Lo que nos siguió a casa
© inepub.com
Prólogo
Brenda Lozano
(Versión original)
El título Lo que nos siguió a casa me recuerda una conversación que tuve hace poco sobre las diferencias que hay entre los fantasmas según el lugar donde se aparecen.
¿Qué diferencias hay entre un fantasma en América Latina, uno en Estados Unidos y otro en Europa?
Con las vagas e imprecisas palabras cuando se trata de delimitar los demasiados lugares que conforman un continente o un país, ¿cuál es la diferencia de un fantasma de un lado de la frontera o del otro, de un lado del océano o del otro?
Leyendo la pluralidad de voces e historias que conforman este libro, se puede llegar a distintas respuestas interesantes, como también a algunas preguntas.
¿Será que los fantasmas en América Latina están ligados a la época colonial, a las violencias de Estado, a las dictaduras, a las múltiples formas de represión, a los desaparecidos por el narco, a los feminicidios?
¿Será que contar un relato sobre alguna parte de América Latina —aunque se escriba en inglés— está intrínsecamente relacionado con la historia política del idioma?
Me gusta pensar que en el lenguaje hay fantasmas.
En el alfabeto que comparten el español y el inglés, el comportamiento de la letra «h» es revelador.
En español esa letra es muda, muda como un fantasma entre las letras sonoras a su alrededor, una aparición visual, como un callado gato negro, una presencia que notamos al revelar la fotografía, una existencia escrita pero inaudible, una letra fantasma, una misteriosa y siempre silenciosa letra «h» que en inglés se pronuncia fuerte y recio, como cuando aparece un fantasma en una película de Hollywood, con toda su estridencia.
En Estados Unidos, los fantasmas no están necesariamente ligados a la historia política.
Quizás en Estados Unidos los fantasmas estén más unidos a hechos particulares, individuales.
Digamos que en una casa antigua se aparece un fantasma.
Digamos que la familia que vivió en ella antes perdió a un niño de siete años en una situación trágica y lo vemos vuelto fantasma en la historia de los nuevos habitantes en el proceso de renovar esa casa.
Vemos cómo se muestra el niño, cómo irrumpe en el presente porque algo quiere que los vivos sepan, vean.
En la tradición anglosajona, los fantasmas se presentan en esa tensa relación entre lo racional y lo paranormal.
En América Latina, predominantemente católica, la fe supone la suspensión de la lógica, entonces lo milagroso y lo demoníaco se hacen posibles.
Por otra parte, en América Latina la aparición de un fantasma está ligada a la lucha de clases, a las culturas oprimidas, a los pueblos originarios y, por lo tanto, a los rituales y a lo místico.
También, como pasa con las fronteras que se desdibujan en el ir y venir, hay fantasmas de un lado y de otro que pueden, por ejemplo, compartir motivos para volver al mundo de los vivos, como la lucha compartida de clases.
Sin embargo, ambos fantasmas —en español y en inglés— traen mensajes, pero esos mensajes tienen orígenes distintos.
En Europa los fantasmas están asociados a los linajes familiares y a la necesidad de venganza, como le ocurre al fantasma del padre de Hamlet, el O.G.
, el Fantasma de Fantasmas. Permítanme hacer una breve digresión sobre este fabuloso fantasma.
En el brillante libro Spectres de Marx , Jacques Derrida cuenta que Marx y Engels al escribir el primer manifiesto de la historia, el eternamente hermoso y aún potente Manifiesto comunista de 1848, en La Casa del Cisne de Bruselas, decidieron titularlo Espectros .
Llamarlo así no fue una decisión casual ni la ocurrencia de dos jóvenes.
Recordemos la primera línea con la que incendiaron el siglo XIX : «Un espectro recorre Europa: el espectro del comunismo».
El espectro aquí es político y es una amenaza.
La aparición es inminente, como se anuncia al inicio de Hamlet .
Me parece fascinante que la creación de una de las ideologías políticas más poderosas, con tantas y diversas interpretaciones —incluyendo tantos malos entendidos y afortunados puntos de partida, desde la constitución de países enteros hasta discusiones entre jóvenes aún hoy— haya comenzado por una figura de la ficción literaria.
Lo que me hace pensar también en una de las tantas grandezas del Fantasma de Fantasmas y en la fuerza de la ficción: toda obra maestra se convierte en un fantasma que se aparecerá una y otra vez en numerosas obras posteriores.
Y, por lo tanto, las historias que contamos, como las que están en este libro, son también casas embrujadas en las que se muestran fantasmas de otras historias.
Es verdad que, a pesar de las diferencias entre los fantasmas según la procedencia —como en Japón que tienen kimonos blancos, pelo negro, largo, y flotan para atormentar a los vivos—, existen algunos puntos en común entre ellos.
El fantasma es el pasado —a menudo con un mensaje— que irrumpe en el presente.
¿Pero por qué es tan terrorífica la aparición de un fantasma?
¿Por qué nos aterra tanto que el pasado se imponga?
Quizás porque nunca llega un mensaje en abstracto, es necesario un mensajero, el fantasma es necesario.
Su forma nos espanta por un lado, y, por el otro, el hecho de no controlar el momento de su aparición nos aterra.
Se manifiesta cuando quiere, es decir, cuando menos lo esperamos.
El niño, la mujer asesinada o el ancestro llegan en el momento menos esperado.
Hasta que cruzamos el miedo y somos capaces de invocarlos tres veces.
El terror está ligado a lo que desconocemos, pero creemos conocer.
El holograma de Freud aquí se aparece. Lo familiar deja de serlo y se activa el horror.
Durante siglos los monstruos estuvieron en lugares no explorados, no conquistados por el hombre: como antes en los océanos estaban los monstruos, los aliens ahora están fuera de la Tierra.
Tenemos la necesidad de ponerles cierta forma, cierta materialidad, muchas veces horrorosa.
En cualquier caso, se nos aparecen los monstruos y los fantasmas sin nuestra participación activa.
Y ambos son la forma material de dos conceptos esenciales, el tiempo y el espacio.
Los monstruos son al espacio lo que los fantasmas al tiempo.
La materialización del pasado toma la forma de un fantasma para irrumpir en el presente con un mensaje que nos cuesta escuchar porque el miedo nos lo impide.
Es por eso que el miedo juega un papel importante, pues no podemos, no queremos escuchar al fantasma, pero este no va a descansar hasta entregarnos su mensaje.
En medio están las historias de cómo los fantasmas entregan un mensaje.
En medio, está el terror de escucharlo. Un mensaje de venganza, una resolución, el cierre de algo inconcluso, una despedida, una noticia familiar atroz, una verdad oculta, algo que quedó pendiente de salir a la luz en vida o la exigencia de justicia de manera póstuma.
¿Y qué será eso que nos atrae, nos empuja y nos atrapa en las historias de murmullos y fantasmas? Más que una respuesta, tenemos este gran libro para desaparecer en esa pregunta una y otra vez.