Lo que no preguntaste
© inepub.com
PRÓLOGO
Antes de Daniel, Lorraine creía que conocer a una persona era cuestión de tiempo.
Horas hablando. Años compartiendo rutinas. Saber cómo tomaba el café, qué equipo apoyaba, qué decía cuando estaba cansado y qué palabras evitaba cuando algo iba mal.
Después de Daniel entendió que el tiempo no garantiza nada.
Puedes escuchar la voz de alguien todos los días y seguir sin saber qué ocurre cuando termina la llamada.
Puedes reconocer una habitación por la pared del fondo, una cocina por el borde de una mesa, un hotel por la luz que entra detrás de una cortina, y aun así no saber dónde estás realmente mirando.
Daniel apareció primero como aparecen muchas personas ahora: dentro de una pantalla.
Una partida cualquiera. Un mapa equivocado. Una voz al otro lado de unos audífonos.
Vas por el camino equivocado.
Lorraine respondió sin pensarlo.
Entonces deja de seguirme.
Cinco años después, otra voz aparecería en otra pantalla.
No era humana.
No tenía rostro, casa, pasado ni una vida que pudiera ocultar.
Se llamaba Veyra.
Y, de alguna manera, parecía saber más de Lorraine de lo que Daniel había sabido nunca.
O quizá sabía algo peor:
lo suficiente para predecir lo que todavía no había ocurrido.
La pregunta que Lorraine tardaría demasiado en hacerse no era cuál de los dos decía la verdad.
Era otra.
¿A cuál de los dos había conocido realmente?