El final
Logan no permitió que los médicos atendieran su hombro hasta que terminaron de examinar a Nadia. Permaneció de pie junto a la camilla mientras una doctora limpiaba la herida de su labio, comprobaba sus pupilas y recorría con los dedos el hematoma que comenzaba a formarse en su mejilla.
—No tiene fracturas —informó la mujer—. Varias contusiones, las muñecas lastimadas y una distensión leve en el hombro.
—¿Necesita radiografías?
—Ya se las hicimos.
—¿Y la cabeza?
—No presenta síntomas de conmoción. Está bien, señorita. Dolorida, pero bien.
Solo entonces Logan permitió que otro médico examinara su hombro. Tenía una herida profunda producida por el borde metálico de la lancha, dos costillas lesionadas y un corte profundo bajo la mandíbula que dejaría cicatriz.
—Podría haber sido peor —dijo Logan.
Él ocupó la otra camilla sin apartar los ojos de ella. La unidad médica de Pipen estaba llena. Los agentes federales habían trasladado allí a dos de las mujeres rescatadas mientras preparaban lugares protegidos. Las demás continuaban en una clínica bajo vigilancia.
Elena estaba con Sergei y Sorina, que había pedido verla apenas le comunicaron que su amiga había sido encontrada. Matt tenía la nariz rota. Nathan necesitaba seis puntos en la frente. Sus esposas los tenían como si estuviesen al borde de la muerte, y ellos estaban tomando ventaja.
Ivan había recibido dos disparos en el chaleco y afirmaba que solo le dolía cuando respiraba, lo que Piotr consideraba una prueba de que estaba perfectamente. Todos estaban vivos.
Scott entró acompañado por un hombre del FBI.
—Encontraron el cuerpo de Reddick —informó.
Nadia dejó de moverse. Logan tomó su mano.
—¿Seguro?
—La Guardia Costera lo recuperó —respondió Scott—. Identificación preliminar confirmada. No sobrevivió al golpe contra la embarcación.
El hombre del FBI abrió una carpeta.
—Tenemos a las mujeres encontradas en el búnker, grabaciones, archivos financieros y una confesión parcial. El guardia de la lancha sobrevivió y está hablando.
Nadia se agitó un poco y Logan entendió su inquietud.
—Con eso tienen el caso construido —dijo.
—Así es. Señorita Vasilev, nos encargaremos de que sea considerada como víctima protegida. No necesitamos convertirla en el centro público del caso.
—¿Tendrá que declarar?
—En algún momento hablaremos de una declaración formal. No será hoy y no prometo que nunca deba hacerlo. Pero las acusaciones no dependen únicamente de su testimonio. Lejos de eso.
Nadia asintió con alivio. Logan sintió disminuir la presión instalada en su pecho.
—¿La esposa de Reddick? —preguntó.
—Está colaborando mediante sus abogados. Afirma que desconocía la propiedad y las actividades de su marido. Veremos si es verdad.
Scott miró el teléfono que llevaba en la mano.
—También tenemos noticias de Bulgaria.
Nadia se incorporó.
—¿Mi familia?
—Svetla y Kalina están seguras. Hablarás con ellas cuando hayas descansado. El caso es que pudimos dar un golpe a los contactos allá.
—¿Chicho Yavor?
—Intentó abandonar Varna con un pasaporte falso y una cantidad considerable de efectivo. Los hombres de Ronan alertaron a las autoridades. Fue detenido antes de subir a un vehículo con dirección a Turquía.
Nadia cerró los ojos. Durante semanas había imaginado aquel momento. Creyó que sentiría satisfacción, furia o la necesidad de enfrentar al que había considerado familia. Pero solo sintió cansancio.
—¿Poder hacer daño a mi madre? Sus contactos…
—La policía búlgara e Interpol se encargarán. Los archivos encontrados en Crownmere vinculan pagos de Reddick con Varga, y unirlo al pago a tu tío es algo sencillo. No saldrá pronto.
Nadia soltó el aire. Su tío estaba detenido.
Reddick había muerto. Las mujeres estaban a salvo.
