Lo Que Ocultan Estas Paredes Capítulo 52
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Capítulo 52

Nadie le comunicó la decisión.

No hacía falta.

Diego la percibió en la manera en que el mundo comenzó a moverse a su alrededor.

Los agentes ya no le hablaban con la cautelosa neutralidad reservada para quienes aún permanecían en un limbo procesal.

Las instrucciones eran breves.

Precisas.

Definitivas.

La sala de custodia había dejado de parecer un lugar provisional.

Ahora tenía un destino.

Al otro lado del pasillo, las voces subían y bajaban detrás de puertas cerradas.

No discutían.

Concluían.

La inspectora Agnetha Voss permanecía junto al enlace de Valmora frente a la ventana situada al final del corredor.

La ciudad de Kalas se extendía bajo ellos.

Gris.

Indiferente.

—Ya está hecho —dijo el representante de Valmora en voz baja.

Voss asintió una sola vez.

—Lo trasladaremos antes de que la tinta termine de secarse.

No habría ningún espectáculo.

Ni cámaras.

La versión pública llegaría después.

Cuando toda la maquinaria jurisdiccional hubiera terminado de resolver las últimas objeciones.

Informaron a Diego en una pequeña sala sin ventanas.

—Su extradición ha sido autorizada, pendiente únicamente de la coordinación para el traslado.

La voz del funcionario no transmitía triunfo.

Tampoco compasión.

Solo hechos.

Diego permaneció mirando la pared que tenía delante.

Durante unos instantes intentó calcular posibles recursos.

Plazos de apelación.

Algún punto de presión.

Alguna llamada que todavía pudiera realizar.

No quedaba ninguno.

Fue trasladado antes del anochecer.

No utilizaron las salidas públicas.

Ni los pasillos por donde pudiera verlo alguien.

Recorrieron una ruta de servicio.

Lo introdujeron en un vehículo sin distintivos.

Dos agentes ocupaban los asientos delanteros.

Otros dos viajaban detrás de él.

La ciudad fue deslizándose lentamente al otro lado de los cristales polarizados.

Por primera vez desde que había llegado a Kalas...

Diego dejó de buscar rutas de escape.

En su lugar observó los reflejos.

El suyo parecía más viejo.

No por el paso del tiempo.

Sino por la presión acumulada.

El miedo era capaz de comprimir años enteros en apenas unas semanas.

Las consecuencias reducían el poder hasta convertirlo en inmovilidad.

En un puesto de control situado a las afueras de la ciudad, el convoy disminuyó la velocidad.

Varios documentos cambiaron de manos.

Una breve espera.

Diego sintió el conocido impulso de imaginar una posibilidad.

Entonces la barrera se levantó.

El vehículo volvió a avanzar.

Y algo terminó de derrumbarse dentro de él.

No fue pánico.

Fue comprensión.

No existió el momento dramático que tantas veces había imaginado.

No hubo gritos.

Ni persecuciones.

Ni un ajuste de cuentas frente al público.

Solo movimiento.

En una única dirección.

Irreversible.

La confirmación llegó a Rojas sin ceremonias.

Traslado autorizado.

Sujeto en transporte bajo custodia.

Rojas sintió cómo la tensión que había llevado consigo durante tantos meses comenzaba, por fin, a aflojar.

No celebró.

Aquello solo significaba que la historia ya no podía seguir huyendo de sí misma.

Y lo que ocurriera a partir de ese momento...

ya no se negociaría en pasillos.

Ni volvería a retrasarse entre montañas de documentos.

Se desarrollaría en un lugar donde los muros eran permanentes...

y donde el tiempo había dejado definitivamente de obedecer a Diego.

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