Lo Que Dejamos en Sevilla CAPÍTULO 30 — DIEGO
100%

CAPÍTULO 30 — DIEGO

**Un año completo después**

El anuncio del embarazo de Nora llega en una tarde tranquila de primavera, mientras revisamos juntos las fotografías finales de nuestro proyecto sobre el Camino de Santiago, publicado exitosamente hace apenas dos semanas completas con una recepción considerablemente positiva de los lectores en general.

—Diego —dice, con una prueba de embarazo temblando ligeramente entre sus manos nerviosas—, creo que necesitas ver esto ahora mismo.

Miro la prueba con atención, luego a ella con incredulidad, luego nuevamente la prueba confirmando el resultado, sintiendo que la felicidad me inunda completamente el pecho ante la confirmación de algo que hemos estado esperando pacientemente durante los últimos meses transcurridos juntos.

—¿Estás segura completamente? —pregunto, aunque la respuesta evidente ya está claramente frente a mí sin ninguna duda.

—Considerablemente segura, sí. Hice la prueba tres veces consecutivas para confirmarlo completamente sin ningún error posible.

La abrazo con una intensidad que combina alegría pura y una ternura protectora inmediata hacia ella, sintiendo que nuestras vidas están a punto de transformarse considerablemente hacia una dirección nueva que ambos hemos elegido conscientemente construir juntos con amor.

Los siguientes nueve meses transcurren entre preparativos emocionantes y las complicaciones normales del embarazo que cualquier pareja experimenta: visitas médicas regulares programadas, la decoración cuidadosa de una habitación pequeña que transformamos completamente en cuarto para el bebé que viene, conversaciones interminables sobre nombres posibles que finalmente convergen hacia una decisión unánime entre nosotros cuando descubrimos que esperamos una niña.

—Rosa —sugiere Nora, una noche mientras revisamos juntos listas interminables de nombres posibles—. En honor a mi abuela querida, que siempre soñó con nietas que heredaran su propia terquedad particular tan característica.

—Rosa Aguilar-Salcedo —pruebo el nombre completo en voz alta, sintiendo que encaja perfectamente con nuestra familia—. Me parece absolutamente perfecto para nuestra hija.

Rosa nace finalmente en una tarde soleada de diciembre, en el mismo hospital barcelonés donde hemos construido gradualmente nuestra vida compartida durante estos últimos tres años completos, con Marina y Tomás esperando ansiosamente en la sala de espera junto con nuestras respectivas familias reunidas para el momento.

—Es completamente perfecta —susurra Nora, sosteniendo a nuestra hija recién nacida por primera vez, con lágrimas de agotamiento genuino y felicidad pura mezclándose emotivamente en su rostro cansado por el parto.

—Como su madre —digo, contemplando cariñosamente a las dos mujeres más importantes ahora en mi vida entera—. Terca evidentemente desde ya, hermosa genuinamente sin ninguna duda, y probablemente destinada a mantenernos considerablemente ocupados durante los próximos años de nuestras vidas juntos.

Rosa crece rodeada del amor genuino de una familia elegida considerablemente amplia: Marina y Tomás sirviendo como padrinos oficiales con orgullo evidente, mi propia hermana visitando regularmente desde Madrid para verla crecer, Carmen ofreciéndose entusiastamente como niñera ocasional cada vez que necesitamos algo de tiempo genuino a solas como pareja.

En su primer cumpleaños, celebrado en el mismo jardín botánico donde nos casamos hace exactamente dos años completos, Nora y yo nos sentamos juntos observando cómo Rosa gatea entusiasmadamente entre los invitados presentes, absorbiendo naturalmente el cariño abundante de todos los presentes reunidos para celebrarla.

—¿Puedes creer honestamente todo lo que ha cambiado en estos últimos tres años completos? —pregunta Nora, apoyando la cabeza en mi hombro mientras observamos juntos a nuestra hija feliz.

—Constantemente, honestamente te lo digo. Desde aquel aeropuerto sevillano donde estábamos completamente furiosos el uno con el otro sin ninguna esperanza real, hasta este momento exacto presente, rodeados de una vida genuinamente hermosa que construimos activamente juntos con esfuerzo consciente.

—Todo gracias a la manipulación deliberada de Marina que orquestó todo esto.

—Todo gracias a que finalmente tuvimos el valor suficiente de elegir activamente la honestidad completa sobre el miedo silencioso que nos separaba —corrijo suavemente, besando su cabello con una ternura infinita reflejada.

Rosa se acerca gateando hacia nosotros con determinación, ofreciéndonos una flor pequeña que evidentemente arrancó de algún arbusto cercano sin permiso, con esa sonrisa desdentada tan característica de los bebés que ilumina completamente cualquier espacio donde aparece su presencia.

—Gracias, mi amor —dice Nora, tomando la flor con una ternura evidente, besando suavemente la frente de nuestra hija pequeña con amor genuino.

Observo a mi familia pequeña pero genuinamente completa reunida ahí, sintiendo una gratitud profunda que no logro nombrar completamente con palabras adecuadas ante el camino considerablemente difícil pero genuinamente significativo que nos trajo exactamente hasta este momento tan perfecto compartido entre nosotros.

—¿Sabes qué es lo más hermoso genuinamente de todo esto que vivimos? —digo, mirando hacia Nora mientras Rosa se acomoda cómodamente entre nosotros dos con confianza.

—¿Qué exactamente?

—Que lo que dejamos en Sevilla hace tres años completos no fue realmente el pasado doloroso que ambos temíamos enfrentar juntos.

Fue exactamente el miedo silencioso que nos mantuvo separados innecesariamente durante cinco años enteros de nuestras vidas.

Y lo que encontramos ahí en cambio, fue exactamente el valor genuino necesario para construir todo esto que tenemos ahora.

Nora sonríe ampliamente ante mis palabras, tomando mi mano mientras contemplamos juntos a nuestra hija jugando felizmente entre las flores del jardín donde nos casamos hace tiempo, rodeados de familia y amigos que representan genuinamente la vida hermosa que ambos elegimos activamente construir juntos, día tras día sin descanso, con honestidad completa y amor genuino compartido entre nosotros.

—Por Sevilla —dice ella, levantando suavemente su copa hacia el cielo despejado de Barcelona con emoción.

—Por Sevilla —confirmo, chocando mi propia copa con la suya con cariño—, y por todo lo que finalmente tuvimos el valor genuino de encontrar ahí juntos, en vez de todo lo que temíamos perder para siempre entre nosotros dos.

**FIN**

~ FIN ~

Gracias por leer Lo Que Dejamos en Sevilla.

Si disfrutaste esta historia, una reseña siempre es bienvenida.