Lo Que el Fuego Dejó Capítulo 16
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Capítulo 16

POV: Sara

La llamada telefónica de la madre de Nico llega un martes cualquiera de mediados de octubre, mientras estamos los dos tirados relajadamente en su cama repasando apuntes que sinceramente ninguno de los dos está leyendo con verdadera atención.

Veo cómo le cambia completamente la expresión facial en cuanto mira la pantalla iluminada de su móvil.

—Es mi madre —dice, incorporándose rápidamente en la cama—. Voy a contestar la llamada.

Habla en el pasillo exterior durante varios minutos, en voz baja y contenida, y cuando finalmente vuelve a entrar en la habitación tiene una expresión facial que no le había visto anteriormente desde el primer día que me vio cruzando el campo de rugby de la universidad.

—Van a venir a visitarme este fin de semana. Mis padres, quiero decir. Quieren presenciar en persona el partido contra el equipo de Sevilla.

Se me hiela algo por dentro de forma instantánea.

Los padres de Nico. Que probablemente todavía piensan en mí, si es que piensan en mí de alguna manera después de tanto tiempo, como la chica que desapareció completamente de la vida de su hijo sin ninguna explicación justo después de que perdieran trágicamente a su otro hijo.

—¿Saben ellos que nosotros estamos...? —No consigo terminar completamente la frase.

—No lo saben todavía. —Nico se sienta a mi lado en la cama, cogiéndome la mano con firmeza—. Todavía no les he contado nada al respecto. No sabía exactamente cómo abordar el tema, la verdad sea dicha, considerando... todo lo que ha pasado entre nosotros.

—Considerando que su hijo está saliendo actualmente con la chica que guardaba un secreto directamente relacionado con la muerte de su otro hijo, quieres decir exactamente eso.

—Sara, por favor.

—Es la pura verdad, Nico, y ambos lo sabemos perfectamente. Y si nos ven juntos abiertamente este fin de semana, inevitablemente se van a hacer preguntas incómodas. Y sinceramente no sé si estoy preparada emocionalmente para que tus padres conozcan lo que pasó realmente aquella noche fatídica.

Nico se levanta de la cama, caminando nerviosamente por la pequeña habitación de su residencia, pasándose las manos por el pelo en ese gesto tan característico suyo cuando algo lo desborda emocionalmente.

—Tienes razón, es una situación complicada. Pero también creo que, si vamos a construir algo serio juntos, en algún momento van a tener que saberlo todo, Sara. No podemos vivir escondiendo esto indefinidamente, especialmente si esta relación va en serio, como espero sinceramente que sea el caso.

—¿Estás diciendo que quieres contárselo todo este mismo fin de semana?

—No necesariamente este fin de semana específico, pero sí pronto. Prefiero que lo sepan por nosotros mismos, con calma, antes de que alguna coincidencia o comentario torpe de algún conocido del pueblo se lo revele de una manera mucho menos controlada.

Su razonamiento, aunque me provoca todavía más ansiedad ante la perspectiva inminente, tiene una lógica innegable que no puedo rebatir fácilmente.

Nico se queda callado un momento considerable, claramente pensativo ante la situación.

—Podríamos optar por no decirles absolutamente nada por ahora. Solo... dejar que te vean simplemente como una compañera de clase cualquiera, sin más complicaciones, hasta que decidamos juntos con calma cómo y cuándo exactamente contarles el resto de la historia completa.

La idea me revuelve considerablemente el estómago casi tanto como la idea alternativa de que lo descubran todo de golpe sin ninguna preparación previa.

Más mentiras adicionales, aunque sean simplemente mentiras de omisión bienintencionadas, aunque sean específicamente para protegernos mutuamente mientras encontramos el momento verdaderamente adecuado para esta conversación tan delicada.

—No quiero acumular más secretos entre nosotros, Nico. Ya hemos experimentado en carne propia lo que sucede exactamente cuando los secretos se van acumulando silenciosamente con el tiempo.

—Lo sé perfectamente, tienes toda la razón.

—Suspira profundamente, frotándose ambas manos por la cara en un gesto de frustración evidente—.

Pero contarles absolutamente todo de golpe, sin haberlo hablado bien previamente entre nosotros dos, podría resultar contraproducente y peor a largo plazo.

Mi madre todavía no ha logrado superar completamente lo que pasó con Álvaro.

Ni siquiera estoy completamente seguro de haberlo superado yo mismo del todo tampoco.

Tiene razón en ese punto, y precisamente eso es lo que más me asusta genuinamente de toda esta situación.