El peligro no había desaparecido del mundo.
La red tenía más integrantes y seguramente existían otras víctimas que todavía no habían sido encontradas.
Pero el hombre que había pagado por ella nunca volvería a buscarla.
Logan le acarició los nudillos.
—Terminó.
Ella lo miró y asintió. Entonces se largó a llorar. Logan la abrazó con delicadeza y la atrajo contra su pecho. Era un llanto de liberación, que limpiaba, drenaba y aliviaba.
===
Logan condujo de regreso a casa con un brazo inmovilizado, negándose a la ayuda que le ofrecieron sus compañeros. Tozudo que era. No hablaron demasiado. El agotamiento llenaba los espacios.
Cuando llegaron, Logan recorrió el exterior de la casa. Comprobó las cámaras, la puerta posterior y las ventanas. Nadia lo observó desde la cocina.
— Los sistemas funcionar bien.
—Sí.
—Entonces dejar.
Logan se quedó inmóvil junto al panel de seguridad.
—No puedo.
La sencillez de la respuesta eliminó la impaciencia de Nadia. Se acercó y apoyó una mano sobre su espalda.
—Intentar. Por mí.
Él bajó la cabeza.
—Lo tuve delante.
—¿A Reddick?
—A ti. Antes de salir. Sabía que no debía dejarte ir y, aun así, permití que entraras en esa casa. Casi te mata —murmuró.
Hombre tonto. Se culpaba.
—No permitiste. Yo decidir. Tú respetar mucho, por eso dejar.
—Debí encontrar otra forma.
—No haber.
—Siempre hay otra —porfió.
—No ser dios, Lógan. Sí tener cuerpo de uno —quiso bromear para aflojar el momento.
Él no reaccionó. El cansancio había bajado sus defensas. Nadia vio el miedo que todavía permanecía en sus ojos y la culpa que intentaba esconder detrás de la mandíbula endurecida.
—Perdí tu señal —dijo—. Nathan salió del búnker y dijo que Reddick te había llevado. Durante varios minutos no sabía dónde estabas ni qué estaba haciéndote.
—Pero llegar a mí.
—Pude perderte.
Nadia tomó su rostro entre las manos.
—Pero no pasar, Lógan.
Logan cerró los ojos.
—No sé cómo hacer esto.
—¿Qué cosa?
—Amarte sin intentar ponerme entre tú y todo lo que pueda lastimarte.
El corazón de Nadia se detuvo. Logan abrió los ojos. La palabra ya estaba entre ellos y no intentó retirarla.
—Te amo —dijo—. Nadia, te amo. Te amaba antes de admitir que te deseaba y probablemente antes de comprender que mi casa dejó de ser un lugar vacío desde que llegaste.
Ella no pudo hablar.
—No quiero protegerte hasta que estés segura —continuó—. Quiero estar contigo después. Cuando viajes a Bulgaria. Cuando regreses. Cuando trabajes, discutas conmigo y hagas todas las cosas que van a volverme loco.
Una lágrima descendió por la mejilla de Nadia. Sentía tanto, tan hondo. La alegría y la esperanza que le robaron refulgía, distinta, más fuerte.
—Quiero que esta sea tu casa, pero no porque necesites esconderte. Quiero que la elijas. Que me elijas a mí.
—Ya elegir.
—Necesito oírlo.
Nadia acercó el rostro al suyo.
— Обичам те .
Logan la contempló.
—Sé qué significa.
—¿Sí?
—Lo busqué después de escucharte hablar con tu madre.
Una sonrisa temblorosa apareció en los labios de Nadia.
—Entonces no necesito traducir.
—Quiero que lo digas otra vez.
— Obicham te . Te amo.
Logan soltó el aire como si llevara semanas conteniéndolo. La besó con todo su ser, volcando la emoción acumulada. Logan le rodeó la cintura con el brazo sano y la atrajo contra su cuerpo. Nadia tuvo cuidado con su hombro, aunque él pareció olvidar que estaba herido.
Su boca se movió sobre la de ella con hambre. Nadia sintió el sabor salado de su piel, el roce áspero de la barba y la respiración quebrada que escapó cuando le acarició el pecho.
