56. El símbolo
EL SÍMBOLO
Hoy hace siete días que todo cambió.
Siete días desde que abrimos las comunicaciones.
Desde que Babel cayó.
Desde que Sitara murió a manos de Malacai.
No estoy bien. Lo sé porque el párpado me tiembla y noto un latido en el oído derecho, latente, continuo y molesto al que no me acostumbro. Me miro en el espejo del baño de la suite Borgoña y parpadeo. ¿Por qué sigo sin reconocerme? ¿Por qué no se va esta sensación de ser otra ?
Apoyo las manos en el mármol frío y trato de respirar de manera profunda y controlada, pero el aire se queda atascado a mitad del pecho, como si llenar los pulmones fuera algo imposible.
—¿Nova? —Adrien se asoma por la puerta y me mira con el ceño fruncido—. ¿Estás bien?
No respondo. Se acerca y me abraza por la espalda. El contacto con su cuerpo me hace relajar los músculos y me doy cuenta de que llevo media hora con los hombros tensionados.
—Sé que no quieres hablar de lo que pasa por esa cabecita tuya. Solo quiero que sepas que te apoyo, decidas lo que decidas. —Aprieta los brazos contra mi cuerpo—. Vamos. Nos esperan.
Miro mi reflejo unos segundos más y siento un punto de nostalgia al vernos así.
Vamos vestidos con la misma ropa con la que salimos de Unter antes de pasar por Inferno.
Hemos impreso dos conjuntos iguales de tejido negro, sencillo y transpirable.
No quiero volver a ver un corsé en mi vida.
Y mucho menos un uniforme del Círculo Plateado.
Si centro la mirada en nosotros, dejando de lado los tapices del fondo y los frescos del techo, parece que seamos los mismos de antes.
El Adrien benefactor que me reclamó. La Nova candidata que puso su mundo patas arriba.
La pareja que logró derrocar a El Rey de El Foso. Los héroes que liberaron Unter.
Pero no.
Ahora sé que lo que viví en Inferno me transformó para siempre. Enfrentarme a mis mayores miedos. Perder a Drusi y a Levi. Ser torturada física y psicológicamente por Dorian.
Sentir la muerte tan cerca como para desearla.
He caminado por la oscuridad y ahora trato de entender si esta luz que me rodea es mía.
Adrien me besa en la cabeza y hace un gesto para que salgamos del dormitorio en dirección al Gran Salón.
Esta primera semana después de la caída de Babel ha sido una completa locura, pero puedo decir que, tras los primeros días de resistencia por parte de algunos miembros del Círculo Dorado, sobre todo de las grandes familias, todo el mundo está poniendo de su parte para que Aletheia Phōs sea una realidad.
Para mi sorpresa, la mayoría de la élite ha aceptado el nuevo orden.
Y a los que han intentado sublevarse, como el imbécil de Atticus Sterling, medio ciego pero con el ego intacto, les espera una vida entre barrotes en la cárcel del Círculo Plateado.
La realidad es que la caída de Babel lo ha cambiado todo. No podía ser de otro modo.
No solo porque haya dejado de existir la división entre humanos y modificados, sino porque eso ha hecho que las normas, las jerarquías y los miedos hayan saltado por los aires al mismo tiempo.
Además, ahora tenemos contacto con el resto de las unidades.
Son muchas voces que sumar a las que ya tenemos desde la U.N.T.E.R.
central. Voces pidiendo ayuda, ofreciendo recursos, preguntando qué hacer.
Hemos empezado a enviar lanzaderas para establecer comunicación, evaluar la situación de cada unidad y compartir todo lo que sabemos.
Es lo que me hace más feliz. No estamos viviendo esto como una expansión, sino como una red que empieza a tejerse para reconstruir la Humanidad oculta tras un siglo bajo tierra.
Y sé que no va a ser fácil, porque en este camino habrá muchos altibajos, pero me llena de orgullo pensar que por fin vamos a recorrerlo todos juntos.