Que quizás nunca llegue a existir un momento verdaderamente adecuado para esta conversación específica, ninguna manera coherente de decir "quiero profundamente a tu hijo y también soy la razón, en parte considerable, de que el otro ya no esté físicamente presente" que no suene absolutamente devastador sin importar cómo se formule exactamente.

—Está bien —acepto finalmente, aunque cada palabra pronunciada me pesa enormemente—.

Este fin de semana específico solo seremos compañeros de trabajo académico delante de tus padres.

Pero Nico, en algún momento futuro cercano vamos a tener que decidir juntos si esto que tenemos —señalo el espacio físico entre los dos con un gesto— puede realmente sobrevivir a largo plazo con la verdad completa flotando siempre a medias sobre nuestras cabezas.

—Lo sé perfectamente bien —repite él con seriedad, y por primera vez desde que empezamos esta relación incipiente, veo reflejada en su cara la misma duda profunda que llevo yo cargando desde el principio de todo esto.

El fin de semana que se aproxima, de pronto, se convierte mentalmente en la prueba más difícil que hemos tenido que enfrentar juntos desde que empezamos el proceso de reconstruir cuidadosamente lo que fuimos en el pasado.

Esa noche, ya de vuelta en mi piso compartido, le cuento a Clara la situación completa, incluyendo por primera vez fragmentos importantes del pasado que hasta ahora había mantenido cuidadosamente ocultos incluso para mi mejor amiga en Valencia.

—Espera, espera —dice ella, procesando la información con los ojos como platos—. ¿Me estás diciendo que el hermano de Nico murió la misma noche que tú le mentiste sobre vuestra posible relación, y que por eso desapareciste del pueblo?

—Básicamente, sí. Es la versión resumida de una historia mucho más complicada.

Clara se queda callada un momento, algo poco habitual en ella considerando su naturaleza generalmente extrovertida y opinativa sobre prácticamente cualquier tema.

—Joder, Sara. Eso es... eso es muchísimo más pesado de lo que imaginaba cuando me dijiste que había "algo complicado" entre vosotros. ¿Cómo has podido cargar con esto tú sola durante tanto tiempo?

—No sabía cómo hacer otra cosa, sinceramente. Parecía más fácil enterrar todo y empezar de cero en un sitio nuevo.

—¿Y ahora? ¿Cómo te sientes ahora que él ya lo sabe todo?

Pienso la respuesta con cuidado antes de contestar, considerando genuinamente cómo me siento después de las últimas semanas de reconciliación progresiva.

—Aterrorizada, todavía, cada vez que pienso en el fin de semana con sus padres. Pero también, por primera vez en cuatro años, siento que tengo una oportunidad real de dejar de cargar con este peso completamente sola. Eso vale muchísimo, aunque el camino hasta aquí haya sido durísimo.

Clara me abraza con fuerza, sin más preguntas por el momento, simplemente ofreciéndome el apoyo silencioso que tanto necesito antes de enfrentarme al fin de semana más importante de mi relación reciente con Nico.

El viernes por la noche, mientras preparo la maleta pequeña para el fin de semana, aunque solo voy a quedarme en la residencia de Nico y no necesito realmente equipaje considerable, Clara insiste en ayudarme a elegir ropa "apropiada para causar buena impresión sin parecer que lo estás intentando demasiado", según sus propias palabras entre risas nerviosas compartidas.

—Va a salir bien, Sara. Confía en ti misma y en todo lo que has trabajado para llegar hasta aquí.

Sus palabras de ánimo se me quedan resonando mientras finalmente cierro la maleta pequeña, con el estómago todavía revuelto de nervios anticipados, pero también con una determinación renovada de enfrentar lo que venga con la misma valentía que reuní para contarle a Nico la verdad completa hace apenas unas semanas.

El sábado por la mañana, mientras me visto cuidadosamente eligiendo algo que transmita a la vez formalidad y cercanía, recibo un mensaje de Nico: "Estoy nervioso yo también, para que lo sepas.

Pero me alegra muchísimo que vengas a conocer oficialmente a mis padres, sea como sea que salga todo.

" Sus palabras, sinceras y vulnerables, me ayudan a sentir que no estoy enfrentando este día completamente sola, que ambos compartimos la misma incertidumbre y la misma esperanza silenciosa de que todo resulte mejor de lo que tememos.

Llego al estadio universitario con tiempo suficiente para ver el calentamiento previo del equipo, y localizo a los padres de Nico entre el público, reconociéndolos inmediatamente a pesar de los años transcurridos: su madre, con el mismo pelo oscuro que Nico heredó, y su padre, alto y de porte serio, exactamente como lo recordaba de las pocas veces que coincidimos en el pueblo durante nuestra adolescencia compartida.