26. Confirmación de invitados
Confirmación de invitados
Hoy hace ocho años que mi prima vio el saldo de su cuenta y cogió el coche. Eso lo sé desde el martes por la madrugada y llevo todo el día sabiéndolo mientras hago otras cosas.
Lo que hago hoy es cerrar la lista.
El catering la quiere el veinte con nombres y apellidos, mesa asignada y las alergias marcadas, y yo la tengo en un Excel que he ido montando desde febrero y que es un desastre, con las confirmaciones en verde, las dudosas en amarillo y tres columnas que no sirven para nada.
A la una le escribo a Mireia.
Una pregunta tonta. ¿La lista del catering cómo la quieren? ¿Hay algún formato?
Contesta a los cuatro minutos.
Como tú quieras, mientras vaya la mesa al lado del nombre. Pero te mando un modelo que me pasó una novia y que a mí me vino perfecto, con las alergias en la última columna. Te lo miras y lo copias tal cual.
Y luego:
llista_MODEL.pdf
Y luego:
Esa pobre lo pasó fatal, ¿eh. Se le echó atrás media familia a un mes. Pero la lista era una maravilla.
Abro el PDF en el móvil, de pie en la cocina, con el táper del arroz de Rosa en la mano.
Es una tabla de cuatro columnas. Arriba, en negrita:
COTS – RIBES · 31/07/2021 · Mas Ventalló
Dejo el táper en la encimera.
Bajo hasta el final. Noventa y seis nombres, numerados. Mesa asignada en cada uno. Alergias en la última columna: dos sin gluten, un vegetariano, una alergia al marisco, un celíaco.
Está bien hecha. Está muy bien hecha. Es de esas listas que hace una persona ordenada un domingo por la mañana.
Vuelvo arriba y voy leyendo apellidos.
Ribes hay ocho. Ribes Solé, Ribes Guasch, Ribes Vall. La familia del novio ocupa las mesas 1, 2 y 3 enteras y parte de la 4.
Cots no hay ninguno.
Lo compruebo dos veces, con el dedo, línea a línea, los noventa y seis. No hay un solo Cots en esa lista aparte de la propia Nàdia, que aparece en la mesa 1, la primera, en la casilla que en mi Excel dice novia .
Ni sus padres. Ni su hermana. Ni un tío, ni una prima, ni un apellido que se le parezca.
Me siento en el taburete de la cocina.
La versión que me acaba de mandar Mireia en el mismo mensaje que el archivo cabe en once palabras: se le echó atrás media familia a un mes .
Y encaja. Encaja perfectamente. Yo he oído esa historia diez veces en bodas ajenas: la familia que no traga al novio, la madre que dice que si te casas con ese no cuentes conmigo, el drama que dura dos años y luego se arregla en un bautizo.
Pero el archivo está fechado el 14 de junio de 2021.
Nàdia murió el 12 de julio.
Esa lista se hizo un mes antes de morir, para una boda que era el 31 de julio, y en ese momento su familia ya no estaba dentro. Eso es lo que dice el documento y hasta ahí llega el documento.
Lo que no dice el documento es cuándo se fueron, ni si se fueron, ni si estuvieron alguna vez.
Un mes es el plazo que dio Mireia. Media familia es la cantidad que dio Mireia. Ninguna de las dos cosas está en el PDF.
Y hay una cosa que sí está en un papel y que cualquiera puede mirar, porque la miré yo hace nueve días y la tengo guardada en el móvil.
La esquela.
Els seus pares, la seva germana i el seu promès.
Fechada el 13 de julio de 2021. Un mes justo después de esa lista.
O sea que la familia que a un mes de la boda se le había echado atrás, a un mes de la boda le firmó la esquela entera, padres incluidos, y puso su nombre debajo del de ella en el portal de una funeraria de Reus donde sigue colgada hoy.
Las dos cosas pueden ser verdad. La gente se pelea y se perdona en un funeral, y eso pasa todos los días.
Pero eso no lo dice el PDF y no lo dice la esquela. Eso lo ha dicho Mireia en un WhatsApp, a la una y veinte de la tarde, en la misma pantalla donde me mandaba el archivo.
Cierro el PDF.
Y ahora la otra pregunta, la que me tiene sentada en este taburete con el arroz enfriándose: si a Mireia le pido un modelo de lista y ella tiene ocho años de bodas en un ordenador, ¿por qué me manda esa?
Puede ser lo que parece. Puede ser que abriera la carpeta, cogiera la primera lista bien hecha que le salió y me la mandara sin mirar el nombre, porque cuando llevas ochenta bodas los apellidos dejan de ser gente.
Puede ser eso. Es lo más probable. Es lo que yo escribiría en un informe.
A las nueve llamo a Roser.
Hablamos de la mancha, del calor, de que la vecina del segundo ha subido a las tres de la mañana con un carro de la compra. Al final se lo pregunto.
—Tía, ¿tú vienes el doce?
Un silencio de esos que ella hace y en los que se oye la tele.
—Pues claro que voy.
—Es que necesito marcarlo. Para el catering.
—Márcalo.
—¿Te lo marco?
—Que lo marques, Irene, que ya te lo he dicho.
Cuelgo y abro el Excel y pongo la línea de mi tía en verde, y me quedo mirando la pantalla.
En la lista de Nàdia Cots no había nadie de su familia.
En la mía, la única casilla que ha estado once días sin cerrar era la de la única persona de la mía que me queda.