Lo que pudimos ser y otros dramas EPÍLOGO
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EPÍLOGO

Por poco no llego a tiempo a mi cita importante; Cece es, ha sido y será siempre mi debilidad y esa mujer ni se imagina lo que estoy dispuesto a hacer por ella.

—Siguiente —indico a la puerta abierta del desvencijado despacho, mientras pienso que esto es lo primero que pienso reformar.

Cora se asoma por la puerta.

—Ahora toca elegir al profesor de claqué —anuncia—.

Y me alegra confirmarte que hay buenos candidatos ahí fuera, pero me da en la nariz que el de pelo negro será el adecuado.

Ya me contarás después. ¿ Lo hago pasar?

—pregunta, entregándome un currículum que solo con ojearlo por encima ya compruebo que es intachable.

Compré este viejo estudio de danza a dos manzanas de casa hace casi un par de semanas, en cuanto vi el cartel de «Se traspasa»; quiero que sea una sorpresa para el cumpleaños de Cece.

Sé que ha querido emprender desde hace tiempo, por algo nos reencontramos en la escuela de negocios, pero a veces nos dejamos arrastrar por la vida y los sueños van quedando de lado.

Yo ya cumplí el mío, ahora le toca a ella perseguir el suyo y sé que será una propietaria excelente.

—¿Le digo que entre? —insiste Cora.

—Sí, sí, claro, perdona, me he distraído.

—Mientras estás con el chico, creo que iré a descolgar el cartel de la entrada, ¡ ya va siendo hora de que lo quitemos! La centralita todavía sigue recibiendo alguna llamada de vez en cuando preguntando por el local.

—Cierto, tienes toda la razón. Sí, por favor. Hazlo. Gracias.

Cora me sonríe y desaparece por el pasillo.

Ella fue una de las primeras personas que contraté para llevar todo el trabajo de recepción y secretaría.

Me dio confianza desde el primer minuto en que la entrevisté: es responsable y trabajadora y tiene un punto divertido que me encanta, seguro que Cece se llevará fenomenal con ella, no tengo duda.

—¿Se puede? —pregunta una voz desde el quicio de la puerta , por donde ha desaparecido mi secretaria.

Levanto la mirada para encontrarme con un joven moreno y desgarbado que esgrime una sonrisa de oreja a oreja. Es el del currículum perfecto.

—¡Por supuesto! Micah Johnson, ¿verdad? ¡Un placer! —digo, estrechándole la mano—. Mi nombre es D…

—¡Eres Devon Carter! ¡ Oh, my God ! Devon Carter el cantante, ¡ soy muy fan tuyo! —me interrumpe entusiasmado—. La letra de Sparkles in my heart no ha dejado de perseguirme durante todos estos años. Lo que me recuerda que hace mogollón que no se sabe nada de ti. ¿Tienes algo nuevo entre manos?

Sonrío ante su desparpajo; este chico va a caerme bien, lo presiento.

—Ahora solo escribo letras, los escenarios nunca fueron lo mío.

Y lo digo con una convicción que me trae paz. Tuve una carrera musical corta, pero intensa. Siempre he pensado que a veces es mejor dar un paso atrás para tomar impulso, por lo que nunca lo he considerado un fracaso. La música siempre vivió en mí, tan solo debía encontrar el foco adecuado.

—Pero, para saciar tu curiosidad —añado—, te confesaré que estoy convencido de que la canción que estoy escribiendo en este momento, y que he titulado That Girl , se va a convertir en todo un éxito, aunque no vaya a cantarla yo.

—Eso es… ¡Guau! Estaré atento.

—Mientras tanto… ¿qué tal si me cuentas un poco sobre ti mismo? Tu currículum es brillante.

Micah me sonríe y toma asiento.

Minutos más tarde sale por la puerta, tan encantado como yo. Y Cora regresa y se apoya en el marco de la puerta.

—Ya puedes despedir al resto. La plantilla está cerrada —le indico.

—Excelente —me contesta entusiasmada—. ¡Me muero por empezar a trabajar con tu prometida! No tardes mucho en presentármela; hablas tan bien de ella que tengo mucha curiosidad.

—Ella es… única —suspiro.

Cecelia Ross, única en su especie, sin duda. La rubita contestona que me robó el corazón. La chica que nunca se rinde. La nueva oportunidad que me regaló la vida.