CAPÍTULO 7
CJ me recibió a la mañana siguiente en urgencias.
—Me sorprende que hayas vuelto. Pensé que estarías a medio camino de vuelta a Texas después de lo de ayer.
—¿Y perderme toda esta emoción? De ninguna manera. Además, Banshee es una celebridad local y le encanta la atención. ¿Verdad, chico? —Banshee sonrió apreciativamente —¿Qué hay en el orden del día?
—Hoy, tú diriges urgencias y yo me pongo al día con el papeleo y las entrevistas con los medios. Van a dar una actualización de los pacientes en una hora.
—¿Cómo están todos?
—Noche dura para Hailey, pero salió adelante. Si no ocurre nada inesperado, debería lograrlo. Todos los demás superaron la operación y se están recuperando. Un pequeño milagro que nadie muriera ayer.
—Definitivamente superó las probabilidades. Esperemos que la buena suerte continúe.
—Esperemos no necesitar tener suerte hoy .
Dejé a CJ con su papeleo y me dirigí a urgencias. Tras el caos del día anterior, la tranquila sala de urgencias volvía a la normalidad, con solo dos pacientes a la espera de los resultados de laboratorio.
CJ vino después del almuerzo y nos llevó a Lois y a mí a un lado.
—Prepárense, el paciente VIP está en camino.
Lois suspiró y sacudió la cabeza.
—Dejame adivinar ¿es Carol?
—Buena suposición —confirmó CJ—. Al parecer, tuvo otra caída y tiene una lesión en la muñeca y una laceración en el cuero cabelludo.
—Genial. Voy a preparar una cama y a ver si encuentro una alfombra roja para extenderla —murmuró Lois mientras se marchaba.
—¿Cliente frecuente? —pregunté.
—La más frecuente de nuestros clientes. Carol Felton está casada con el tipo cuyo nombre está en la fachada de este edificio.
Tiene mucho dinero y se lo gasta en alcohol y pastillas.
Si alguna vez necesitaran la foto de una ricachona dramática y borracha para el diccionario, Carol sería la modelo. Ah, y ella y Lois no se soportan.
—Bueno, al menos tenemos algo en común. A Lois tampoco le caigo bien.
CJ le hizo un gesto con la mano.
—A Lois no le cae bien nadie. Tiene una lista de gente que tolera. De todos modos, buena suerte. Y ten cuidado. La Sra. Felton es un poco acosadora con los hombres cuando está borracha.
Diez minutos después, conocí a la Sra. Felton. En cuanto se abrió la puerta, la oímos gritar arrastrando las palabras.
—Tardamos mucho en llegar. ¿Hemos atravesado todo el puto valle en una excursión turística? Debo habérmelo perdido, porque ustedes, pendejos, me encerraron en la parte trasera de esa jaula de acero. Un montón de idiotas es lo que son. Sácame de esta maldita cosa y llévame a una habitación.
Esperé mientras la acomodaban en la habitación. Los paramédicos salieron muy sonrientes.
—Buena suerte. Ahora ella es tu pedo —dijo el primero .
—Tienes suerte. Hoy está de buen humor. Algunos días es realmente desagradable.
Ambos rieron mientras salían del edificio. Tenía ganas de subirme a la ambulancia y escapar con ellos.
Me armé de valor y entré en la habitación con Banshee a mi lado.
La paciente se sentó en la cama y tenía un aspecto desastroso, con un nido enmarañado de pelo rubio bañado de sangre por un corte en el cuero cabelludo.
La sangre que escurría por su frente competía con el maquillaje que corría por su rostro para rellenar las grietas de toda una vida de sol.
Los 54 años que había pasado en este planeta habían sido duros para ella.
—Buenas tardes, Sra. Felton. Soy el Dr. Docker, pero puedes llamarme Doc. ¿En qué puedo ayudarle hoy?
—Se me ocurren muchas maneras en las que un joven tan guapo como tú podría ayudarme. ¿Qué tenías pensado?
Me preguntó con una voz que seguro pensaba era sexy. En realidad, era un murmullo confuso, difícil de entender.
—Bueno, para empezar, creo que vamos a limpiar y reparar esa fea laceración que tiene en la cabeza.
Y creo que le haremos un TAC de la cabeza para asegurarnos de que no haya lesiones cerebrales.
Tengo entendido que también se lastimó la muñeca.
—Levantó un brazo hinchado que los paramédicos ya habían entablillado—.
Hagamos una radiografía de eso también. ¿Le parece un buen plan?
—Es el principio de un plan. Pero tengo más en mente.
—Seguro que sí, señora. Déjeme hacer un examen rápido.
Tenía una pequeña y fea laceración de cinco centímetros en el cuero cabelludo, y su muñeca estaba definitivamente rota, pero no parecía haber otras lesiones.
—¿Supongo que me dará algo para el dolor, doctor? —preguntó.
—Creo que está bastante bien medicada, pero seguiremos observando ese nivel de dolor.
