Capítulo 21
S amson sacó a Natasha a la pista de baile y me reí al ver la expresión de su cara.
Di un sorbo a mi refresco y puse los pies en su silla mientras ella no estaba.
Izak se sentó después de haberse pasado las dos últimas canciones en la pista con una rubia buenísima.
Jeremiah se quedó cerca de mí, empinando cervezas.
A su derecha estaba Landry. Hasta ahora, éramos los únicos tres que no habíamos estado bailando con nadie.
No era por falta de candidatos.
Izak se levantó y volvió a desaparecer en cuestión de segundos, esta vez con una pelirroja. Me reí.
Otro hombre se acercó con la mirada fija en mí. Me recosté en la silla, agarré el brazo de Jeremiah y me lo envolví alrededor del cuerpo. Jeremiah se rió por lo bajo cuando el hombre tragó saliva y salió disparado.
—¿Piensas usarme de escudo toda la noche? —preguntó.
Sonreí mientras echaba la cabeza hacia atrás.— Qué va, en cuanto entre el Señor Perfecto cambio de mesa pero ya.
Él rió.— Abandonado así, sin más.
—Oh, sí.
—Me pica la curiosidad por saber qué haces cuando sales de fiesta por la ciudad. Sé lo mucho que te entusiasma que hombres que no conoces te manoseen.
—Ah, Natasha y yo acabamos limitando nuestras salidas a garitos que se prestan a bailar o cosas así.
Llegó un punto en que no podíamos ni hablar por la cantidad de tíos que venían a soltarnos frases de ligue cutrísimas.
Aunque, durante un tiempo, llevábamos la cuenta de qué frases usaban más los tíos.
—Me muero por oír algunas —dijo Jeremiah.
Landry solo gruñó.
Me encogí de hombros.— A Natasha le preguntan mucho si es actriz. A mí me preguntan si soy modelo. No es muy original, pero supongo que es mejor que me pregunten si juego al baloncesto. —Apoyé la cabeza en el brazo de Jeremiah.— Echaba de menos esto.
—¿El country line dancing? —preguntó con un deje de diversión.
—No, echo de menos esto. Cómo aquí todo parece ir más despacio. No hay prisas. No vas a tope hasta las tres de la mañana para luego darte la vuelta y levantarte a las seis para estar en el trabajo en seguida.
—Las vidas de los ricos y famosos, ¿eh? —preguntó.— ¿Tienes algún ricachón nuevo que vaya a aparecer por aquí?
Gruñí.— Ejem, Jer. ¿Te das cuenta de que tú también vales millones?
—Sí, pero…
—Lo sé. Eres bombero y estás condenadamente feliz con esa vida y no quieres saber nada del dinero de tu familia. Querido mío, eres un Macy. Te guste o no. Aun así, técnicamente estás forrado.
—Ya, bueno, le echo la culpa a Phillip de que ese tal Brice siga pisándote los talones.
—No me está pisando nada. Es mi amigo. Lleva siendo mi amigo tres años.
Jeremiah alzó una ceja.— Ajá, no, Jer —imitó la voz de Phillip—, Mer y yo solo somos amigos. Es demasiado joven para mí. Jamás tocaría a la hermanita de Samson. —Me miró directamente a los ojos.— ¿Decías?
—No compares a Phil y a Brice. Son dos hombres completamente distintos.
Landry bebió su cerveza lentamente, más interesado en nuestra conversación de lo que debería.— El nombre de Phillip sale mucho cuando se menciona el de Meredith.
Le ignoré.
Jeremiah asintió.— Le dedicó seis años a ese capullo.
—Y cualquiera diría que habría aprendido a no dejar que los hombres me mareen o me utilicen —dije, mirando a Landry, que de hecho se removió en la silla.
Aparté la vista y me quedé observando a Natasha y Samson bailar.
Me di cuenta de que alguien me estaba haciendo una pregunta.— ¿Mmm?
—Landry quería saber por qué lo dejasteis.
—Me follé a su mejor amigo —dije con tono neutro, sin que se me moviese un músculo de la cara.
Los ojos de Landry se abrieron como platos.
Jeremiah gruñó.— No lo hizo. Ese es Izak, por si te lo preguntas. Y, repito, Mer no se acostó con él. Se inventa cosas por deporte porque… —Me echó una mirada y me tocó la mejilla.— …la verdad duele.
Sonreí y le di un mordisquito en los dedos.— Igual por eso me gustan tanto las subastas. Quiero decir, sé lo que valgo, ¿no?
Jeremiah parecía a punto de estallar.
Me giré hacia él.— Está bien, Jer. De verdad.
