22Lizzy
Lizzy
Creí estar preparada para verlo de nuevo, pero al instante me doy cuenta de que nunca fue así.
Lo sé porque debería respirar con normalidad y no temblar como si me hubieran bañado con un balde de agua helada; porque tendría que sonreír y saludarlo como a un viejo amigo y no quedarme congelada como si hubiera visto un fantasma; porque debería expresar que estoy feliz de volver a verlo en lugar de quedarme sin decir nada.
Porque Luca ya no es mi Luca. Pero a la vez sigue siendo él.
—Lizzy…
Sus ojos verdes, leoninos, me atraviesan.
Luca ya no es el muchacho que vi por última vez.
Ahora es un hombre de veintiséis años, y eso se evidencia en los rasgos faciales que se han vuelto más adultos y han dejado atrás la suavidad de la adolescencia.
Aún debe tener la misma estatura, pero da la impresión de que ha crecido un poco más.
Su cuerpo ha ganado volumen y es notorio que lo ha trabajado en algún gimnasio: su espalda ancha y los músculos de los brazos lo anuncian con desborde.
El cabello dorado oscuro que enmarca su rostro aún se aclara en algunas hebras y sigue igual de largo hasta la altura de los hombros.
Su aspecto aún conserva esa chispa salvaje y ardiente que siempre fue capaz de ponerme nerviosa.
Aunque en realidad nunca me ha parecido más atractivo que en este minuto.
¿El tiempo se ha detenido? No es así, porque Kai se mueve de su sitio y se acerca a mí con una sonrisa vergonzosa que deja entrever que no tiene mucha idea de lo que ha pasado entre Luca y yo, o tal vez sí, y solo finge para romper la tensión.
—Lizzy, genial, llegas en el momento justo —dice mientras señala a su hermano con las cejas y mete las manos en los bolsillos de sus pantalones—.
Al parecer los dos han coincidido al mismo tiempo en sus deseos de regresar a Paia, pero ¿por qué no hablan entre ustedes?
Yo sé que tienen mucho tiempo sin verse, así que pues nada, los dejaré solos.
Entonces jalo aire con brusquedad. Aparto la mirada de Luca, pero siento cómo sigue observándome, como si me estuviera consumiendo en llamas. Sin embargo, logro encontrar la voz y controlo por encima lo que se ha esparcido por todo mi cuerpo. Aunque es difícil, como montar una ola enorme.
—En realidad… llevo el tiempo encima por un pendiente urgente que tengo con Oliver —digo con voz atropellada y la mirada puesta en el rostro de Kai. Luego, tan solo durante un segundo, miro hacia Luca, que sigue estupefacto con mi presencia—. Lo siento. Que tengan un buen día.
Me doy la vuelta. Ninguno me detiene.