Capítulo 27
S e había hecho tarde para cuando regresamos al pueblo. Natasha giró a la izquierda en lugar de a la derecha y la miré fijamente. —Mi pueblo tiene como cinco calles. ¿Cómo es posible que te pierdas en ellas?
Ella miró hacia delante. —Meredith, ¿qué está pasando? Sé que todos vosotros sois muy dados a los festivales, pero ¿qué podrían estar celebrando esta noche y por qué no me lo ha mencionado Samson?
Miré hacia la zona del cenador central y sonreí al ver cientos y cientos de diminutas estrellas plateadas y doradas colgando de los árboles.
Había luces blancas ensartadas por todo el cenador.
—Nadie me ha dicho que íbamos a tener un Festival del Crepúsculo.
¡Me encantan! No he ido a uno en años. ¿Podemos parar?
—No lo sé —dijo ella, mordiéndose el labio—. No quiero que Landry se preocupe por ti. Le has dicho que estarías en casa en unos diez minutos cuando has llamado para avisar.
—Natasha, es un Festival del Crepúsculo. Por fi, por fi.
Ella se rió. —Está bien.
Encontró un lugar para aparcar y nos bajamos, dirigiéndonos directamente hacia el grupo de gente congregada. La música sonaba por el sistema de sonido exterior y casi todo el mundo en el pueblo parecía estar allí.
Choqué con alguien y se dio la vuelta ligeramente. Me quedé sin aliento. —¿Brice?
Él sonrió de oreja a oreja. —Hola, tú.
—¿Qué narices haces aquí?
—He pensado en hacerte una visita sorpresa —dijo, tomando mi mano entre las suyas—. ¿Qué tal un baile?
—Me encantaría, pero mi actual... esto, no sé cómo llamarlo, parece tener graves problemas de celos contigo, y me gustaría evitarle un berrinche si es posible.
Natasha se rió. —Mer, baila con el hombre. Landry estará bien. Estoy segura de ello.
Rindiéndome, puse mi mano en la de Brice y dejé que me guiara entre la multitud hasta la zona de baile frente al cenador.
Yo era todo sonrisas, mirando a las estrellas y las luces, recordando cuánto me había gustado siempre esta celebración.
Brice me atrajo hacia él y empezó a bailar despacio. Yo seguía absorta con las estrellas.
—¿Puedo interrumpir? —preguntó una voz familiar.
Me giré un poco y se me cayó la mandíbula. —¿Lucas?
Él sonrió. —Hola, Mer.
—¿Qué haces...? —Ni siquiera pude terminar la pregunta antes de que Lance estuviera allí, tomando mi mano, confundiéndome. Me hizo dar una vuelta y de repente Sherman estaba allí, tomando el relevo. Estaba mareada para cuando llegué a mi hermano, que era todo sonrisas.
Bailó conmigo un segundo antes de besarme la frente y entregarme a mi padre, que parecía a punto de llorar. —¿Papá?
Me abrazó con fuerza. —Te quiere, Meredith. Ha hecho todo esto por ti.
—¿Quién ha hecho qué?
Mi padre me hizo girar y me encontré a Landry allí de pie. Respiró hondo y puso una rodilla en el suelo. Me quedé sin aliento y le agarré del hombro. —Levántate. ¿Qué estás haciendo?
—Calla, Meredith —dijo Peggy desde un lado.
Landry la miró. —Gracias. —Su mirada volvió a mí mientras sacaba una cajita negra de su bolsillo trasero.
Mi corazón empezó a latir a un ritmo que no podía ser saludable. Intenté controlar mi respiración y fallé. Abrió la caja y, en el momento en que vi el diamante de talla Asscher central rodeado por una hilera de cuatro diamantes en una alianza de oro blanco, me tambaleé.
—Meredith, eres excéntrica, poco convencional, hermosa, inteligente y estoy tan enamorado de ti que no puedo ni ver con claridad. ¿Quieres casarte conmigo?
En un momento estaba mirando a Landry y, al siguiente, me caía hacia atrás, viendo estrellas literalmente en mi descenso. Alguien me atrapó y me dejó suavemente en el suelo. Parpadeando, intenté orientarme.
—¡Meredith! —Landry se inclinó sobre mí—. ¿Cariño?
—La idea de casarse contigo es demasiado para ella, hijo —bromeó Sherman.
Izak apareció de repente, agachándose y examinándome.
Le aparté la mano. —Estoy bien. Es solo que, bueno, he tenido mareos los últimos días. No era mi intención... Estoy bien.
Izak me lanzó una mirada inquisitiva. —¿Qué más has estado sintiendo? ¿Malestar estomacal?
—Un poco. ¿Por qué?
—Meredith, ¿estás embarazada?
Mis ojos se abrieron aún más. —¿Qué? ¡No! No puede ser...