Es un poco irónico si lo piensas. Y tienes razón, creo que acabo rodeada de gente como Phillip porque es lo único que he conocido, y no veo dinero cuando miro a hombres como Brice y Phillip.
Veo al hombre. No su dinero. Pero no soy tan estúpida como para volver a caer en sus encantos, porque tengo muy claro qué es lo más importante para ellos al final.
Él se tensó.
Le acaricié la mejilla sin afeitar.— Deja ya esa cara larga. Es pasado. Yo seguí adelante. Él también.
—Claro. Por eso no para de intentar sonsacarme cosas sobre ti a Izak y a mí.
Y por eso aparece un tío por aquí y prácticamente le dice a todo el pueblo que te quiere, y tú lo mandas a paseo.
Si hubieras pasado página, no te daría miedo comprometerte con alguien.
No mantendrías a los hombres por los que podrías sentir algo en la categoría de simples amigos.
Moví las cejas arriba y abajo.— ¿Estás diciendo que quieres que te dé lo tuyo?
Él dio un respingo.— ¡No! Meredith, eres como una hermana para mí. —Se detuvo.— Estabas de coña otra vez. ¿Puedes ponerte seria, solo una vez?
—Posiblemente. Nunca lo he intentado de verdad. Pero en serio, debería tatuarme un código de barras para que la gente me pueda escanear y ver mi precio de salida. —Me reí.
Él no.
—Jeremiah, por favor, relájate.
—¿Que me relaje? —repitió.— Mi puto tío te ofreció medio millón de dólares para que dejaras a Phillip. Cuando rompiste el cheque y se lo tiraste a la cara, se dio la vuelta y le ofreció a Phillip cinco millones para que aceptara dejarte.
La cara de Landry se cubrió de asombro.
Sonreí.— Ah, por si no lo has deducido, Phil no rompió el cheque.
Jeremiah negó con la cabeza.— No te quedes ahí, con una sonrisa, tomándote todo a broma. ¿Quieres que llame a Natasha para que te recuerde lo destrozada que estabas?
Entorné los ojos y suspiré.— Vale, pero no me hago responsable si te ataca con solo oír el nombre de Phil. —Le mandé un beso.
Gruñó, se levantó y se marchó hecho una furia. Sabía que volvería. Solo necesitaba desahogarse un poco.
Landry me observó con atención.— ¿Eso pasó de verdad o es otra broma?
Se me llenaron los ojos de lágrimas e intenté mantener la sonrisa. No lo conseguí.
Landry intentó acercarse a mí. Alcé una mano y negué con la cabeza.
—Estoy bien. —Levanté mi refresco.— ¿Y tú? ¿Algo del pasado que desearías poder borrar? Algo grande.
Asintió.— Hay muchas cosas de mi pasado que desearía poder cambiar.
—Di una.
—Cambiaría lo que has visto hoy —dijo, sin apartar la mirada de mí.— Podría decir que no es lo que parece, pero esa frase está muy gastada en boca de hombres de todas partes.
Pensé en lo que me había dolido verle con Mary Sue.
Abrió la boca para hablar. Negué con la cabeza y me moví a la silla de Jeremiah para poder sentarme más cerca de él.— Dejémoslo estar, ¿vale? Hablemos de otra cosa. Vamos a jugar al juego del “me la haría”. —Señalé a una pelirroja.— Me la haría. ¿Tú?
Se le abrieron los ojos.— ¿Te la harías? Quiero decir, ¿a ella?
Me reí.— Juega, Landry. No puedes pensártelo. Solo tienes que responder.
Señalé a una chica morena.— No es para mí.
—Para mí tampoco. Tiene pinta de ser de alto mantenimiento —dijo, haciéndome reír tan fuerte que casi ladré.
Pasó un brazo por encima de mis hombros y me atrajo hacia él mientras yo seguía señalando a gente del local. Cuando señalaba a hombres, él se reía por lo bajo, batía las pestañas y me decía que casi no podía resistirse. Le empujé los abdominales duros.— Pringado.
Señaló a Izak. Casi devolví la cena.
Se echó a reír y luego señaló a un rubio guapísimo. Me espabilé.— Sí.
—¿En serio? ¿Por qué? —preguntó, apretándome aún más contra él.
—Mira el culo que tiene con esos vaqueros. Me gusta que un hombre tenga culo.
Me escrutó y luego se echó a reír. Sonreí y, cuando me quise dar cuenta, los labios de Landry estaban muy cerca de los míos. Se inclinó más, cerrando los ojos. Me eché hacia atrás de un tirón.
—¿Meredith?
Recuperé mi vaso de refresco y me quedé sentada recta, negándome a apoyarme en él otra vez.
