Lluvia de sombras y finales (Legado 1) Capítulo 29
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Capítulo 29

Tessa

Cuando la velada llegó a su fin, Tessa atravesó sin detenerse la estancia principal y el dormitorio de Theon hasta salir al balcón. Necesitaba respirar. Necesitaba estar fuera.

Durante la cena, se había obligado a concentrarse en la conversación, enterándose de información bastante interesante, pero la mayor parte de la noche se había basado en ver a Cressida romper a llorar de forma espontánea por la ausencia de sus hijos los próximos meses.

Era en momentos como ese cuando las palabras que Theon había dicho en la reunión con Valter se repetían en su cabeza.

«Sus resultados la sitúan en el extremo superior de la escala de poder».

No concluyentes.

Así había descrito Theon los resultados de su prueba.

Y suponía que lo habían sido en cuanto a su elemento, pero le había dicho a Valter que seguía estimándose que este fuera el aire.

Eso a ella no se lo había contado, ni siquiera cuando le había preguntado específicamente cuáles habían sido sus resultados.

«Sus resultados la sitúan en el extremo superior de la escala de poder».

Le había mentido. No habían sido no concluyentes . Todo el rollo que le había soltado esa mañana sobre ser un equipo, sobre ceder ambos un poco. Sobre dar y recibir…

No habían sido más que una sarta de mentiras para conseguir lo que quería de ella.

¿Por qué se había planteado siquiera la idea de confiar en él? Y, ahora, tenía esa puñetera marca de trato en la piel. Porque, al parecer, con una que la uniera a él no había tenido suficiente. ¿En qué había estado pensando?

En nada. Había sido tan impulsiva como siempre. Tan incapaz de controlarse como siempre.

«Demasiado rebelde. Demasiado problemática».

—¿ Tessa ?

Se giró y se encontró a Axel en el umbral de la puerta, observándola con cautela. La oscuridad la envolvía como una ligera niebla. Era la primera vez que le veía dejar su poder a vista de todos más de un par de segundos.

—¿Qué? —le preguntó.

—Está lloviendo, muñeca —dijo con voz suave.

Ni siquiera se había dado cuenta de que, en efecto, había empezado a chispear. Se abrazó a sí misma y se dio un achuchón, fingiendo que era Dex , Corbin o Lange quien lo hacía.

Sus antiguas inseguridades y sentimientos resurgieron de las profundidades de su alma.

«Demasiado problemática».

— Tessa . —Notó un toque suave en la espalda baja—. Entra, te estás mojando.

Alzó la vista hacia unos ojos verde esmeralda.

—Deberías habérmelo dicho —susurró y empezó a llover más fuerte.

—Te acababas de despertar, seguías dolorida… — Theon se interrumpió con el pelo pegado a la frente.

—Deberías habérmelo dicho.

—No cambia nada, Tessa . Ya te había seleccionado, ya eras mía. Esto no cambia nada.

—¿Lo sabías? ¿Lo sabías cuando me seleccionaste? ¿Pone algo en esos putos documentos llenos de información que tienes sobre mí que ni siquiera yo sepa? ¿Por eso me escogiste?

—No, Tessa —le aseguró Theon , negando con la cabeza—.

Sabía que estaba previsto que emergieras con aire.

Tenías cierta afinidad con el agua, pero la sacerdotisa de ayer me dijo que nunca has hecho uso como tal de ninguna magia elemental en ninguna de tus evaluaciones.

No eran más que conjeturas basadas en tus reacciones durante las pruebas y tu estirpe.

—¿Mi estirpe? —repitió Tessa , que se echó hacia atrás como si la hubiera empujado.

Su espalda chocó contra la barandilla del balcón—.

Estaba sola, Theon . Siempre. Me criaron en una casa del poblado hasta que fui lo bastante mayor para empezar a formarme en la escuela.

Tendrían que saber quiénes son mis padres para que mi estirpe influyera en las predicciones.

Algo parecido a la lástima atravesó la expresión de Theon .

—Apártate de la barandilla, Tessa —la persuadió y le tendió una mano.

—¿Sabes quiénes son mis padres? —preguntó. El vínculo en su pecho lo llamaba a gritos mientras ella contenía el aliento, a la espera de su respuesta.

—Entra, Tessa . Podemos hablar —dijo y dio un paso hacia ella.

—¿Lo sabes o no? —volvió a preguntarle.

Un relámpago iluminó el cielo oscuro y un trueno retumbó.

— Tessalyn . —Su nombre escondía una advertencia. Si seguía así, la embelesaría.

Le dio igual.

—¿Por qué me escogiste? —optó por preguntar. Tenía la cabeza y el corazón hechos un lío.

No podía concentrarse en nada que no fuera lo mucho que sabía sobre ella, sobre quién era, cuando ella había vivido en la ignorancia en un poblado con otros huérfanos fae.

Escuchando constantemente que no era suficiente.

Que no era lo bastante obediente. Que nadie la querría a menos que tuviera algo que ofrecer a cambio.

Que era demasiado problemática para que alguien se molestara en lidiar con ella.

Que nunca sería nada, que era una decepción demasiado grande como para llegar a ser algo.

Así era como se habían encontrado los unos a los otros.

Dex y Brecken . Oralia . Lange y Corbin .

El poblado fae de Celeste era distinto al resto.

Los otros tres poblados eran más bien ciudades pequeñas donde los fae residían.

