Lo Que Ocultan Estas Paredes Capítulo 47
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Capítulo 47

La confirmación llegó sin ceremonias.

No mediante una llamada.

Ni a través de un anuncio.

Simplemente apareció cuando una línea segura se iluminó en la pantalla de Rojas mientras permanecía de pie en el pasillo, frente a la sala de reuniones, escuchando las voces que discutían al otro lado de la puerta cerrada.

SUJETO LOCALIZADO.

SUJETO BAJO CUSTODIA.

PROTOCOLO DE TRASLADO INICIADO.

Rojas dejó escapar lentamente el aire.

No por Alivio.

Ni por triunfo.

Sino porque la tensión que llevaba meses instalada en su cuerpo acababa de cambiar de lugar.

No había desaparecido.

Simplemente...

se había desplazado.

Cuando abrió la puerta de la sala, el ambiente cambió de inmediato.

—Lo tienen.

Nadie celebró la noticia.

Durante unos segundos reinó un silencio absoluto.

Ese tipo de silencio que sigue a un impacto que nadie escucha...

pero que todos sienten.

—¿Está vivo? —preguntó alguien.

—Sí.

—¿Y los niños?

Rojas vaciló apenas un instante.

Lo suficiente para que todos lo advirtieran.

—No.

Los separaron antes del traslado.

Los Servicios de Protección Infantil ya se están ocupando de ellos.

Aquellas palabras cambiaron el ambiente de la sala.

El aire pareció volverse más ligero.

Dos pisos más abajo, Alicia permanecía sentada en una pequeña sala de entrevistas.

Tenía las manos entrelazadas con tanta fuerza que los nudillos habían perdido completamente el color.

Luis Fernando permanecía de pie detrás de ella.

Una mano descansaba sobre el respaldo de la silla.

No la tocaba.

Pero permanecía lo bastante cerca como para sostenerlos a ambos.

Rojas entró en silencio.

Los dos levantaron la vista al mismo tiempo.

—¿Es cierto? —preguntó Alicia.

Rojas asintió una sola vez.

—Lo tienen.

La respiración de Alicia se quebró.

No fue alivio.

Ni alegría.

Fue la reacción de alguien sobre quien acaba de caer un peso demasiado grande.

—¿Y los niños? —preguntó Luis Fernando.

—Están a salvo.

Los separaron antes del traslado.

No están con él.

Alicia se llevó una mano a la boca.

El sonido que escapó de sus labios apenas fue un suspiro.

No hacía falta que fuera más fuerte.

Mientras tanto, el vehículo avanzaba por las calles sin sirenas.

Diego viajaba sentado entre dos agentes cuyos nombres desconocía.

No llevaba esposas.

Pero la disposición de los cuerpos a su alrededor hacía imposible cualquier movimiento.

La ciudad desfilaba detrás de los cristales oscuros convertida en manchas de color imposibles de distinguir.

No preguntó hacia dónde lo llevaban.

Ya conocía la respuesta.

Permaneció mirando la costura del asiento delantero.

Contando cada una de las puntadas.

Pensó en los niños.

No en sus rostros.

Sino en su ausencia.

Ese era ahora el verdadero peso que llevaba consigo.

No la persecución.

Sino la pérdida de cercanía.

Y para él...

eso resultaba todavía peor.

En el Departamento de Seguridad Nacional, el informe fue sellado.

Registrado.

Distribuido.

Un expediente quedó oficialmente cerrado.

Otro acababa de abrirse.

Los nombres cambiaron de una columna a otra.

El estado del caso fue actualizado.

Sujeto bajo custodia.

Traslado pendiente.

Los engranajes del sistema comenzaban, por fin, a girar en la dirección correcta.

Rojas permaneció solo en su despacho cuando todos los demás se marcharon.

Al otro lado de la ventana, la ciudad seguía sonando igual que cualquier otro día.

El tráfico.

Las conversaciones.

Las bocinas.

La música que llegaba desde algún lugar imposible de identificar.

Pensó en Elisa.

No como un expediente.

Sino como una mujer cuya ausencia había sido capaz de poner en movimiento a todo un sistema.

Sabía que la justicia llegaría por etapas.

Que el proceso sería largo.

Y que ni siquiera la verdad lograría llenar todos los vacíos que había dejado aquella historia.

Pero esa noche...

algo había cambiado.

El hombre que durante tanto tiempo se había ocultado detrás del silencio...

había quedado finalmente expuesto.

Y cuando alguien dejaba de ser invisible...

todo cambiaba.