Capítulo 33 #2
—¿Pero por qué iba a intentar destruir la muralla?
—Pienso en las cicatrices del cuerpo de Nero, en las historias que contaban los marineros que viajaban por los ríos desde Perfodia y Grexium cuando yo era niña—.
La muralla es lo único que protege a la ciudad de las tierras salvajes , así como de los monstruos que cam pan por ellas. Sin la muralla, habría una matanza.
—Lo sé. —Acaricia la caja con los dedos—.
No me contó sus planes, ni por qué creía que derribar la muralla beneficiaría a los dioses , o a cualquiera en realidad.
Después de que la condenaran , no permitieron que nadie se acercase a ella hasta la ejecución.
—Se le quiebra un poco la voz—. Nos despedimos momentos antes de que yo la matase.
Pues sí que la amaba. Nada de lo que he visto de este hombre, por más aterrador que sea, me indica que mienta . Aunque me resulte sorprendente lo que me ha contado hoy , creo que es verdad. Carraspeo.
—¿Y la caja?
—La encontré en un lugar que significaba mucho para los dos. Claramente , tu madre la había escondido antes de dirigirse a la muralla, lo cual indica que sabía que era una misión imposible.
«¿Y entonces por qué se arriesgó? Los dioses llevan lejos de nosotros desde tiempos inmemoriales.
¿Por qué le parecía tan vital que regresaran como para arriesgar la vida?
». No pregunto nada de todo eso, pues está claro que la Muerte no lo sabe, y bast ante dolor hay ya en esta estancia como para añadir más.
—Lo siento.
Él me mira a los ojos y responde a una pregunta que yo ni siquiera sabía cómo formular.
—Después de su muerte, después de que yo la matase, decidí interpretar mi papel a la perfección porque la Corte Menor siguió vigilando a todos los miembros de la Cinque durante meses a la espera de que cometiésemos traición, igual que nuestra aliada.
Para cuando me sentí lo bastante a salvo como para ir a buscarte, habías desaparecido.
Retrocedo un paso.
—¿Qué ?
—Mouse te escondió de mí, de cualquiera que investigara el pasado de Osprey. —Me sigue clavando la mirada—. No tengo la menor duda de que lo hizo para protegerte, y está claro que funcionó, pero te habría entregado el regalo de tu madre hace mucho tiempo de haberte encontrado.
—Mouse … me escondió. —Cada nueva revelación va resquebrajando más el suelo que creía sólido bajo mis pies.
Antes de las Pruebas , habría dicho que Mouse jamás me había mentido.
Sin embargo , no me habló de la parte de los Bastos en las Pruebas.
Y nos hemos mudado en varias ocasiones, siempre de manera inesperada y con prisas.
¿Era porque la Muerte se estaba acercando demasiado? —. ¿Pero por qué me buscabas?
— Por el mismo motivo por el que él te escondió.
— Por fin, me da la espalda, liberándome de su mirada —.
Eres la última parte de Osprey que habita este mundo .
Mouse la quería tanto como yo, aunque de un modo diferente.
Los dos pretendíamos protegerte. Queda por ver si a él le salió mejor de lo que me habría salido a mí.
No sé cómo procesar todo esto. Mi vida entera se ha basado en unas creencias inquebrantables y la Muerte acaba de echarlas por tierra todas en una única conversación.
Es cierto que Mouse hizo todo esto para mantenerme a salvo, pero estábamos en los Sedimentos, sin ningún recurso , y empezó a entrenarme muy joven…
Las barreras que yo mantenía se han convertido en polvo. Es la única excusa que tengo para hacer la pregunta que va a partirme en dos:
—¿Sabías que la Estrella iba a matar a Nero?
Él se sobresalta.
—No. El plan era eliminar a la Sacerdotisa y a la Rueda de la Fortuna. La Torre, Nero, era un aliado fuerte, con objetivos similares para Caelria. Habría sido un miembro muy valioso de la Cinque .
Cada inspiración y exhalación me duelen como si respirase fuego . No sé si esta revelación mejora las cosas o las empeora.
—Deberías haber matado a la Estrella. Era una amenaza mayor que Vesper.
—Eso aún está por ver. Ella está muerta y Vesper ha entrado a formar parte de la Cinque. Ahora, los Espadas tienen tres votos en lugar de dos, lo que bien podría inclinar la balanza a su favor por primera vez en décadas.
—Eso tú no lo sabes.
—Llevo entre la Corte Menor casi tanto tiempo como tú con vida. —Me mira a los ojos—. Sé que te cae bien ese Espada, pero sería un error entregarle tu confianza. A cada oportunidad que se presente, se pondrá de parte de su corte.
Quizá, o quizá no. No consigo lamentar que al menos Vesper y Cato hayan sobrevivido . Puede que incluso llegue a dar las gracias por ello , si es que mi dolor disminuye en algún momento. Vuelvo a centrarme en la caja: el pergamino aguarda, un pergamino que escribió mi madre de su puño y letra.
