Lealtad de la manada Epílogo
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Epílogo

NOAH

Nueve meses después

Miré al bebé rosado y chillón que tenía en brazos y el corazón se me hinchó en el pecho. El amor, tan intenso como el que sentía por Amy y Trixie, me invadió por mi nuevo hijo y por la mujer que lo había traído al mundo.

—Es absolutamente perfecto, Amy —le dije, mientras la comadrona ligaba el cordón y lo envolvía en una manta fina de color azul.

—Qué bien —jadeó Amy, dándose la vuelta para tumbarse boca arriba en la cama después de dar a luz a cuatro patas.

Se la veía feliz pero exhausta. A mis ojos, seguía siendo perfecta, pero de repente me invadió la ansiedad.

—¿Está bien? —le pregunté al médico, que seguía entre las piernas de Amy examinándola. Amy había quedado tan preocupada tras el trauma en torno al parto de Trixie que habíamos contratado a un especialista de la ciudad para que viniera a casa a atender el parto.

—Está muy bien —dijo el médico, y mi ansiedad se desvaneció. Gracias a Dios. Amy lo era todo para mí. Amy y nuestra hija. Y ahora nuestro hijo perfecto.

—Lo ha hecho de maravilla —añadió el médico con una sonrisa—. Voy a comprobar si hay algún desgarro, pero no hay sangrado excesivo, lo cual es estupendo.

—¿Puedo cogerlo? —preguntó Amy, extendiendo los brazos hacia nuestro hijo.

—¡Por supuesto! —Lo llevé hasta sus brazos, que me esperaban abiertos.

Suspiró al cogerlo y se lo puso directamente en el pecho. Le besé la frente, caliente y sudorosa por el esfuerzo.

—¿Quieres que vaya a buscar a Trixie? ¿O necesitas un rato de tranquilidad?

Trixie ya tenía más de dos años y había empezado a hablar sin parar. No había forma de que se callara, aunque hubiéramos querido.

—Oh, me encantaría verla. Por favor —dijo Amy, acariciando la cabecita de nuestro hijo recién nacido—. Creo que debería conocer a su hermano cuanto antes.

Asentí, di las gracias al médico y me dirigí a casa de Kara a recoger a Trixie. Últimamente pasábamos mucho tiempo en casa de Ronan; su nueva y pequeña familia disfrutaba de la compañía de la nuestra, y Trixie estaba encantada con el nuevo heredero del Alfa.

Mientras caminaba por la calle, saludé con la mano a los miembros de mi manada y les levanté el pulgar a todos, y desde todas partes me gritaron felicitaciones. Sonreí con la barbilla alta y seguí caminando.

Los últimos nueve meses no habían estado exentos de dificultades, pero Amy y yo las habíamos superado juntos, obstáculo a obstáculo.

Había aprendido a confiar en ella, dejando atrás el pasado y perdonándole las decisiones que había tomado en torno al nacimiento de Trixie.

Había aprendido que sin esa confianza mutua no podíamos construir la relación que ambos anhelábamos.

Así que había decidido aceptar lo que había sido, soltarlo y centrarme en el presente y el futuro.

Y con esa liberación había llegado la capacidad de amar de verdad a Amy, y de que ella me amara a mí.

Ninguno de los dos temía ya la atracción del vínculo de compañeros predestinados. Al contrario, habíamos llegado a valorarlo como el regalo que realmente era.

Trixie parecía florecer viviendo aquí en el bosque con los otros niños como ella: uno o dos niños mitad lobo, mitad humanos, y el resto metamorfos completos. Y Amy decía que le encantaba formar parte de una comunidad tan pequeña y unida.

Me encantaba que todos en la manada las hubieran aceptado a ella y a Trixie sin cuestionarlo. Ahora formaban parte de nuestra manada, y eso nunca cambiaría.

Cuando llamé a la puerta, Kara abrió con su bebé, Tennessee, apoyado en la cadera.

—¡Hola, Noah! ¿Ya ha nacido el bebé?

