Las Raíces del Baztán (El Exterminador 2) Prólogo.
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Las Raíces del Baztán (El Exterminador 2)

Las Raíces del Baztán (El Exterminador 2)

Por Francho TR

© inepub.com

Prólogo.

Hay tierras que no olvidan. Tierras donde la lluvia cala hasta los huesos, donde el bosque susurra en un idioma anterior al hombre, y la piedra guarda en su grieta los secretos de los siglos.

El Valle de Baztán duerme, cubierto por la niebla, como un animal herido que no quiere mostrar sus cicatrices. Pero bajo esa niebla, bajo los helechos y las hayas retorcidas, algo respira. Algo que nunca se marchó.

Dicen los lugareños ancianos, los que aún recuerdan las historias junto al fuego, que los Basajaun, los Señores del Bosque, fueron los primeros.

Más antiguos que las iglesias, que los caseríos, que las palabras del euskera que aún resisten en la boca de los abuelos.

Criaturas de la tierra, de la piedra, del musgo.

Ni hombres, ni bestias. Algo intermedio. Algo que cuida, o castiga.

Se escondieron cuando llegaron los hombres con sus hachas y sus rezos.

Se retiraron a las cuevas, a las simas profundas, a los montes altos como el Mendaur, donde solo los locos o los pastores extraviados se atreven.

Pero no desaparecieron. Esperaron. Porque la tierra no olvida. Y la tierra, cuando la hieren, sangra.

Ahora, algo ha cambiado. Los animales desaparecen. El ganado aparece destrozado, con las entrañas esparcidas como ofrenda. Los perros no ladran. Las madres no dejan salir a los niños al anochecer. Y en las tabernas, entre trago y trago, el miedo crece, aunque nadie lo pronuncie en voz alta.

En Legasa, cuentan, en la Sima de Legarrea, se oyen gruñidos. Sombras enormes se mueven entre los árboles, y los hayedos callan, como si supieran que ha llegado su hora.

Y cuando la tierra tiembla y los hombres se encojen, siempre hay alguien que responde a la llamada.

Alguien que no cree en dioses, pero sí en balas y en fuego. Alguien que ya ha visto lo imposible… y sabe que lo peor no viene del cielo. Viene de las raíces.

Su nombre es Frantxo .