—Deber amarme cuando rebelde —dijo contra sus labios.
Logan apoyó la frente sobre la suya.
—Sí.
Él volvió a besarla, esta vez con más calma. Nadia deslizó los dedos bajo el borde de su camiseta.
—Ahora, descansar.
—No tengo sueño.
—Mentir.
—Estoy demasiado dolorido para dormir.
—Poder distraerte.
El deseo apareció en sus ojos.
—La doctora dijo que no hiciera esfuerzos.
—Yo estar bien.
Logan soltó una risa ronca.
—Eres una amenaza para mi recuperación.
Nadia le tomó la mano.
—Ven.
Lo condujo hacia las escaleras.
—No voy a poder cargarte —advirtió Logan.
—Tener piernas.
—Me gusta cargarte.
—Mañana.
—¿Eso es una promesa?
Nadia volvió la cabeza.
—Si ser bueno.
La mirada de Logan descendió por su cuerpo.
—Puedo ser muy bueno.
Nadia encendió la lámpara de la mesa de noche. Ayudó a Logan a quitarse la camiseta. El vendaje blanco cubría parte del hombro y varias manchas oscuras comenzaban a formarse sobre sus costillas. Ella las recorrió con la punta de los dedos.
—Te hacer daño, mi querido.
—Sobreviviré.
—No gustar.
—Ahora sabes cómo me siento.
Nadia se inclinó y besó con cuidado una de las contusiones. Logan le acarició el cabello. Ella se separó con suavidad y se desabrochó el vestido negro, que cayó laxo. La prenda quedó en el suelo como algo que pertenecía a otra mujer.
A la que había entrado en Crownmere con las manos atadas. A la mercancía que Reddick creyó recibir. Logan observó el hematoma de su hombro y la marca alrededor de sus muñecas. La furia regresó a su rostro.
—No —dijo Nadia.
—Te golpeó.
—Estar muerto.
—Te llevó.
—Y volver.
—Nadia…
Ella tomó su mano y la colocó sobre su pecho.
—Estoy aquí.
El calor de la palma atravesó su piel.
—No más noches para otros. Mirar a mí, pensar en mí.
—Siempre.
La besó. Nadia lo hizo retroceder hasta la cama y lo obligó a sentarse. Se arrodilló para quitarle los zapatos y los pantalones.
—Puedo hacerlo —protestó.
—Tener solo un brazo.
—El otro funciona.
—Quiero ayudarte.
Logan dejó de discutir. Nadia se quitó la ropa restante y se colocó frente a él. No había música ni vino. No necesitaban luces suaves ni distracciones. Solo sus cuerpos, golpeados y cansados, y la certeza de que seguían allí.
Logan extendió una mano. Nadia se sentó sobre sus piernas con cuidado. Lo rodeó con los brazos y lo besó hasta sentir que el cuerpo de él reaccionaba debajo del suyo.
—Deberíamos dormir —murmuró Logan.
Nadia movió lentamente las caderas. Él cerró los ojos.
—Puta hostia.
—¿Te duele?
—No.
—Entonces mírame.
Logan abrió los ojos. Nadia reconoció el instante en que dejó de verla como paciente y sus ojos apreciaron con deseo a la mujer que lo amaba, lo deseaba y había decidido permanecer allí. Él le sostuvo una cadera con la mano sana.
—Despacio.
—¿Por hombro?
—Por mi control.
Nadia sonrió. Volvió a besarlo mientras extendía una mano entre sus cuerpos. Lo acarició hasta sentirlo completamente duro. Logan dejó caer la cabeza hacia atrás.
—No juegues conmigo, ptichka
—No jugar… Ayudar…
—Entonces ven aquí. Busca el condón…
—No condón, Lógan.
Él se mordió la boca y cerró los ojos.
—Quieres matarme — Logan la sostuvo por la cintura—. ¿Segura?
—Sí.
Se devoraron lentamente, con algunos quejidos al rozarse heridas, con risas al chocarse, con pasión creciente. Logan gozó de sus senos, succionando con gula sus pezones, marcando su piel como si quisiera adornarla.
