Epílogo de Archie
Tener a toda su familia y amigos en su propia casa era un sueño.
Incluso Lidia había venido con dos jerséis preciosos bordados con estrellas para sus hijas.
Ella estaba sentada, pero ver tanta animación le devolvía a la vida.
No habían hablado de cuánto le quedaba o cómo se encontraba. La veía feliz y eso era suficiente.
Entró en su pequeño despacho para coger un cordel para atar el pavo cuando el manuscrito que tanto tiempo le había ocupado cayó al suelo.
Una de las páginas se había salido. Una en la que relataba la relación con Esme.
Suspiró. La había amado mucho, pero Sophie era su alma gemela.
Ambos habían llorado emocionados cuando la leyeron juntos.
Todavía no sabía si la iba a publicar, pero al menos, la había terminado.
Como la ampliación de la casa o la de invitados.
Cierto que había tenido ayuda porque contrató una cuadrilla de obreros local que, bien pagados, habían hecho un gran esfuerzo por levantar la casa en meses.
Además, la casita de Léo tenía un gran salón cubierto.
Lo echaba de menos, aunque comprendía que los hijos… o los sobrinos, deben volar. Y él era muy feliz. Hablaban a menudo por la noche, cuando todos dormían, e incluso a veces se conectaban Ana y Ben.
Con una gran sonrisa, sacó los aperitivos al salón. El jaleo era grandioso, pensó mientras sonreía mirando a su esposa. Cordelia sujetaba a Maia y Carole a Vega, Lidia sonreía y Léo hacía fotos de todos.
Anastasia llegó con Tom y Jacques en ese momento. Los tres venían del Consejo. Enseguida la wiccana dejó a la bebé y se echó en brazos de su alfa. El beso hizo silbar a Tom, que saludó a todos. Ana le dio un cariñoso abrazo y fue a ver a las niñitas. Léo la abrazó con afecto.
—¿Todavía no ha llegado Benjamin?
—No. No creo que tarden.
Enseguida llamaron a la puerta y apareció su hermano con dos enormes osos con una camiseta llena de estrellas. Dios sabía dónde los iba a meter, debería ampliar la casa de nuevo.
Los saludos se sucedieron y al poco, todos se sentaron a la mesa, con las dos nenas dormidas a pesar del jaleo.
Archie había inventado una sopa fría con las pastillas de su hermano para poder participar del menú. Sacó el guiso vegetariano para las brujas y también el carnívoro para los licántropos.
Quien los viera por la ventana, con todas esas risas, ese amor y tantos abrazos, pensaría que era una familia normal. Y lo era. Aunque tuvieran garras, colmillos y buenas maneras.
FIN