Lo Mejor de Dyna Grant (Momentos Especiales de las Highlands 5) La rebeldía de un corazón escocés
98%

La rebeldía de un corazón escocés

Taskill y Sheona y… Rut y Dermot, la pareja que todos han estado esperando.

Capítulo Nueve

Dyna ve el caos en sus hijos, pero no sabe por qué.

Dyna charlaba con Avelina y Maeve mientras vigilaban a los niños en la alcoba.

Había decidido que, con el festival en marcha, mantendría a sus tres hijos en un solo sitio y los custodiaría ella misma con la ayuda de Derric.

Lia y Magni no vendrían, y Rowan tampoco, así que esperaba una noche tranquila para los pequeños.

Grant estaba en su sillita saltarina —fabricada por su padre—, observando a los otros tres librar batallas navales con sus animales y barquitos tallados en madera.

Derric hacía guardia fuera de la puerta de la alcoba de los niños, mirando el espectáculo de abajo. Dyna alcanzaba a oír a Connor y Dermot discutir por algo, aunque no estaba segura de qué. Sylvi se detuvo y se acercó a la ventana, apartando el manto de piel para mirar afuera.

—¿Qué pasa, Sylvi? Estás dejando entrar todo el aire frío de la noche.

Sylvi negó con la cabeza y murmuró

—Mamá, viene una tormenta.

Sandor se levantó y empezó a correr en círculos; supuso que Jake lo perseguía otra vez, algo que ocurría de vez en cuando, aunque Alasdair y su familia habían regresado al clan Grant.

Derric abrió la puerta y dijo:

—Diamond, ven aquí.

Tora tironeó de sus calzas y dijo:

—Mamá.

—Un momento, pequeña. Tengo que ver algo con papá —Tora frunció el ceño, pero volvió a jugar con Grant.

Dyna asomó la cabeza y preguntó:

—¿Qué pasa, Derric?

—Hagen. Se llevó a Sheona Rankin a dar un paseo y su padre le está diciendo que tiene que casarse con ella mañana.

A Dyna casi le estalla la cabeza.

—¿Qué? —Lo apartó y se acercó a la barandilla del balcón para ver la escena en el salón.

Dermot bramó, y entonces su padre se levantó de la silla y empujó a Hagen detrás de él.

—Vamos, papá —susurró.

Tora abrió la puerta y dijo:

—¡Mamá!

—Un momento. Derric, mira qué quiere. Tengo que ver esto. —Derric hizo volver a Tora al interior, y Dyna volvió a fijar la atención en el espectáculo del salón.

Todos miraban. Podría haber disparado tres flechas al tapiz de la pared opuesta y nadie lo habría notado.

Logan salió de sus aposentos y bajó las escaleras a toda prisa, vociferando de un lado a otro. No le sorprendía que se metiera; pero su padre tenía que convencer a Dermot de que dejara a Hagen tranquilo.

Logan bramó.

Dermot gritó y manoteó.

Su padre aulló.

Luego alguien mencionó a Taskill, y Rut se abrió paso entre Logan y su padre, con el dedo en la cara de Dermot.

Retumbó un trueno y los niños lanzaron unos grititos; Sandor y Grant se reían con la tormenta que se formaba. Había tres adultos con ellos, así que Dyna no se preocupó.

No alcanzaba a oír las palabras, pero Rut echó el brazo atrás tan rápido que Dermot ni siquiera vio venir la bofetada. La mano le golpeó la mejilla con tanta fuerza que la cabeza de Dermot se desvió a un lado. Pero no fue tan veloz como el fuego que se encendió en sus ojos tras el ataque.

La discusión subió de tono.

Tora abrió la puerta y dijo:

—¡Mamá!

Sylvi estaba detrás de su hermana.

—¡Mamá!

Dyna agitó la mano.

—Oí el trueno. Id con papá. Ya voy.

La puerta se cerró otra vez. Otro relámpago y un trueno más fuerte; entonces Sloan agarró a su padre, Lennox a su madre, y Rut intentó darle una patada a Dermot.

La puerta se abrió y Derric gritó:

—¡Diamond, te necesito aquí!

Entró y Sylvi tenía las dos manos tapándose los oídos, gritando:

—¡No, no, no! —Echó a correr en círculos y Dyna trató de detenerla.

Luego Grant empezó a llorar.

Sandor se cayó y gritó.

Tora chilló:

—¡Mamá!

Dyna atrapó a Sylvi y la estrechó, mientras Maeve alzaba a Grant. Avelina se lanzó a por Sandor al mismo tiempo que Derric.

Y Tora se escabulló por la puerta.

—¡Derric! —Avelina ya tenía a Sandor, así que Dyna empujó a Sylvi a los brazos de su marido y salió corriendo tras su hija menor.

Tora bajó la escalera tan rápido como le daban sus piernecitas, canturreando para sí:

—Abwelo, abwelo, abwelo…

—¡Tora, vuelve! ¡Por favor! —Había demasiada gente allí abajo. Lennox gritaba, Rut rezongaba, Dermot empujaba y discutía con Sloan. Su padre estaba a un lado.