A través de las puertas abiertas del Gran Salón veo a Eli y a Malacai inclinados sobre la mesa discutiendo algo. Hay un dron de seguridad flotando cerca de ellos.
Ambos trabajan codo con codo para coordinar los mandos y desmantelar lo que queda del antiguo sistema, sobre todo en la ciudad subterránea. Se entienden mejor de lo que esperaba y no hay día que no me pidan opinión por algo, como si esperaran que cada decisión importante pasara también por mí.
El impacto de descubrir que Malacai era el líder de Aletheia nos afectó a todos.
Debería haberlo sabido. Fue él quien me salvó de que me colgaran los Sterling.
Quien me acogió en el Círculo Plateado. Quien permitió que Sira me entregara la nota en su despacho.
Quien me dio carta blanca para moverme por el Círculo de Bronce.
Lo más fuerte de todo no es que la mano derecha de Sitara fuera el líder de la resistencia.
Es que, aunque ya no usemos esa palabra, fuera un mod encubierto.
Adrien soltó un bufido cuando se enteró de que Malacai llevaba implantes musculares internos.
«¡Lo sabía! Por eso no pude derribarlo en El Anillo».
A mí lo que me parece increíble es que aguantara los latigazos de Sitara durante años para demostrar su lealtad mientras trabajaba en un plan maestro para derrocarla.
Oigo un grito a mi derecha y alguien se lanza a abrazarme.
—¡Aquí estás, mi querida revolucionaria!
Loretta me aprieta con fuerza, se separa y me agarra por los brazos para recorrer mi cuerpo con la mirada. Sam me saluda a su lado. Va vestido con un traje colorido del Círculo Dorado y su sonrisa forzada me parece más auténtica que nunca.
—¿Estás segura de que no quieres que te traiga un vestidito? —Chasquea la lengua—. Con lo bien que te quedaban los corsés.
Niego con la cabeza y sonrío.
—He tenido suficientes corsés para el resto de mi vida, Loretta. Prefiero ir cómoda.
—Como quieras, querida. Estás preciosa igual. Además… —Mira a Adrien y me da un codazo—. Qué calladito te lo tenías, pillina. Llevas el mejor complemento de todos.
Sam se inclina hacia nosotras.
—Eso mismo he pensado yo cuando los he visto entrar.
¿No crees, mi querida Loretta, que a Nova le brillan los ojos cuando tiene a Solterra al lado?
Oh, el amor. Cómo me enternece el corazón sintético.
Ya sabéis que no puedo sentirlo, claro, pero sería tan hermoso saber que alguien me quiere. Aunque sea un poquito.
Me acerco hasta él y lo beso en la mejilla.
—Nosotros te queremos, Sam.
Se lleva la mano al lugar donde ha recibido el beso y abre muchos los ojos.
—Creo que mis circuitos acaban de explotar y me he quedado sin palabras por primera vez.
Suelto una carcajada y le aprieto el hombro antes de avanzar con Adrien hasta la mesa.
Está repleta de papeles y pantallas flotantes. Aletheia Phōs ya no es una idea.
Eli me sonríe desde la silla de ruedas.
—Buenos días, Nova. —Hace un gesto con la cabeza para saludarnos a ambos—. Adrien.
—Buenos días, Eli. ¿De qué queríais hablar?
Elias mira a Malacai.
—El comandante quiere proponerte algo. Los dos queremos. Pero debes ser tú la que tome la decisión.
Malacai se aclara la voz y tarda unos segundos en hablar.
—He pasado media vida dirigiendo el Círculo Plateado, Nova.
Hay mucha gente que aún me ve como el comandante de Sitara.
Y Rissman lleva el peso de ser el creador de ERIS.
Todos los ciudadanos de la antigua Babel han crecido viéndolo como el villano.
Sé que no has querido tomar el mando hasta ahora, pero ambos creemos que al ser ajena a la U.N.T.E.R.
central y haberte convertido en el símbolo de la revolución, deberías proclamarte como nueva Gobernadora.
