Loca por ti Capítulo 13 #2
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Capítulo 13 #2

Me encogí de hombros. —Me costó una hora convencerle de que podíamos tomar un gyro tan bueno, si no mejor, en un puesto callejero que en sus restaurantes pijos, así que es muy probable que, como Phillip, tenga una idea distorsionada del dinero y no se lo piense dos veces antes de gastarlo.

—Puede. Natasha tiene razón. Atraes a los tíos forrados. ¿Por qué es eso?

Alcé las manos por encima de la cabeza y me balanceé. —Porque cuando nací los ángeles me espolvorearon con polvo de oro y eso atrae a los hombres ricos. —Batí las pestañas.

—Estás como una cabra —dijo Samson.

—Lo sé.

Señaló de nuevo el collar. —¿Vosotros dos solo pasasteis un día dando vueltas, compartiendo detalles de vuestra vida, y luego simplemente os separasteis, sin intercambio de apellidos, sin nada? ¿Cómo te hizo llegar esto si no sabía quién eras?

Me mordí el labio inferior. —Bueno, pasamos todo el día juntos y al final acabamos delante de un restaurante donde había quedado con su hijo mayor —expliqué—.

Su hijo salió hecho una furia porque, por lo visto, su padre llegaba tarde, y el tío me echó una mirada, con mi brazo enganchado al de su padre, y se volvió loco.

Me llamó puta de lujo, una tía buscando un sugar daddy, lo que quieras, me lo llamó.

Sherman intentó defenderme y explicarle que no era así.

El hijo le dijo que era un cabrón porque ni siquiera había esperado a que su madre estuviera fría bajo tierra para buscarse un modelo más joven.

Samson emitió un sonido extraño.

—En algún momento del paseo, Sherman había metido el informe que estaba leyendo para Brice en el bolsillo de su chaqueta, porque yo no tenía dónde guardarlo con el vestido que llevaba.

Se me olvidó que lo tenía él. Al día siguiente, cuando llegué a la oficina, me encontré una margarita con una caja de joyas debajo.

Lo único que ponía la tarjeta era “gracias por ayudarme a pasar el día”.

El informe estaba sujeto debajo. Intenté averiguar su apellido para poder devolverle las joyas, pero nunca lo conseguí.

—Señalé la pared—. La mayoría del resto de cosas son de Brice.

Tardó dos años en darse cuenta de que yo no era precisamente la clase de chica a la que hay que duchar en diamantes.

Conseguir que devuelva un regalo es como decirle a una mujer que acaba de dar a luz que meta al crío otra vez dentro.

Samson se echó a reír y negó con la cabeza. —Eres la persona más rara que conozco.

—Gracias. —Me puse de puntillas y le di un beso en la mejilla—. Yo también te quiero.

—Oye, ¿quieres darme una descripción del capullo que te llamó puta de lujo? —dijo Samson, tamborileando un dedo en la encimera.

—No sé. Landry en versión ejecutivo , supongo. Imagínatelo bien afeitado, con el pelo corto, en un traje caro y con un móvil pegado a la oreja.

Samson hizo un ruido raro. —Estoy por irme a buscar al imbécil por toda la ciudad.

Me reí. —¿Quieres oír algo gracioso?

Se quedó inmóvil.

—Sherman no paraba de decirme lo mucho que creía que a su hijo le gustaría. Decía que le recordaba a su mujer: descarada, respondona y dulce, todo en uno, y que su hijo se quedaría prendado de mí en seguida. Creo que se equivocaba. Su hijo actuó como si yo fuera la ramera de Babilonia.

Samson me besó la punta de la nariz. —Cuando lo encuentre, le patearé el culo por ti.

—Gracias.

—Mer… —miró por encima de mi hombro—, ¿y si te dijera que Landry está al tanto de Matthew y de su muerte, y que sabe otros detalles de tu vida que apuesto a que preferirías que no supiera?

Me puse tensa. —Nunca ha dicho nada. ¿Se lo has contado tú?

—Sí y no. —Me giró para que mirara en la otra dirección, y fue entonces cuando recordé que Landry había estado en la cocina con nosotros. Estaba tan atrapada en mis emociones que no había registrado todo lo que pasaba a mi alrededor, incluido Landry.

Por una fracción de segundo, consideré la posibilidad de perder los nervios.

Landry tragó saliva con fuerza y carraspeó. —Yo, eh, tu dormitorio. Yo. En él contigo.

Me detuve y mi hermano también. Los dos nos quedamos mirando a Landry.

Él exhaló lentamente. —Quiero decir, que querías que te colgara unas baldas en el dormitorio. Puedo hacerlo.

—Uf, por un momento he pensado que me estabas pidiendo que te llevara arriba y me acostara contigo. Como si fuera un polvo de lástima o algo.

—Mer —advirtió Samson.

Sonreí. —Ve a vigilar a las cuadrillas. Sé lo mucho que te gusta hacer eso.

Se alejó, y yo alargué la mano hacia la de Landry, queriendo comprobarla, ya que le habían quitado los puntos unos días antes. —Déjame ver.

—Está bien, Meredith —dijo él, con voz tranquilizadora.

Se la cogí igualmente y me la llevé a los labios, besando el sitio del que le acababan de quitar los puntos.

Se acercó más a mí, juntando su frente con la mía.

Me miró fijamente y luego, así sin más, sonrió, y ese simple gesto me dijo que no me veía con lástima ni iba a montar un drama por lo que había oído.

También consiguió otra cosa. Me dejó dolorosamente claro que ya estaba empezando a enamorarme de él.

Me puse de puntillas y le di un beso en la mejilla. Él me sujetó por la cintura y me pegó a él de un tirón. Por un segundo tenso, creí que iba a besarme. En lugar de eso, se apartó y tomó aire hondo. —He jurado no volver a estar con mujeres.

—Lo sé, no me dejas olvidarlo —dije sin querer.