Tora fue directa a su abuelo. Se coló entre unos y otros hasta plantarse delante de él.

Dyna exhaló aliviada cuando Tora llegó a su padre, porque a ella no le era tan fácil abrirse paso entre los adultos como a su hija. ¿Qué demonios le pasaba a Tora? ¿Y por qué Sylvi gritaba y se tapaba los oídos?

Tora tiró del tartán de su abuelo. Él miró hacia abajo y la alzó en brazos tan deprisa que Dyna casi sollozó de alivio.

Cuando llegó junto a ellos, su padre dijo:

—¿Qué ocurre, Tora?

Tora le enmarcó la cara con ambas manitas y dijo:

—No me gusta él.

—¿Quién?

—Él. Está aquí y es malo. —Luego se alejó de nuevo y volvió a subir las escaleras.

Dyna la alcanzó y la cogió en brazos, llevándola a un lado, con su padre detrás.

—¿Quién, Tora? ¿Quién?

—No lo sé —y sonrió—. Quiero jugar otra vez.

Dyna miró a su padre.

¿Qué demonios significaba eso?

Capítulo Treinta y cuatro

Sheona ha desaparecido, al igual que Rut y Dermot. Los dolores de cabeza de Dyna son cada vez más fuertes. ¿Qué significa eso?

La tormenta los alcanzó en un suspiro: los relámpagos hendían el aire mientras los truenos estallaban cada vez más rápidos y más fuertes. La lluvia fue suave al principio, pero pronto cayó en cortinas que hacían vibrar todo.

—¡Diamond! —gritó Derric por encima de la barandilla hacia el salón—. Necesito poner el arcón delante de la ventana para sujetar la piel contra ella. La lluvia entra de frente. ¡Ayúdame!

—Pa, vigila a los niños. —Corrió escaleras arriba de dos en dos.

Cómo odiaba el suelo empapado sobre la piedra de su alcoba—.

¡Ya voy, Derric! —Abrió la puerta y se le abrieron los ojos al escuchar el aullido del viento que venía a través del estrecho—.

Sabía que esta vista nos saldría cara. —Había suplicado por la alcoba mirando al mar porque amaba el rumor de las olas—. ¡Maldita sea, qué desastre!

—Tengo que poner otra piel como protección después de mover el arcón.

Se colocó al otro lado del pesado baúl y ayudó a su esposo a arrastrarlo hasta colocarlo frente a la única ventana.

Les llevó un rato acomodarlo con las pieles, pero lo lograron.

Una vez en su sitio, suspiró aliviada y cogió una de las túnicas de Derric para secar el agua del suelo.

Cuando terminó de absorber todo, dejó escapar un quejido bajo y se llevó las manos a la cabeza.

—¿Qué pasa, Diamond? ¿Quién es? —La alzó en brazos, acunándola.

—Derric, ve a ver cómo están los niños. Tengo un dolor de cabeza fortísimo. Está pasando algo.

Derric la dejó y la ayudó a salir de la alcoba hacia el corredor para mirar al salón y asegurarse de que todo estuviera en orden.

Maitland salió de su estancia y volvió enseguida.

—A mi madre le ha entrado un dolor de cabeza de golpe. —Alzó la vista hacia la galería—. ¿Dyna? ¿Qué ocurre?

—Dolor de cabeza. —Se sujetó la cabeza con ambas manos y dejó escapar un gemido.

Derric la cogió en brazos y bajó con ella las escaleras.

—Los niños, Derric. ¿Dónde están? No veo nada ahora mismo. —Su voz salió tensa, de un modo poco habitual, pero el dolor era tan atroz que hablar dolía.

—Los tres están frente al hogar, aunque voy a alejarlos. Las llamas bailan con el viento. —Su padre ya se había levantado de la silla y se acercaba a los pequeños—. Atrás. Sylvi y Tora, si vosotras os retiráis un poco, Sandor también irá hacia atrás.

Pero Sandor se levantó y echó a correr por el gran salón, riendo y manoteando algo invisible.

Su padre susurró:

—No, otra vez no. —Alzó la vista hacia su hija para ver si había notado el comportamiento de Sandor.

Sloan se puso de pie de un impulso.

—¿Qué demonios significa todo esto? —Giró sobre sí mismo, mirando a Dyna, a Sandor y a Connor.

—Las dos videntes con dolor de cabeza, y Sandor persiguiendo fantasmas otra vez —dijo Lennox.

—¡Maldita sea! —rugió Dyna—. ¡Mi cabeza!

Drew entró con Avelina en brazos.

—¿También tú, Dyna? A ella le duele horriblemente.

Su padre quedó en medio, mirando de un lado a otro, sin saber qué significaba todo.

—¿Dyna?

—Solo aseguraos de mantener a los niños lejos del fuego. No sé qué está pasando.

Drew sentó a Avelina en una silla junto al hogar.

—Empezó tan deprisa que no supe qué hacer.

Avelina gimió con la cabeza entre las manos.

—Agua. Necesito agua.

Tora corrió y tironeó del tartán de su abuelo.