Me quedo en silencio. Ambos se miran y Eli toma la palabra.
—¿Qué te parece? «Nova Black, Gobernadora de Aletheia Phōs». Podemos cambiar el título si lo prefieres, por supuesto. Es para mantener un elemento de familiaridad que ayude al resto a verte como la autoridad que eres.
Malacai vuelve a hablar.
—Podríamos anunciarlo a nivel mundial y conectar con el resto de las unidades. Aletheia Phōs será la capital de la red de unidades y tú, la cara visible de todas ellas. Tras el anuncio, hemos pensado en que las visites todas.
Eli asiente.
—Serían visitas diplomáticas, como las de antes del cataclismo. Para conocer a sus gentes, sus costumbres, ver qué podemos aportarles. Dinos, ¿estás de acuerdo? Podemos hacerlo oficial hoy mismo.
Los oigo, pero a mi cerebro le cuesta procesar lo que acaban de decir.
Repito sus palabras mentalmente. Flotan en mi cabeza como si no me pertenecieran.
Gobernadora. Capital. Cara visible. Visitas diplomáticas. Yo .
Me miran esperando una reacción, algo que confirme que han tomado la decisión correcta. Sé que no quieren una líder, quieren un símbolo.
Siento ese latido molesto en el oído, más fuerte.
La presión en el pecho aumenta. De pronto, soy consciente de que he sentido lo mismo muchas veces.
Demasiadas. Y mi mente vuela a la primera vez que esa sensación me sacudió por completo el día de La Selección.
No tengo dudas. Aparece siempre que el mundo decide por mí.
Pienso en Drusi. En Levi. En los muertos que llevo a las espaldas.
Pienso en el miedo. En Sira temblando entre mis brazos.
En todo lo que he hecho sin preguntarme nunca si era lo que realmente quería.
Salvar. Luchar. Resistir. Aguantar.
Siempre adelante. Siempre por los demás.
Intento visualizarme recorriendo unidades subterráneas entre aplausos. Sonriendo con la mano levantada. Pronunciando discursos aprendidos. Cargando con decisiones que no me pertenecen.
Convertirme en Gobernadora implica llevar un corsé durante el resto de mi vida.
Uno invisible que me apretaría hasta ahogarme.
Busco a Adrien con la mirada. No dice nada. Solo está ahí, como siempre. Como nunca nadie ha estado para mí.
—Dadnos un momento.
Malacai y Eli asienten.
Adrien toma mi mano y nos aleja de ellos para hablar a solas. Coloca un mechón de pelo detrás de mi oreja y me mira los labios.
—Sé cuánto te importa tu propósito, Nova. Elijas lo que elijas, estaré a tu lado. Si tu objetivo es salvar el mundo, el mío será verte feliz.
Sus palabras me sacuden. Lo miro en silencio y levanto una mano para ponerla sobre su mejilla. Cierra los ojos cuando siente mi contacto.
En ese instante, con una claridad que me asusta, comprendo algo que debería haber sabido desde el principio: quizá yo también merezca el derecho de elegir.
Adrien no lo sabe, pero acaba de darme el permiso que me he negado desde que supe que había nacido para morir en aquella sala de servidores.
Miro a Eli y a Malacai y les sonrío entre lágrimas. Luego vuelvo a centrar la mirada en él mientras noto cómo el peso sobre mi pecho empieza a desaparecer.
—Te elijo a ti, Adrien. —Abre los ojos sorprendido—. Por una vez en mi vida, no voy a hacer lo que se espera de mí.
Sonríe y levanta una ceja, como si no creyera mis palabras.
—¿Nova Black siendo egoísta?
Me encojo de hombros y apoyo la cabeza sobre su pecho. Me rodea para abrazarme con fuerza, como si quisiera sostenerme y fundirse conmigo al mismo tiempo.
Relajo todos los músculos y exhalo lentamente sintiéndome a salvo. En paz.
—Más bien, Nova Black siendo feliz .