—Mi bella búlgara…
—Lógan… Mi protector…
Cuando él entró en ella ambos temblaron. Sin barrera de látex el calor mutuo era abrasador, como si la polla acariciara cada trocito del interior de su coño.
—Tan justa… Tan bueno…
Nadia cerró los ojos, adaptándose, bailando sobre él, dejando que se metiera más y más adentro suyo, hasta quedar sentada por completo sobre sus muslos.
Los dos permanecieron inmóviles por un glorioso minuto, donde las miradas comandaron.
—Te amo —dijo él.
Nadia volvió a mirarlo.
—Otra vez.
—Te amo.
Movió las caderas y el placer se extendió por su vientre. Logan la ayudó a encontrar un ritmo que no exigiera su hombro. Nadia apoyó las manos sobre su pecho y comenzó a moverse con mayor libertad.
Meciéndose, girando, gozando del contacto extremo. Él la contemplaba con deseo, pero también con admiración y una vulnerabilidad que Logan no mostraba ante nadie. Nadia aumentó el ritmo.
—Más despacio —pidió él.
—No.
La mano sobre su cadera se cerró.
—Mandona.
—Te gusta.
—Demasiado.
Logan levantó el torso y atrapó uno de sus pezones con la boca. La sensación hizo que Nadia curvara la espalda. Él recorrió el otro con los dedos mientras ella continuaba moviéndose. El placer aumentó. Nadia hundió una mano en su cabello.
—Lógan…
—Estoy aquí.
—No parar…
—Nunca.
Él deslizó los dedos entre sus cuerpos. Nadia perdió el ritmo cuando encontró el punto sensible y lo excitó. Logan sostuvo su cintura y la ayudó a continuar, observando cada cambio de su rostro.
—Córrete.
Ella apoyó la frente sobre la suya.
—Contigo.
—Conmigo.
El orgasmo llegó y la atravesó por completo. Se aferró a Logan, estremeciéndose sobre él. Su movimiento se volvió irregular. Logan pronunció su nombre y perdió también el control. La temperatura de su interior aumentó, su esperma en su centro.
—Dios, joder… Es divino, ptichka , divino.
La rodeó con el brazo sano y escondió el rostro en su cuello mientras el placer los mantenía unidos, abrazados hasta recuperar la respiración. Nadia se acomodó junto a él con cuidado de no tocar el hombro herido. Logan la acercó de todos modos.
—Mañana hablaremos con tu madre —dijo.
—Sí.
—Después comenzaremos a organizar el viaje.
—Tu venir
—No conseguirías dejarme aquí aunque lo intentaras.
—Poner feliz…
Él besó su frente.
—Cuando volvamos…
Nadia levantó la cabeza.
—Volver, sí.
Logan la observó.
—¿Estás segura?
—Querer ver a madre y Kalina. Querer ayudarlas. Pero no regresar a vida de antes. Tal vez ellas venir también.
—Tal vez. O podemos viajar seguido a verlas. No tienes que elegir.
La respuesta alivió un temor que Nadia todavía no había pronunciado.
—Tener dos camas.
—Mientras duermas a mi lado, no importa en qué cama. Te amo.
Nadia apoyó la mano sobre su corazón.
—Te amo.
—Otra vez.
—Te amo.
Nadia sonrió y cerró los ojos. No sabía cuánto demoraría la recuperación de Elena ni cuántas mujeres podrían ser identificadas gracias a los archivos. Tampoco sabía qué ocurriría con su madre, con Kalina o con la vida que había dejado en Bulgaria. Pero ya no necesitaba conocer todas las respuestas.
Logan no la retenía. Ella podía marcharse cuando quisiera. Precisamente por eso había decidido quedarse.
— Обичам те —susurró.
Los brazos de Logan se estrecharon a su alrededor.
Afuera comenzaba a amanecer. Dentro de la casa, Nadia escuchó el corazón del hombre que amaba y comprendió que estaba a salvo. Amaba y era amada. El sol brillaba sobre su vida.
FIN