Lo Que Dejamos en Sevilla CAPÍTULO 29 — NORA
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CAPÍTULO 29 — NORA

**Dos años completos después**

Nuestro pequeño apartamento en Gràcia se ha transformado gradualmente durante estos dos años enteros en un espacio genuinamente compartido entre nosotros dos: mis libros mezclados naturalmente con las cámaras de Diego en las estanterías comunes, fotografías de nuestros viajes juntos decorando cada pared disponible del apartamento, esa mezcla particular de dos vidas completamente entrelazadas que solamente el tiempo genuino y compartido puede construir apropiadamente entre dos personas.

—El editor de Condé Nast Traveler llamó otra vez esta mañana —anuncia Diego, entrando en la cocina donde preparo café mientras reviso las noticias matutinas en mi teléfono—. Quiere confirmar definitivamente si aceptamos el proyecto conjunto sobre el Camino de Santiago que propusimos hace meses.

—¿Proyecto conjunto entre nosotros dos? —pregunto, sorprendida genuinamente ante la noticia.

—Fotografía mía, texto tuyo como siempre funcionamos mejor juntos. Aparentemente les encantó considerablemente nuestra colaboración anterior sobre las comunidades pesqueras gallegas que publicamos el año pasado.

Sonrío, sintiendo una satisfacción profunda ante esta evolución natural de nuestras respectivas carreras profesionales: durante el último año completo, hemos colaborado ocasionalmente en proyectos periodísticos compartidos entre nosotros, descubriendo una sinergia creativa genuina que ninguno de los dos había anticipado completamente cuando empezamos esta vida juntos en Barcelona hace dos años.

—Deberíamos aceptarlo definitivamente sin dudarlo —digo con entusiasmo—. Aunque eso signifique varias semanas enteras caminando kilómetros interminables juntos por el camino.

—Considerando que sobrevivimos exitosamente una semana entera compartiendo cuarenta metros cuadrados en Sevilla hace tres años completos, creo genuinamente que podemos manejar el Camino de Santiago sin ningún problema mayor entre nosotros.

Reímos juntos ante esa comparación, la mención casual de aquella semana transformadora todavía capaz de provocar una calidez nostálgica considerable entre nosotros, a pesar del tiempo considerable transcurrido desde entonces.

Marina y Tomás vienen a visitarnos ese fin de semana completo, ahora acompañados de su hija pequeña, Valentina, nacida hace apenas ocho meses atrás, cuya llegada reciente transformó considerablemente la dinámica habitual de nuestras reuniones grupales de amigos.

—Todavía no puedo creer completamente que seamos oficialmente tías ahora —dice Marina, sosteniendo cariñosamente a Valentina mientras cenamos juntos en nuestra terraza pequeña esa noche—.

Bueno, técnicamente no sois familiares consanguíneos directos, pero definitivamente cuentan como familia elegida para nosotros.

—Definitivamente contamos como familia —confirma Diego, sonriendo ampliamente ante la pequeña Valentina, quien lo mira con esa curiosidad particular tan característica de los bebés hacia rostros nuevos y desconocidos.

—¿Alguna vez pensasteis seriamente en tener hijos propios? —pregunta Tomás, con esa curiosidad directa que siempre lo ha caracterizado en nuestras conversaciones.

Diego y yo intercambiamos una mirada significativa entre nosotros, una conversación silenciosa que hemos estado teniendo privadamente durante los últimos meses transcurridos.

—Estamos considerándolo seriamente entre nosotros, honestamente hablando —admito finalmente ante nuestros amigos—. Todavía no hay ninguna decisión definitiva tomada, pero definitivamente está presente en nuestras conversaciones recientes como pareja.

—¡Eso es genuinamente maravilloso escuchar!

—Marina casi deja caer a Valentina de la emoción repentina, aunque logra estabilizarla rápidamente con reflejos maternales—.

Imaginad a nuestros respectivos hijos creciendo juntos algún día, considerando que técnicamente vuestra reconciliación completa sucedió precisamente en mi propia boda hace tres años.

—Definitivamente les vamos a contar esa historia completa algún día a nuestros hijos —dice Diego, riendo genuinamente—, incluyendo tu manipulación deliberada del apartamento compartido que orquestaste.

—Manipulación que resultó completamente exitosa al final, debo añadir con orgullo considerable de mi propia astucia estratégica.

La cena continúa entre risas compartidas genuinamente y planes futuros emocionantes, y mientras observo a Diego jugando suavemente con la pequeña Valentina, sosteniendo sus manitas diminutas con una ternura evidente reflejada en su rostro, siento una certeza creciente sobre nuestra propia conversación pendiente acerca de expandir eventualmente nuestra propia familia juntos.

Esa noche, después de que Marina y Tomás regresan a su hotel para pasar la noche, Diego y yo nos quedamos despiertos hasta tarde en nuestra cama compartida, retomando la conversación importante sobre hijos que la visita reciente de Valentina evidentemente reavivó entre nosotros.

—¿Estás genuinamente lista para dar ese paso? —pregunta Diego, acurrucado contra mí en la oscuridad cómoda de nuestra habitación compartida.

—Creo que sí, honestamente hablando contigo. ¿Y tú, estás listo también?

—Considerablemente listo, sorprendentemente para mí mismo.

Hace tres años completos, la sola idea de comprometerme completamente con algo tan permanente me habría aterrado genuinamente sin remedio.

Pero ahora, después de todo lo que hemos construido juntos con tanto esfuerzo, después de aprender exactamente cómo comunicar honestamente mis miedos en vez de huir silenciosamente de ellos como antes...

me siento genuinamente preparado para este próximo capítulo importante de nuestras vidas.

—Entonces quizás deberíamos empezar a intentarlo seriamente entre nosotros —digo, sintiendo una emoción creciente ante esta posibilidad tan concreta ahora.

—Me parece absolutamente perfecto, sin ninguna duda.

Nos besamos suavemente, envueltos en la certeza cálida de este nuevo capítulo importante que estamos considerando conscientemente construir juntos como pareja, y mientras me quedo dormida esa noche entre sus brazos protectores, pienso en cuán diferente se siente esta decisión comparada con el miedo silencioso que definió nuestra separación original hace tantos años atrás en el pasado.

Esta vez, cada decisión importante la tomamos completamente juntos, con comunicación completa y honestidad genuina entre nosotros, exactamente como debería ser siempre el amor verdadero y duradero.