25. La carpeta
La carpeta
Òscar me ha pedido por WhatsApp la hora exacta del final del banquete, que él la necesita para cuadrar el pase y que dice que la debe de poner el contrato del catering.
Así que a las nueve de la noche, después de cenar, saco la carpeta.
Voy pasando.
Contrato de arrendamiento del espacio, cuatro páginas, firmado.
Condiciones de cancelación. Anexo I, menús, con las tres opciones y los precios por comensal.
Anexo II, bebidas. Hoja de alergias e intolerancias, que la tengo a medias.
Plano de la sala con las mesas numeradas.
Una hoja de horarios, que es lo que busco, con las horas de cóctel, entrada, banquete y barra.
Apunto lo que necesita Òscar.
Y detrás de la hoja de horarios, grapado, hay un documento de dos páginas que no es del contrato.
PLA NÚVIA
Protección del patrimonio prematrimonial
Lo saco. Lo pongo encima de la mesa.
Y me acuerdo perfectamente.
Fue esa misma mañana, la del 14 de octubre.
Llevábamos allí desde las diez. Habíamos visto la sala, el olivar, los baños, el sitio de la ceremonia civil.
Habíamos hablado de cifras durante hora y media.
Mireia había sacado café y, a las doce, dos vermuts, porque dijo que estas cosas se hablan mejor con un vermut.
Y en algún momento, mientras Álvaro estaba fuera mirando la piedra, ella puso encima de la mesa dos folios grapados y dijo algo así:
—Esto no os lo pide nadie, ¿eh. Ni el ayuntamiento, ni el notario, ni nada. Lo hacemos nosotros.
Y luego dijo lo otro, que es lo que hizo que yo cogiera el bolígrafo.
—Es que aquí llega mucha gente que se casa sin haber hablado nunca de dinero.
Nunca. Y luego pasa lo que pasa. Nosotros lo que hacemos es sentarnos, ver qué trae cada uno, y si hay algo que quieras dejar aparte, te decimos con quién hablarlo.
Gratis y sin compromiso. Si no os interesa, lo tiráis a la papelera.
Lo rellené allí mismo. Con su bolígrafo, apoyada en la mesa de fuera, mientras ella iba a por el catálogo de menús.
Estoy mirando mi propia letra.
Está mi nombre completo y mi DNI. Está mi fecha de nacimiento. Está mi profesión, escrita por mí: investigadora de siniestros .
Está mi entidad bancaria principal. Está el depósito a plazo con su importe y su fecha de vencimiento, junio de 2026, escrito de mi puño y letra en una línea de puntos.
Está mi nómina neta anual, con la cifra redondeada a la baja porque me dio apuro poner la de verdad.
Está el piso de Reus, con el año de compra y una equis en la casilla de sin cargas .
Está la pregunta de si el otro contrayente aporta bienes al matrimonio, y mi respuesta a mano: taller y vivienda familiar, de su madre .
Y está la casilla de arriba del todo, la de la letra pequeña, con una equis mía: He sido informada de que este servicio es voluntario y gratuito y no genera obligación alguna.
Y mi firma abajo. Mi firma de verdad, la del banco, no el garabato de las mensajerías.
Once meses. Once meses ha estado eso en una estantería de mi comedor, entre el plano de las mesas y el anexo de bebidas, y he pasado por encima veinte veces buscando la hoja de horarios.
Yo. Que en diciembre di una charla de dos horas a doce comerciales sobre por qué nunca hay que aceptar información patrimonial de un cliente fuera de un canal formal. Que tengo un cartel en la oficina que dice que la ingeniería social no entra por el ordenador, entra por la puerta y sonríe.
Nadie me obligó. Nadie me engañó. Nadie me dijo que hiciera falta.
Me lo pidió una mujer amable con una carpeta bonita a las doce del mediodía, con un vermut, en una mañana en la que yo estaba contenta, y yo cogí su bolígrafo y se lo di todo.
Paso a la segunda página.
Hay un bloque con tres líneas.
Herencias recibidas. Vacío.
Herencias o donaciones previstas. Vacío.
Observaciones. Vacío.
Ese bloque me acuerdo de haberlo mirado. Me acuerdo de tener el bolígrafo encima del papel.
Mi tía Roser tiene un tercero sin ascensor en la calle Sant Joan de Reus con una mancha de humedad en la galería y setenta y un años, y no tiene hijos vivos, y yo soy lo único que le queda.
Dejé esas dos líneas en blanco porque me pareció feo escribirlo.
Es lo único de estas dos páginas que no les di.