—Y yo te observaré a ti, Doc. ¿Necesitas que me desnude y me ponga una bata? Me duele el brazo, así que puede ser que necesite tu ayuda .
—Las enfermeras le van a ayudar con eso mientras preparo algunas órdenes.
Cuando salí de la habitación, la oí hablar con las enfermeras.
—Se está haciendo el difícil. Definitivamente le gusto.
La tomografía computarizada de la cabeza dio negativo, pero la radiografía de la muñeca mostró una fractura no desplazada del radio.
Le pedí a la enfermera que llamara a ortopedia mientras yo le reparaba la laceración del cuero cabelludo.
Serenada por una letanía de sugerencias suyas que harían sonrojar a un sargento instructor, me detuve varias veces mientras me temblaban las manos de la risa.
Kirsten entró en la habitación cuando terminé.
—Hola de nuevo, Sra. Felton. Otra caída, supongo.
La Sra. Felton se tomó un momento para enfocar sus ojos en el nuevo intruso.
—Por el amor de Dios, no la doctora lesbiana otra vez.
Sin inmutarse, Kirsten examinó la muñeca herida mientras la señora Felton se volvía hacia mí.
—Todos esos fornidos doctores especialistas en huesos, y siempre me lesiono cuando esta enana está a cargo de urgencias. Le gustan los huesos pero no le gusta el deshuesado, ya me entiendes.
Su astucia le arrancó una carcajada.
Kirsten me miró con un atisbo de sonrisa en la cara mientras examinaba con cuidado la muñeca herida.
—¡Ay! puta de mierda. Eso duele.
—Lo siento, parte del examen. Ahí es donde está la ruptura. Te voy a poner un yeso, pero sin cirugía esta vez. ¿Alguna pregunta?
—No. Saca ese culo flaco de aquí y déjame un rato a solas con este hombre.
Aproveché la oportunidad para escapar.
—Voy a mover mi culo fuera de aquí también. Buenos días, Sra. Felton.
Kirsten y yo volvimos a la enfermería. Me miró a los ojos.
—No está bien que me la hayas encasquetado.
—Lo siento. Pensé que hoy estabas de guardia en urgencias .
—Lo estoy, pero aún así no es agradable.
—Realmente lo siento.
Se detuvo un momento.
—¿Cuándo termina tu turno?
—A las seis.
—De acuerdo. Nos vemos en el restaurante de Tito a las siete. Puedes invitarme a cenar y continuar con tus disculpas. Me voy de aquí antes de que aparezca el viejo. Es tan malo como ella.
Giró sobre sus talones y se marchó.
Miré a Banshee.
—Las mujeres de las montañas son tan diferentes de las tejanas. —Banshee jadeó confirmando.
Mientras completaba mi papeleo, el Sr. Felton y su hijo llegaron para recoger a la paciente.
John Felton era el típico ranchero de Montana.
Con una altura de 1.72 metros y un peso de 73 kilos, era todo músculo.
Cojeaba ligeramente de una fractura de cadera sufrida en un accidente de rodeo años atrás, pero tenía un andar decidido que hacía caso omiso de las molestias.
Todas sus prendas, desde el sombrero hasta las botas, eran de alta calidad, compradas en la zona, estaban desgastadas y cubiertas de polvo.
Caminaba con confianza, como un hombre dueño de la ciudad, que lo era.
Su hijo contrastaba con esa imagen. Connor tenía 21 años y estaba en forma como su padre, pero sus movimientos eran vacilantes.
Sus ojos estudiaban furtivamente la habitación sin cesar.
Sus ropas estaban desaliñadas y sucias, no polvorientas.
En su cinturón llevaba dos fundas actualmente vacías que sus manos buscaron inconscientemente hasta que recordó que no llevaba armas.
John habló con voz autoritaria.
—¿Dónde está? ¿Cómo está y cuándo podremos salir de aquí? —preguntó a la sala.
—Sr. Felton, por favor llamame Doc. Estoy a cargo del cuidado de su mujer. Está en la habitación seis. Tiene un corte en el cuero cabelludo, que hemos reparado, y una muñeca rota que está escayolada. El TAC de la cabeza es normal .
John asintió con la cabeza a su hijo.
—Connor, ve a prepararla.
Connor salió corriendo hacia la habitación seis.
John me miró con profesionalidad.
—Solo puedo imaginar lo que te dijo. Disculpas por su comportamiento. La bebida saca lo peor de ella.
—No se preocupe. La atendimos bien.
—Gracias. Y gracias por tu trabajo ayer. Oí que tú y tu perro contribuyeron a salvar a esos niños.
—Fue un esfuerzo de equipo. Solo hicimos nuestra parte para ayudar. Me alegro de que no saliera peor.
—Maldita sea. Niños disparando en escuelas. ¿A qué ha llegado este mundo?
—No puedo estar más de acuerdo. —Repasé con él las instrucciones para el alta—. ¿Alguna pregunta, cree necesitar algún analgésico para ella?
John se rió por primera vez.