—Gracias por contarme todo esto.
—Ándate con ojo, Kestrel. —Se gira hacia la puerta—. El peligro no termina con las Pruebas . Solo cambia de rostro.
La demostración de los Bastos me lo dejó bastante claro, pero agradezco la advertencia. Casi ha llegado a la puerta cuando digo:
—¿Muerte?
—¿Sí?
—¿Cómo te llamas? ¿Cómo te llamas de verdad?
Hace una pausa tan larga que creo que no me va a responder.
—Adder . —Dicho lo cual, se marcha, perdiéndose en la cálida luz de la tarde.
Rodeo con los brazos la caja y me la llevo a mi habitación.
No hay rastro de la clériga, lo cual es un alivio, pues ahora mismo me siento demasiado alterada como para interactuar con nadie.
El pergamino suelta un leve crujido cuando lo despliego.
La nota es bastante corta, escrita con letra delicada.
Mi madre tenía una letra muy hermosa. Paso el dedo sobre mi nombre , inspiro hondo y me tumbo en la cama a leerla .
Mi queridísima Kestrel:
Te echo enormemente de menos cada día que pasa.
Pensábamos que conocíamos los riesgos de entrar en las Pruebas, pero el peligro es mucho más evidente.
Confío en que Mouse te mantenga a salvo, pero no pienso complicarle aún más la tarea atrayendo a los lobos hasta ti.
Y menos después de que los Bastos hayan dejado claro hasta dónde piensan llegar para controlar a los miembros de la Cinque.
Hay mucho que decir y muy poco tiempo. Si estás leyendo esto es que ya no sigo con vida. Lo siento mucho, amor mío. Qué más querría que estar ahí para ti, pero ya no solo se trata de mí, tengo que pensar en toda la ciudad.
La Corte Menor pretende acabar con el culto a los dioses antiguos, un descenso lento e inevitable hacia la oscuridad.
Pero los dioses no se han ido, Kestrel. La Luna me habla.
Me habla del desequilibrio que han creado los elementos primordiales, me explica cómo corregirlo para beneficiar a todo el mundo, no solo a quienes tienen privilegios por la suerte de haber nacido donde han nacido.
Seré el instrumento de la Luna a la hora de arreglarlo todo, aunque no sobreviva.
Mantente a salvo, hija. Si pudiera cumplir un único deseo, sería que crecieras feliz, amada, segura. Tengo que creer que así será, que mis actos me aseguren que vivirás en un mundo donde es posible.
Te quiero más de lo que puede expresarse con palabras.
Tu madre
Leí y releí sus palabras una docena de veces en busca de pistas entre líneas. Mientras que su insistencia en lo mucho que me quería ha curado una herida tan antigua que la había olvidado, el resto del contenido de la carta supone otro misterio del que no quiero ser parte.
Si los dioses no se han ido a ninguna parte, ¿por qué no están presentes, a pesar de lo mucho que les reza la gente?
¿Cómo iba a mantenerme a salvo que mi madre intentase derribar la mur alla?
Por no mencionar que no tengo la menor idea de cómo pretendía conseguir tal cosa .
Sí, hay asentamientos por el río, pero no son lugares protegidos.
Las cicatrices de Nero y su resolución por luchar por la seguridad de la gente que vive fuera de las murallas de Caelria son la prueba viviente de ello.
Nero.
Enrollo con cuidado el pergamino de nuevo y lo devuelvo a la caja.
En parte, no creía que fuera a sobrevivir a las Pruebas y, ahora que ha sucedido, el precio que tengo que pagar es demasiado alto, joder.
Es demasiado alto para mí y para los demás campeones.
Para la gente que me importa. Pero al menos hemos honrado a los putos dioses.
Los hemos alimentado , porque no sé cómo denominar de otro modo este espectáculo que hemos llevado a cabo. Me estremezco.
Pensaba que descubrir la verdad sobre mi madre cambiaría… algo. No obstante, hasta las respuestas más francas de la Muerte —y de mi propia madre— solo han servido para dar lugar a más preguntas.
Van sonando campanadas hasta que siento que el sol se pone, dando paso en el cielo a la luna. Entonces me pongo en pie y subo las estrechas escaleras, cruzo la estancia principal y salgo por la puerta.
No tengo un destino concreto en mente, pero de pronto vuelvo a encontrarme en el jardín por el que pasé la primera noche.
Hay varios bancos de piedra colocados estratégicamente bajo los árboles, sin duda para proporcionar un poco de alivio al calor del sol en los días de verano.
La piedra sigue caliente. Me acomodo en uno de ellos y apoyo las manos a ambos lados .
Inhalar. Exhalar. Una y otra y otra vez. Aunque me siento fatal, mis pulmones siguen funcionando y mi corazón sigue latiendo.
—Lo he conseguido —susurro, con la Luna como único testigo en las alturas—. Soy miembro de la Cinque.
Ahora he de sobrevivir a este privilegio.