Llamaradas y Quirófanos 16 Te quiero y sigo enfadado #3
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16 Te quiero y sigo enfadado #3

Cuando habló, no intentó adornarlo.

—Yo también te quiero. Y creo que llevo bastante tiempo haciendo cosas alrededor de esa frase porque decirla me obligaba a admitir que ya no estaba tomando decisiones para una vida donde solo tenía que pensar en mí.

—David se incorporó en el sofá, incapaz de permanecer recostado mientras continuaba—.

Eso no convierte en correcta la forma en que manejé Moon Island.

De hecho, probablemente explica parte del error.

Te quiero y, cuando quiero a alguien, mi primer impulso sigue siendo intentar que las cosas le resulten más fáciles antes de comprobar si esa facilidad es la que quiere.

Ryan respiró hondo al otro lado. La declaración no había producido el alivio instantáneo que los dos habrían podido fingir en otra clase de historia; David seguía notando la distancia física, la discusión pendiente y el hecho de que Ryan no había dicho que lo perdonara por nada.

—Tu elección del momento es objetivamente terrible —dijo Ryan, y la ironía tenía ahora una fragilidad que David no quiso romper con un chiste rápido—.

Primera declaración de amor mutua por teléfono, después de una pelea sobre una decisión laboral, conmigo todavía vestido a medias y probablemente oliendo a hospital.

Si Olivia pregunta algún día, voy a mentir.

David sintió una risa escapársele antes de responder que no pensaba discutir el derecho de Ryan a mejorar la versión oficial. La ligereza duró lo suficiente para evitar que el momento se volviera ceremonial, pero no se utilizó para desplazarlos hacia una reconciliación completa.

—No quiero que vengas esta noche —dijo Ryan después, y explicó la decisión antes de que David pudiera interpretarla como retirada—.

Quiero verte. Mucho. Precisamente por eso prefiero que no aparezcas aquí y convirtamos decirnos que nos queremos en la razón para dejar de estar enfadados.

Mañana probablemente seguiré pensando que esperaste demasiado para contarme lo de la academia, y tú probablemente seguirás pensando que trato el hospital como una ley física.

Si te veo ahora, me conozco lo suficiente para saber que voy a querer besarte antes de terminar de sentir todo lo demás.

La honestidad le resultó frustrante porque David también quería ir a Back Bay, abrazarlo y sustituir durante unas horas la discusión por algo que ambos sabían hacer mucho mejor. Reconocer ese deseo hizo más fácil no actuar sobre él.

—Entonces me quedo aquí —respondió—. No como demostración de que respeto límites mejor que nadie, sino porque lo has pedido y tiene sentido. Mañana puedo seguir queriéndote sin necesitar que esta noche produzca una reconciliación completa.

Ryan soltó un sonido entre risa y cansancio. —Eso último ha estado peligrosamente cerca de sonar bien. No te acostumbres.

La conversación cambió después de eso porque ya no podían volver al estado anterior y tampoco tenían energía para resolver el siguiente.

Hablaron de cuándo podrían verse, no para continuar la discusión durante horas sino para evitar que la distancia se convirtiera otra vez en un vacío lleno de interpretaciones.

Ryan tenía una ventana corta dos días después; David podía acercarse si el trabajo se lo permitía.

No prometieron que Moon Island quedaría resuelto entonces.

Antes de terminar la llamada, David decidió formular la pregunta que llevaba toda la tarde rondándole precisamente porque esta vez necesitaba preguntarla antes de convertirla en plan.

—Quiero averiguar cómo es realmente el trabajo en la academia antes de decidir —dijo—.

Hasta ahora he estado reaccionando a una oferta y a una idea de lo que significa enseñar allí.

Podría pedir pasar tiempo con ellos, observar la formación y hablar con gente sobre el trabajo concreto.

Si hago eso, ¿quieres que te vaya contando cada paso o prefieres que te diga qué descubro cuando tenga algo que decir?

Ryan tardó poco en responder, pero la respuesta fue lo bastante desarrollada para que David entendiera que también estaba renunciando a una de sus defensas.

—Quiero saber que lo haces, porque forma parte de tu vida y acabamos de pasar demasiado tiempo discutiendo precisamente sobre enterarme tarde.

Pero no quiero una retransmisión. Si pasas un día allí, no pienso escribirte cada dos horas preguntando si ya has descubierto tu vocación.

Cuando tengas una impresión que sea tuya, me la cuentas.

Tendré que soportar no conocerla antes que tú.

David sintió que aquello era más importante que cualquier acuerdo sobre horarios.

—Eso puedo hacerlo.

No hubo necesidad de que Ryan confirmara con otra réplica breve.

La conversación permaneció unos minutos en cuestiones cotidianas: el trabajo del día siguiente, el frío, si Ryan había cenado finalmente.

David preguntó esta última cosa después de advertir que no pretendía convertirla en una orden; Ryan reconoció que había comido algo al llegar y permitió que el asunto terminara allí.

Se despidieron sin repetir el «te quiero» para comprobar que seguía vigente.

David habría podido decirlo otra vez. Quería hacerlo.

Eligió no convertir las palabras en una contraseña que debían utilizar cada vez que una conversación acabara mal.

Ryan ya sabía lo que sentía y, por primera vez, David sabía también que podía ser querido mientras alguien estaba profundamente molesto con él.

Cuando la llamada terminó, permaneció un rato en el sofá con el teléfono en la mano, no tanto procesando la declaración como el extraño hecho de que nada material se hubiera resuelto.

Moon Island continuaba abierto. Ryan seguía en Back Bay.

David no tenía un nuevo horario, una respuesta profesional ni siquiera la seguridad de que su siguiente conversación fuera fácil.

Tenía, en cambio, un paso que podía tomar sin decidir el final.

Abrió el portátil y volvió al correo relacionado con la academia.

Esta vez evitó leer la propuesta como un catálogo de ventajas futuras y redactó una respuesta concreta: antes de tomar una decisión, quería pasar tiempo allí, observar una jornada de formación y entender mejor qué exigiría la función en la práctica.

Revisó el mensaje para asegurarse de que no estaba prometiendo nada que aún no sabía y lo envió.

El impulso de escribir inmediatamente a Ryan apareció mientras la confirmación seguía en la pantalla. David sonrió al reconocerlo y dejó el teléfono donde estaba. Ryan ya sabía que iba a pedir esa oportunidad; no necesitaba un parte en tiempo real.

Dos días después podrían verse y, con bastante probabilidad, seguirían discutiendo alguna parte de todo aquello.

David cerró el portátil, recogió la taza que había dejado en la mesa y fue a prepararse para dormir con una realidad nueva incorporada a la misma vida que todavía no sabía cómo reorganizar: Ryan lo quería, él quería a Ryan y ninguno de los dos había ganado la pelea.