practicarle una segunda autopsia.
Me tocó a mí. Lo más extraño... es que había un cuerpo extraño alojado en la parte inferior del esófago.
Una pequeña cápsula de vidrio de calidad farmacéutica, de las que se usan para medicamentos de liberación prolongada.
Pero esta no era de fabricación industrial. Estaba hecha a mano. Sellada con cera.
Gardner frunció el ceño. No tenía ni idea de adónde iba a parar aquello.
—Dentro de la cápsula había un trozo de papel. Enrollado muy apretado. Había algo escrito.
Entonces intuyó adónde conducía aquello y cerró los ojos.
—Traidor —dijo Janice.
Gardner permaneció largo rato en silencio después de que terminara la llamada.
Tenía la sensación de que ahora hablaban los muertos.
Harriet Spring. Veintisiete años. Exsupremacista blanca convertida en posible informante. Había estado reuniendo pruebas contra la Hermandad de Albión: documentos, nombres, conexiones.
Y la habían marcado igual que a Drake.
Traidor.
Gardner buscó todo lo que pudo encontrar. Informes policiales. Artículos de prensa. Publicaciones en redes sociales anteriores a la muerte de Harriet.
Una foto de su hija Sophie, de siete años, que había estado en el coche cuando mataron a su madre.
Sophie le recordaba a Grace.
La devastación que esa gente dejaba a su paso le llenó los ojos de lágrimas.
A las 2 de la madrugada, actualizó el correo dirigido a Riddick.
He encontrado otro, Paul.
No se limitan a matar a la gente. Los marcan. Los señalan. Esto es sistemático. Está organizado. Alguien está dando caza a cualquiera que los amenace y ejecutándolo como a un traidor a una causa que no acabo de comprender.
No te olvides de vivir mientras te dejas la vida buscando la verdad.
—Lo siento, Paul, pero cuando los muertos hablan, no puedo ignorarlos.
Guardó el borrador, se acercó a la pared, sacó las fotografías de la bolsa de basura y volvió a clavarlas en la pared.
Retrocedió. Dos rostros la observaban desde la pared enyesada. Dos personas que habían amenazado a los hombres equivocados y lo habían pagado con la vida.
Después imprimió otra foto y la clavó también en la pared.
Harriet Spring.
Ahora había tres rostros. Tres voces silenciadas.
Hablándole.
Suplicándole...
Esos cabrones quieren que pare, Mike.
Quieren que tenga miedo, Paul .
Que les den.
Trabajó hasta el amanecer.