Antes de que te vayas…
Despues de todas estas sesiones con Santiago, me di cuenta de que todavía sentía algo bastante fuerte por Elena, aunque ya estuviéramos entrando en la quinta —o sexta, porque a estas alturas mi vida amorosa con ella tenía más temporadas que una serie de Netflix.
Habia terminando con Julieta un par de semanas antes. No me malinterpreten. Julieta era maravillosa.
La brasileña y yo teníamos una relación facilísima. Nos entendíamos, nos divertíamos, no había dramas innecesarios y, bueno...Digamos que teníamos una comunicación física bastante eficiente.
La verdad es que con Julieta todo era sencillo. Y quizá ese era precisamente el problema.
Porque mientras yo estaba ahí, viviendo una relación que funcionaba perfectamente, mi corazón estaba en otro lugar haciendo horas extras.
Y cuando finalmente acepté que todavía sentía algo fuerte por Elena, no pude seguir fingiendo que no pasaba nada.
Así que hablé con Julieta. Le expliqué la verdad.
Sin excusas, sin inventarme una historia dramática y, sobre todo, sin hacerla responsable de algo que no era culpa suya.
Le dije que había empezado esa relación creyendo que podía avanzar, pero que me había dado cuenta de que emocionalmente todavía no había cerrado una historia anterior.
Y Julieta, para mi sorpresa, lo entendió.
No hubo un “¿cómo pudiste hacerme esto?” digno de horario estelar. No hubo vasos volando. No hubo una brasileña persiguiéndome por la calle con un tacón en la mano.
Simplemente hablamos. Y después de esa conversación, decidimos quedar como amigas.
Lo cual, considerando nuestra relación anterior, fue bastante civilizado.
Especialmente porque habíamos pasado de tener sexo como conejos a decir:
—Bueno, cualquier cosa me escribes.
Como si fuéramos dos señoras que acababan de terminar de tomar café.
Pero así fue.
Y aunque sabía que estaba tomando una decisión complicada, en ese momento sentí que tenía que seguir a mi corazón. Sin pensarlo demasiado.
Así que elegí la verdad.
Y la verdad era bastante simple: todavía sentia algo por Elena.
Y por más cómoda, divertida y sexualmente eficiente que fuera mi relación con Julieta...
Yo seguía teniendo una historia pendiente con ella, con Elena.
Y así, cuatro meses después de terminar con mi sexodominatrix brasileña favorita, empecé oficialmente mi relación con Elena.
Y tengo que decir algo: Han sido cuatro meses espectaculares.
De esos que uno mira hacia atrás y piensa:
“¿En serio tuve tanto drama para llegar hasta aquí?”
Porque ahora puedo escuchar su voz todos los días.
Puedo despertarme y saber que está ahí.
Puedo hablar con ella de cualquier tontería. Puedo contarle cómo estuvo mi día.
Puedo escucharla reír. Y, sobre todo, puedo decir: Elena y yo estamos juntas.
Todavía hay algo increíblemente emocionante en decirlo.
A veces estamos hablando por teléfono y me descubro sonriendo como una idiota.
Ella me pregunta:
—¿De qué te ríes?
Y yo:
—De nada.
Mentira. Me río porque es ella.
Porque después de todo lo que pasó, después de tantas vueltas, tantas dudas, tantos acercamientos y huidas, finalmente estamos aquí.
Juntas.
Y aunque sería muy bonito decir que de repente me convertí en una persona emocionalmente equilibrada, tampoco vamos a exagerar.
Sigo siendo yo. Solo que ahora tengo herramientas.
Y un terapeuta.
Porque definitivamente el Dr. Reyes me ayudó muchísimo.
Aprendí a observarme.
A reconocer cuándo estaba reaccionando desde el miedo.
A distinguir entre lo que realmente estaba pasando y las veinte películas que mi cabeza podía producir en cinco minutos.
Y, sobre todo, aprendí que amar a alguien no significa desaparecer dentro de esa persona.
Significa poder estar cerca sin dejar de ser tú.
Así que sí... Sigo disfrutando mis martes con el Dr. Reyes.
Aunque sospecho que él disfruta bastante verme llegar con una nueva crisis emocional cada semana.
—¿Qué pasó esta vez? —me pregunta.
—Nada.
—Lola.
—Bueno... Elena dijo “ok” con punto.
Él suspira. Yo sonrío. Y seguimos trabajando. Porque aparentemente sanar es un proceso.
Y aparentemente yo tengo mucho material. Pero por ahora, no me quejo.
Tengo a Elena. Tengo mis martes con el Dr. Reyes. Tengo una vida que, por primera vez en mucho tiempo, se siente exactamente donde quiero que esté.
Y después de todo lo que vivimos...
Creo que finalmente puedo decir que tuvimos nuestro final feliz.
Aunque... Conociéndonos a Elena y a mí...
Probablemente sea más correcto decir:
nuestro final feliz... por ahora.
Porque si algo he aprendido de esta historia es que cuando crees que finalmente entendiste el amor...
El amor tiene la pésima costumbre de sorprenderte otra vez.
FIN DEL VOLUMEN 2
Continuará en el Volumen 3...