—¡Sí! Tenemos un hijo precioso y muy sano. Y Amy está muy bien, según el médico.

—¡Eso es maravilloso! Enhorabuena —dijo Kara con una sonrisa enorme.

—¡Papi! —gritó Trixie, que vino corriendo hacia mí y se lanzó a mis brazos.

—Hola, preciosa. ¿Has pasado un buen día con la tía Kara?

—Oh, sí —dijo con una sonrisa—, pero quiero ver a mami.

—Qué curioso, ¡porque ella también quiere verte a ti! —Alcé a Trixie en mis brazos y me volví hacia Kara—. Muchas gracias por cuidar de ella.

—¡Por supuesto! Cuando quieras. ¿Amy está bien de verdad?

—Está estupendamente —dije, sintiendo el orgullo florecer en mi pecho—. Sobre todo después de lo que pasó con el parto de Trixie. Ya sabes lo nervioso que estaba cuando quiso intentar otro parto natural, pero salió perfecto con el apoyo adecuado. Estoy muy orgulloso de ella.

Habían hecho falta muchas conversaciones con varios médicos, y mucha investigación, para que Amy quisiera intentar un parto natural esta vez.

Yo estaba encantado de apoyar cualquier decisión que tomara sobre su cuerpo, pero no podía describir lo orgulloso que me sentía de que hubiera logrado su objetivo.

—Es una mujer increíble, Noah. Es la pareja perfecta para ti.

—Lo sé. —Sonreí a Kara y le di un achuchón a Trixie, que seguía en mis brazos.

—Dale un beso de mi parte, y luego paso con la cena —dijo Kara—. La tengo en el horno.

Volví a sonreír a la compañera del Alfa.

—Eres la mejor, Kara. Gracias.

Kara cerró la puerta y llevé a Trixie de vuelta a casa a ver a su madre.

—¿A que no sabes qué? —le dije mientras íbamos por el camino.

—¿Qué, papi?

—¡Mami ha tenido al bebé!

Trixie arrugó la carita.

—¿Quieres decir que el bebé ya está aquí? O sea... ¿fuera de su barriga?

—Sí. Fuera de su barriga. Tienes un hermanito. ¿Vamos a conocerlo?

Trixie asintió, aunque pude ver lo preocupada que estaba. Entramos en la casa, que seguía cálida y acondicionada para el parto.

—Mamá, ¿adivina quién está aquí? —grité mientras recorría el pasillo hacia nuestro dormitorio.

Ya habían recogido casi todo el desorden y puesto sábanas limpias en la cama. Amy seguía con el bebé en brazos, pegado a su cuerpo desnudo.

Trixie corrió hacia la cama y se subió de un salto junto a su madre.

Amy rodeó a Trixie con el brazo y le susurró cuánto la quería, antes de hablarle de su hermanito.

—Ahora es muy pequeñito, pero cuando crezca, va a querer muchísimo a su hermana mayor Trixie.

—¿De verdad?

—Claro que sí —dijo Amy—. Te querrá tanto como te queremos papá y yo.

Trixie observó a su hermano y una sonrisa le iluminó el rostro.

—Es pequeñito —dijo, y alargó la mano para acariciarle la mejilla con un dedo—. Qué bonito.

Amy le dio un beso en la frente a Trixie.

—Es precioso, y tú también, mi niña hermosa. Te quiero mucho. Y papá también.

Me quedé atrás observando, maravillado ante la mujer increíble que era mi compañera. Habíamos superado tantas cosas juntos.

Acompañarla durante todo el embarazo había sido un sueño, y presenciar el parto, un milagro. Por fin había tenido la oportunidad de vivir todo lo que me había perdido con Trixie, y ahora el círculo de amor estaba completo.

—¿Papá quiere coger al bebé para que yo pueda seguir mimando a Trixie? —me preguntó Amy con un guiño.

Alargué los brazos hacia nuestro hijo.

—Encantado.

Mi familia.

La vida era absolutamente perfecta.

FIN