Me acarició el hombro y yo me encogí, apartándome de su contacto.
—Te pedí tiempo. Me lo diste. Se me olvidó mencionar que preferiría que no te follaras a otras mientras te tomabas ese tiempo, pero bueno, nunca fuimos una pareja oficial, así que, en realidad, no tengo dónde caerme muerta.
Lo único que sé es que he terminado. ¿Quieres amistad?
Vale. Eso sí puedo ofrecerte, pero jamás, nunca, volveré a ofrecerte nada más.
No necesito más tiempo. Mi decisión está tomada.
Él suspiró.— Mer, yo…
Señalando la entrada, llamé la atención sobre la mujer que estaba allí. La misma con la que se había estado besando en su cafetería.—Aquí está tu amiga. Debe de haber sentido que hablábamos de ella.
Me cogió de la mano.— Meredith.
La mujer de la cafetería nos vio y sonrió de oreja a oreja, viniendo directa hacia él, como una tigresa al acecho. Desprendiendo mi mano de la de Landry, hice lo posible por parecer indiferente a la presencia de la mujer. Fracasé estrepitosamente.
Se instaló en la silla del otro lado de Landry y yo no me corté un pelo al volver a la silla en la que había empezado, dejando una vacía entre Landry y yo.
Natasha y mi hermano reaparecieron. Sus labios se apretaron al ver a la mujer de la cafetería. Samson tampoco parecía muy encantado de que la señora de la cafetería estuviera con nosotros.
—Mary Sue —dijo, con la voz tensa.
Ella sonrió ampliamente.— Samson, hola, cariño. ¿No es genial? ¿Todos aquí? Como cuando Landry llegó al pueblo por primera vez, ¿eh? —Le recorrió el brazo a Landry con los dedos, y tuve que apartar la vista. O hacía eso o me echaba a llorar.
En cuestión de segundos, Natasha estaba arrastrando a mi hermano de vuelta a la pista de baile.
Bebí de mi refresco e hice todo lo posible por fingir que Landry y Mary Sue no existían. Me concentré en la mesa de delante. Era mejor que ver a Mary Sue colgada de Landry.
—Mer —dijo Natasha, apareciendo de repente—. Deberíamos irnos ya.
—¿Ya has terminado de bailar con mi hermano? —pregunté, preguntándome si no debería pasarme a algo más fuerte que un refresco.
Ella miró algo que yo no veía y volvió a mirarme.— Cariño, te quiero, y créeme cuando te digo que quieres levantarte e irte conmigo ahora .
Inclinando la cabeza, miré por encima de su hombro.
Se me cortó la respiración, pero mantuve la compostura, negándome a dejar que el recién llegado supiera el poder que aún tenía sobre mí.
Phillip avanzaba entre la gente, con la mirada clavada en mí.
Estaba impresionante, con el pelo negro cortado al ras y la mirada verde, intensa.
—Hablando del rey de Roma —dije, echándome hacia atrás en la silla y dejándome llevar por las ganas de aparentar que era un día cualquiera.
Natasha me agarró del brazo.— Cielo, vámonos. No necesitas esto encima del día que llevas. —Le lanzó una mirada asesina a Landry.
Mary Sue seguía colgada de él.
Sonreí de oreja a oreja al mirar a Landry.— Y apuesto a que pensabas que esta noche no podía ir a mejor.
—Mer —dijo Natasha—. Samson ha recibido una llamada. En cuanto vuelva, hará que el capullo se largue.
Phillip salió de la multitud y se acercó a la mesa.— Hola, cariño, qué casualidad encontrarte aquí.
Natasha se volvió hacia él.— Lárgate.
—Es un sitio público —dijo él, sin hacerle demasiado caso.— Será Mer quien me diga que me vaya, y entonces me iré.
—Ofrécele cinco dólares —le dije a Natasha—. Le gusta el dinero y el número cinco.
Phillip soltó el aire despacio.— Me preguntaba cuánto tardarías en soltarme una puya por una estupidez que hice cuando era joven.
—¿Has madurado mucho en cuatro años? —pregunté, bebiendo de mi refresco, con las emociones por las nubes, aunque de algún modo lograba mantener la calma.— Justo estábamos hablando de ti.
La mirada de Phillip se deslizó hacia Landry y volvió a mí. Alzó una ceja.— ¿Ah, sí? ¿Me atrevo a preguntar?
—En realidad, estábamos hablando más bien de mi precio de mercado. Ya sabes —dije—. De la cantidad que decidiste que valía más que yo.
Landry se puso rígido.— ¿ Este es Phillip Macy?