El de Celeste era al que iban a parar los fae que no tenían hogar.

Aquellos que no tenían una familia que los criara.

Pero Tessa había llegado la primera. Y se había pasado años sola.

Dex había sido el primero en aparecer cuando ella apenas tenía dieciocho. Le sacaba casi cinco años y no había podido participar en la Selección más reciente por apenas un mes. Le habían mandado al poblado de Celeste junto a otros pocos a esperar al próximo año de Selección.

La había encontrado escondida bajo unas escaleras que daban a las cocinas.

De pequeña, siempre se escondía allí con la esperanza de robar lo que sobrara de hacer la comida.

Con el tiempo, se había convertido en su escapatoria de…

Bueno, de todo. Excepto de sus propios pensamientos. De esos nunca había escapatoria.

Una cabeza de pelo marrón oscuro apareció de la nada, acompañada de unos ojos tan oscuros que casi parecían negros en la penumbra del rinconcito bajo la escalera.

—¿Qué haces ahí abajo?

—¿Que qué hago aquí abajo? —le había preguntado Tessa —. ¿Qué haces tú aquí abajo?

El hombre se adentró más en las sombras y se dejó caer en el suelo junto a ella. Traía una bolsita de papel en la mano. Dobló una rodilla para apoyar el brazo sobre ella. Entonces, le tendió la bolsa.

—¿Quieres?

Ella entrecerró los ojos.

—No.

—Pero si ni siquiera sabes lo que hay dentro —replicó.

—No me hace falta saberlo. No pienso ayudarte.

—¿Ayudarme? ¿A qué?

—¿Quién eres? —le preguntó Tessa .

— Dex . ¿Y tú?

—Nunca te había visto por aquí.

—Llegué esta mañana. Vengo del poblado de Serafina.

—¿Por qué?

Dex se encogió de hombros.

—Supongo que necesitaban un sitio donde dejarme hasta la Selección. —Rebuscó en la bolsa y sacó un dónut antes de darle un mordisco—. ¿Vas a decirme cómo te llamas o qué?

—No. ¿De dónde los has sacado?

Dex la miró de reojo.

—¿Los dónuts?

Ella asintió. Se moría de hambre. Madre Cordelia había encontrado alguna excusa para dejarla sin comer ese día. Ni siquiera recordaba lo que había hecho esa vez.

—Los compré en Arobell antes de venir aquí.

—Ah.

Volvió a ofrecerle la bolsa.

—¿Quieres?

Ella negó con la cabeza.

—¿Qué haces aquí abajo? —repitió, observando el espacio reducido. Si ella apenas cabía allí, ni hablar de un hombre adulto.

—¿Qué edad tienes? —soltó antes de poder evitarlo. Para sorpresa de nadie.

—Veintitrés. ¿Y tú?

—Si tienes veintitrés, ¿por qué no se te ha asignado un reino?

—Nací unos días demasiado tarde, supongo —respondió y se encogió de hombros mientras se terminaba el dónut.

Ella respiró hondo entonces, apoyó la cabeza contra la pared y cerró los ojos.

—Vale, pues, Dex del poblado de Serafina, no sé qué habrás oído de mí, pero no es cierto, así que ya te puedes ir pirando.

—Ni siquiera sé cómo te llamas.

—Vete.

—No pretendía molestarte.

Tessa no dijo nada.

—Perdón si te he ofendido.

Un crujido resonó por el rinconcito y, un momento después, le oyó marcharse. Cuando abrió los ojos, vio que se había dejado la bolsa de papel. Mirando a su alrededor para asegurarse de que de verdad se había ido, sacó un dónut con cobertura de chocolate y le dio un mordisco.

—¿ Tessa ?

El sonido de la voz de Theon la devolvió al presente; ahora estaba diluviando. Unas gotas frías se le deslizaron por la espalda desnuda. Estaba justo delante de ella con las manos metidas en los bolsillos.

—¿En qué pensabas, pequeña tormenta?

Lo miró a los ojos.

—Dime por qué me seleccionaste. Ve al grano. Dime qué quieres de mí.

—¿Por qué te importa tanto? —preguntó Theon . Tenía el traje chorreando y se le pegaba al cuerpo.

Ella ni siquiera sentía el frío contra la piel.

—Dímelo.

—Dime por qué te importa —objetó.

—¡Que me lo digas! —gritó, pero su voz se la llevaron los vientos aullantes—. Dime qué quieres tanto de mí que me separaste de quienes de verdad se preocupan por mí, joder.

—¿Por qué insistes en que no me preocupo por ti?

—¿Por qué no puedes responder a la puñetera pregunta? —Alzó las manos y le dio un empujón en el pecho. Para su sorpresa, retrocedió unos cuantos pasos.

—Viento —murmuró Theon , devolviéndole la mirada. En realidad, no pudo oírle por encima de la lluvia torrencial, pero le leyó los labios. Levantó la vista al cielo durante un buen rato antes de volver a acercarse a ella—. Entra, Tessa . Responderé a tus preguntas.

—Respóndelas ahora —exigió, empecinada, cuando extendió el brazo hacia ella e intentó arrastrarla hacia las puertas.

Se giró hacia ella.

— Tessa —dijo, incrédulo—. Tienes que resguardarte de la lluvia.

Ella se llevó el brazo a la espalda y se agarró a la barandilla, negándose rotundamente.