Lobo (Mafia Italiana 2) ELIO
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ELIO

EL DÍA DEL SECUESTRO DE SOFÍA…

Furia ardiente. Una que me recorre cada hueso del cuerpo. Tanta que no puedo ni pensar con claridad. Solo sé que conseguiré que mi madre vuelva conmigo a toda costa.

Taddeo me acompaña, como siempre. Él y Ciro han sido los que han impedido que me vuelva loco a lo largo de mi vida. Aunque algunos jurarían que ya lo estoy.

No dudé ni un ápice cuando le dije a nuestro piloto de confianza que nos llevará en nuestro jet privado hasta Londres. Mi colega se encargó de poner a nuestra disposición un vehículo para cuando llegáramos.

Taddeo entró en los satélites para dar con la ubicación de ella, mientras yo busqué una tienda abierta para hacerme con una tarjeta de prepago y un móvil. Solo lo utilizaré una vez. Conozco a mi hermano, sé que irá en busca de Gepetto y necesita un seguro de vida; ese seguro es Bella.

Me relamo solo de pensar en todo lo que le hecho ya, y eso que solo ha sido el principio.

Su puto padre depravado ha secuestrado a mi madre y yo corromperé a su preciosa hija.

Todo lo que he hecho en mi vida como el monstruo que soy se quedará corto con lo que le pienso hacer a ella.

Voy a dominarla, a obligarla, a reventar su dignidad, su coño.

La someteré sin que tenga poder de decisión.

Haré que prefiera morir antes que seguir viviendo.

Pero no se lo permitiré, porque es mi próximo juguete.

Y me voy a divertir mucho.

—Ahí está —me indica Taddeo señalando al frente.

La veo entrando en un bar. Miro a mi colega con la intención clara. Él asiente entendiéndome. Salimos del coche, sin prisa. No la tenemos porque ella no nos espera. Aparte pienso disfrutar de este pasatiempo con mucha dedicación y con lentitud para saborearlo todo lo posible.

Resulta que ella trabaja aquí. La observo cómo saluda a la otra camarera. Suelta su chaqueta y bolso y se mete detrás de la barra para atender a los clientes.

Una música atronadora retumba en mis oídos.

El interior está envuelto en una neblina de humo que difumina las luces de colores y convierte las siluetas de los jóvenes en sombras inquietas que se mueven al ritmo de los graves.

El olor es una mezcla de alcohol, sudor y perfume barato.

Las risas, los gritos y el tintineo de los vasos se mezclan en un ruido caótico que vibra por todo el ambiente.

Y yo me camuflo entre todo el caos. Levanto el móvil para hacer una foto perfecta del alma pura que pienso destrozar. Se la envío a Ciro. Espero que le sirva, porque no volveré hasta cumplir mi objetivo. Tiro el móvil al suelo y le pego un pisotón. Así no me rastrearán.

Porque necesito mi tiempo. Mi madre es mi vida. Sin ella, sin nadie que me controle, mi bestia gana la partida. Esbozo una sonrisa perversa.

Bella ya ha conocido a Bestia. Ya he probado su exquisito coño.

Y no podrá escapar.

Es mía.

Lo decidí en el momento en el que descubrí que quizá no soy el único monstruo de la historia.