—Seguro notaste, Doc, que a la señora le gusta automedicarse. Lo último que necesita son más pastillas para el dolor. Con lo que tenemos en el rancho es más que suficiente.
No quise preguntarle qué tenía en el rancho, pero supuse que si era lo bastante fuerte como para sedar a un caballo, probablemente funcionaría con ella. Al menos durante un tiempo.
—Está bien, recuerde, debe volver en cinco días para que le quiten las grapas.
John pensó un momento.
—Tengo una idea mejor. Ya que a mi mujer no le gusta viajar. ¿Qué te parece si vienes al rancho en cinco días y se las quitas en la casa? Me encantaría enseñarte el lugar. ¿Qué dices, Doc?
Normalmente ni siquiera me plantearía algo así, pero sentía curiosidad por el rancho. Parecía más una orden que una invitación.
—Por supuesto. Voy a encargarme de las grapas y conocer el rancho .
John me dio un número al que llamar para concertar la visita mientras Connor salía de la habitación empujando a su madre en una silla de ruedas.
—Hola nena, ¿estás bien? —John preguntó.
—Estoy bien. No tan bien como ese médico de ahí. Pero estoy bien.
—Cuídese, Sra. Felton. La voy a visitar en el rancho dentro de cinco días para quitar esas grapas.
—Y yo voy a estar lista para ti —dijo sugestivamente.
Connor habló por primera vez.
—Y yo también.
Me miraba fijamente con una extraña intensidad. Sus ojos brillaban con un nivel de animosidad impropio de la situación, y cada vez que sus ojos se desviaban hacia Banshee, sus manos echaban mano a sus fundas vacías.
. . .
CJ pasó por aquí en cuanto se fueron.
—Bueno, ¿cómo te fué? ¿Te hizo algún comentario inapropiado?
—Estoy bastante seguro de que todos sus comentarios fueron inapropiadamente sugerentes.
—No te sientas demasiado halagado. Es así con todo el mundo. Si no hay hombres, elige a una mujer. Me enorgullece decir que me ha hecho ofertas que no oía desde mi época universitaria.
—Qué familia tan rara. ¿Qué pasa con ellos? Especialmente ese chico espeluznante.
—Y vaya que son raros. Los Felton son ganaderos de tercera generación.
Son dueños del Rancho Felton Forty al este de aquí.
En realidad, al este y al sur de aquí. Son unas 16,000 hectáreas con Dios sabe cuántas cabezas de ganado.
También poseen un tercio de los terrenos de la ciudad y son propietarios de muchos de los comercios y viviendas.
»El viejo Felton es un mezquino y desagradable hijo de puta que viene de una larga línea de mezquinos y desagradables hijos de puta.
Lleva varias décadas dirigiendo el rancho y este pueblo.
Su encantadora esposa se toma la primera copa al despertarse y deja de hacerlo cuando se desmaya cada noche.
Supongo que es la única forma que tiene de soportarlo, pero va que vuela hacia una tumba prematura.
No hay forma de que ese hígado dure otros dos años.
—¿Y el muchacho? —pregunté.
CJ se estremeció visiblemente.
—Perdona mi lenguaje, pero ese chico está loco como una puta cabra.
Provocaba incendios y lastimaba a los animales en la escuela primaria.
Pasó a las drogas, las peleas y los robos en su adolescencia.
Y no me hagas hablar de cómo se comporta con las mujeres.
Es un sociópata y un delito andante a punto de ocurrir.
—Me sorprende que no esté en la cárcel.
—Ha estado allí varias veces. Y cada vez su papá hace alguna gran donación a la ciudad, las pruebas se pierden milagrosamente y los testigos se olvidan.
Su viejo probablemente ha gastado el 20 por ciento de sus bienes manteniendo a ese chico fuera de la cárcel.
Se rumorea que la donación que hizo posible este hospital fue para saldar una acusación de violación.
El edificio es bonito, pero el dinero que hay detrás es sucio.
—Parece que al viejo se le va a acabar pronto el dinero o la paciencia con su hijo.
—Se podría pensar, pero parece tener un suministro infinito de ambos.
La familia es importante para él y dejar el rancho a la siguiente generación es lo único de lo que habla.
Pero si quiere hacerlo, es mejor que adopte pronto.
Connor fue un desastre desde el momento en que nació de una madre borracha y un padre abusivo.
El muchacho nunca tuvo una oportunidad en la vida.
—Entonces, ¿es seguro para mí ir dentro de cinco días a quitarle las grapas?
CJ se rió.
—Ella te convenció de una visita a domicilio ¿eh?
, es seguro. No me gustaría estar solo en una habitación con la esposa o el hijo, pero es seguro.
Y es precioso. Algunos dicen que es el rancho más bonito de Montana.
Deberías verlo. Te ayudará a entender cómo se financia esta ciudad.
Tengo algunas reuniones pendientes. Disfruta del resto del turno.
—Va que va —le dije mientras se alejaba.
Me preguntaba cuánto dinero podría ganar un rancho. Me prometí investigar un poco antes de mi visita.