—¡Awiba, abwelo! ¡Awiba!

Dyna susurró:

—No… —Ahora Tora también. Sabía lo que venía, por desgracia.

Su padre alzó a Tora en brazos y le prestó toda su atención.

—¿Qué pasa, Tora? Dímelo todo.

La niña le enmarcó la mejilla con la mano y dijo:

—La bawca se bwompio.

Intentó bajarse, pero Connor la sostuvo con firmeza.

—¿De quién es la barca, Tora? Tienes que decirme quién va en la barca.

—Sona. —Luego se soltó y saltó al suelo.

Su padre fue entonces a por el menor de los niños.

—¿Quién te persigue, Sandor?

—Dío Shakie me pewsigue ota vez. Bata, dío Shakie. —Luego se detuvo, se sujetó la barriga y soltó una risilla—. Me hace cosquiyas.

—Tío Jake, ¿qué ocurre? —bramó Dyna—. ¡Ayúdame, por favor!

Sandor se detuvo y miró hacia las vigas.

—Dío Shakie dice que hombwes malos pewsiguen Sona.

—¿Dónde están, Jake?

—En la bawca. Detás de ella. —Sandor echó a correr y luego se paró en seco para volver a jugar en el suelo; Sylvi y Tora se unieron.

Entonces Sloan empezó a pasear maldiciendo.

—Es esta tormenta… Su barca se estrelló… Pero, ¿dónde? ¿Y hay alguien con Sheona o está sola? ¿O ya la tiene Clyde? —Se detuvo y miró hacia las vigas—. ¿Qué demonios hago?

—A las almenas, Derric —dijo Dyna—. Necesito subir.

—Ni hablar, Diamond —replicó Derric—. Está tronando ahí fuera. Te fulminará un rayo.

—Yo también tengo que subir —dijo Avelina—. O este dolor no parará. Maitland, ayúdame. Drew no puede subirme por esas escaleras.

Maitland le pasó Grant a Maeve y ayudó a su madre a subir, alzándola cuando tropezaba. Dyna subía detrás, sostenida por Derric.

—¡Voy con vosotros! —gritó Sloan.

—¡Yo también! —añadió Lennox.

Dyna los apremió a subir. Cuando por fin llegaron a las almenas y forzaron la pesada puerta, Avelina y Dyna se sentaron en sendos taburetes, una junto a la otra, enlazando las manos con ayuda de todos. Derric cubrió a Dyna con una capa, intentando mantener la lluvia cortante fuera de su rostro.

—Maldita tormenta.

Avelina se puso de espaldas al aguacero, con Drew tras ella.

—¿Qué ves, Dyna? —susurró Avelina.

—La barca. Dos personas en ella. Veo la abadía detrás.

—Es Sheona —dijo Sloan—. Tiene que ser. ¿Qué más? ¿Está lloviendo?

Avelina soltó la mano de Dyna para masajearse la frente.

—La lluvia azota a Sheona. Las olas golpean la barca. Veo un árbol cayendo al agua, enviándoles olas grandes y brutales.

—¿Quién? —rugió Sloan—. Dices «les». ¿Quién va con ella? ¿Taskill? ¿Clyde? ¿Mi padre?

Dyna gritó, sujetándose la cabeza, con lágrimas corriéndole por las mejillas.

—¡No, no!

Sloan dio un paso hacia ella, pero Connor lo detuvo.

—Déjala. Déjala hacerlo.

Sloan cerró los ojos y se apartó, con Lennox detrás, apretándole el hombro.

Avelina aulló:

—¡No! ¡Cuidado! ¡Viene la ola! La ola gigante va a…

—¡La barca! —gritó Dyna—. Es Taskill, Sloan. Taskill y Sheona. Pero…

—¿Pero qué? —gritaron Lennox y Sloan a la vez.

Dyna bajó las manos y se puso de pie; Avelina hizo lo mismo. Ambas se volvieron hacia ellos. Dyna gritó por encima del temporal:

—Las olas golpearon la barca y las tablas estallaron. Sheona y Taskill están en el mar.

—¡Mierda! —bramó Sloan—. Vamos, Lennox. Tenemos que encontrarlos.

—Jamás los hallarás con esta tormenta, Sloan —dijo Maitland—. Podrías perder la vida en ello. Puede que estén cerca de la orilla. Ambos son buenos nadadores, ¿no?

—Sí —dijo Lennox—, y Taskill no se irá sin ella, Sloan. Maitland tiene razón. Con buen tiempo, estamos a más de una hora. Tienen que salvarse ellos. En cuanto amaine, iremos al castillo MacClane.

—¿Ves a alguien más, Dyna? —preguntó Connor—. ¿Alguien en la orilla? ¿Alguna barca cerca?

Dyna negó con la cabeza, pero Avelina asintió.

—Sí.

—¿Quién? —preguntó Sloan—. ¿Quién?

Avelina sonrió y susurró:

—Lia. Está en la orilla mirando.

Lennox apretó el hombro de Sloan.

—Eso es bueno, creo.

Dyna rezó para que tuvieran razón. Su dolor de cabeza había desaparecido.