Landry me atrajo hacia él, besándome con ternura. —Esto, cariño, ¿tengo que explicarte cómo funcionan estas cosas?
—¿Landry? —Le empujé—. Déjalo. Déjame levantarme.
—Poco a poco —dijo Izak, ayudándome a ponerme en pie.
Landry me pegó a él y me sujetó con fuerza. Estaba sonriendo como un tonto otra vez. Le di un manotazo en el brazo. —Capullo.
—Entonces, ¿eso es un sí o un no a mi pregunta? —preguntó, haciendo reír a la gente de nuestro alrededor.
Miré a mi alrededor, a la gente que quería, y vi el apoyo y el ánimo en los ojos de todos.
Natasha asintió hacia mí, llorando suavemente.
Samson le pasó el brazo por los hombros y también asintió hacia mí.
—Dile que sí al pobre chico, Mer. Se ha pasado el día organizando esto.
Demonios, incluso se puso en contacto con Brice, sabiendo que Brice podría encontrar un anillo que te gustara.
—¿Llamaste a Brice? —pregunté, mirando a Landry.
—Hice un sacrificio por el equipo, sí. —Me besó en la mejilla—. ¿Puedo tener una respuesta?
—Sí.
Él respiró hondo y se puso tenso. —Vale, estoy listo. Dímelo. Puedo soportarlo, Mer. Si es demasiado pronto para ti, esperaré y te lo pediré otra vez, y otra, y otra.
—Landry —le acaricié la mejilla—, ya te he respondido.
—¿Lo has hecho?
—¡Ha dicho que sí! —gritó Marsha.
—¿Sí? —preguntó Landry.
Riendo, asentí. —Sí.
Me levantó y me hizo dar vueltas en un círculo, abrazándome con fuerza.
Cuando me bajó, inclinó la cabeza y me besó hasta el punto de que volví a marearme.
Por suerte, me sostuvo en todo momento. Se apartó y sacó el anillo de la caja.
Me lo puso en el dedo y cerró su mano sobre la mía, besándome de nuevo.
Otra canción empezó a sonar y me reí contra su boca al oírla. Era la misma con la que habíamos tenido nuestro ingenioso intercambio cuando choqué con él por primera vez.
Landry comenzó a bailar lentamente conmigo y no podría asegurarlo, pero no creo que hubiera un solo ojo seco en toda la zona.
Rodeando el cuello de Landry con mis brazos, dejé que me guiara por la pista de baile.
Antes de darme cuenta, yo también estaba llorando.
Acuné su rostro y le besé a fondo. La canción terminó y empezó otra.
Otros se unieron a nosotros, bailando también.
Izak apareció con un vaso de ponche. —Toma, Mer. Bebe esto a sorbitos, ¿vale?
—Estoy bien, Izak, pero gracias —dije, cogiendo la bebida.
—En realidad, tu amiga Natasha me ha interceptado y me ha dicho que la última vez que te vio desmayarte, estabas embarazada.
—No he... no estoy... —tragué saliva.
Landry se rió entre dientes y juntó su frente con la mía. —Respira, Mer. Tenía el presentimiento de que podrías estarlo. Sé lo que ha pasado entre nosotros, y sé lo que no ha pasado, si me entiendes.
Tragué un sorbo de ponche y le entregué el vaso a Izak. Él me guiñó un ojo y me besó en la mejilla. —Pide una cita conmigo. Si quieres, me encantaría ser yo quien te ayude.
Le abracé y luego nos dejó a Landry y a mí allí de pie.
Un ligero momento de pánico se apoderó de mí.
Landry sacudió la cabeza. —No. Lo veo en tus ojos.
Esto es algo totalmente nuevo, Mer. No es la historia repitiéndose.
Tú y yo estamos hechos el uno para el otro.
Piensa en cuántas veces se han cruzado nuestros caminos en la vida.
No puedo pensar que sea solo una casualidad que conocieras a mi madre cuando lo hiciste, que hablaras con ella, que escucharas su confesión y que ella me dijera, así es, Mer, a mí , que te eligió a ti para mí.
Yo también te elijo a ti para mí, Mer. Por ahora. Para siempre.
Me toqué el vientre ligeramente, con la preocupación aún marcada en mi rostro.
Landry me acarició la frente. —Lo que tenga que ser, será, cariño.
Ya no me hago más joven y quiero una familia.
Quiero una vida plena contigo. Solo espero que nuestros hijos salgan a mí.
No estoy seguro de que mi corazón pueda soportarlo si son todos tan excéntricos como tú. —Me guiñó un ojo y me besó.
—Landry —susurré.
—¿Sí, cielo?
—Te quiero muchísimo —dije, besándole.
—Mmm, yo también te quiero.
FIN